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Fitness en la Nube

Luis Carballo
Fitness en la Nube
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  • Fitness en la Nube

    ¿Las bandas elásticas funcionan para ganar músculo?

    12/10/2026 | 21 min
    ¿Se puede ganar músculo utilizando bandas elásticas? ¿Son realmente eficaces para entrenar la fuerza o son simplemente una herramienta de rehabilitación?

    La respuesta corta es sí, las bandas elásticas funcionan para ganar fuerza y masa muscular.

    Y antes de que los fanáticos de los pesos libres y los pelobrócolis varios se me echen encima, vamos a intentar responder a esta pregunta de una manera racional y no emocional.

    Porque, si sabemos que lo que permite mejorar la fuerza y desarrollar la musculatura es someter a nuestros músculos a una resistencia suficientemente exigente, la pregunta no debería ser si las bandas elásticas funcionan.

    La verdadera pregunta es: ¿por qué no iban a funcionar?

    Eso sí, que funcionen no significa que sean perfectas. Las bandas elásticas tienen algunas ventajas extraordinarias, pero también presentan inconvenientes importantes que conviene conocer antes de utilizarlas.

    Y precisamente de eso vamos a hablar.

    ¿Por qué funcionan las bandas elásticas para ganar músculo?

    Cuando revisamos los estudios científicos sobre el entrenamiento de fuerza, encontramos que una de las actividades más beneficiosas para nuestra salud consiste en trabajar los músculos contra una resistencia.

    Este tipo de entrenamiento puede ayudarnos a aumentar nuestra fuerza, desarrollar masa muscular, mejorar nuestra capacidad funcional e incluso reducir el dolor y mejorar la función física en determinadas personas con artritis.

    Habitualmente lo llamamos entrenamiento de fuerza, aunque a mí personalmente me gusta más llamarlo entrenamiento de musculación.

    Sin embargo, en la literatura científica es muy habitual encontrar el término entrenamiento con resistencias.

    Y esta denominación es especialmente interesante porque describe exactamente lo que estamos haciendo: aplicar una resistencia contra la que nuestros músculos tienen que trabajar.

    Esa resistencia puede proceder de unas mancuernas, una barra, una máquina, una polea, nuestro propio peso corporal o, por supuesto, unas bandas elásticas.

    Por tanto, lo importante no es tanto de dónde procede la resistencia, sino cómo la utilizamos.

    Si conseguimos proporcionar a nuestros músculos un estímulo suficientemente exigente y progresivo, podemos desarrollar fuerza y masa muscular utilizando bandas elásticas.

    Ahora bien, eso no significa que todas las herramientas sean igual de convenientes.

    Las bandas elásticas son una herramienta, nada más

    Hay una idea que me gusta especialmente cuando hablamos de equipamiento para entrenar: un gimnasio no deja de ser una caja de herramientas.

    Cuando abres una caja de herramientas, no te preguntas si un martillo es mejor que un destornillador.

    Te preguntas qué necesitas hacer.

    Y dependiendo del trabajo que tengas delante, escogerás una herramienta u otra.

    Con el equipamiento de entrenamiento sucede exactamente lo mismo.

    Las mancuernas tienen ventajas e inconvenientes. Las máquinas tienen ventajas e inconvenientes. Las poleas tienen ventajas e inconvenientes.

    Y las bandas elásticas también.

    Por eso, en lugar de discutir sobre si las bandas elásticas son buenas o malas, lo interesante es analizar qué pueden ofrecernos y en qué circunstancias merece la pena utilizarlas.

    Ventajas de entrenar con bandas elásticas

    1. Son extremadamente portátiles

    Probablemente, la mayor ventaja de las bandas elásticas sea su portabilidad.

    Puedes guardar varias bandas dentro de una mochila y llevártelas prácticamente a cualquier parte sin que apenas ocupen espacio ni añadan peso.

    Intenta hacer lo mismo con un juego de mancuernas.

    Esto puede parecer una tontería si entrenas habitualmente en un gimnasio completamente equipado, pero supone una ventaja enorme para determinadas personas.

    Por ejemplo, alguien que viaja frecuentemente por trabajo y no siempre tiene acceso a un gimnasio.

    Con unas bandas elásticas puede realizar un entrenamiento bastante completo en una habitación de hotel sin necesidad de transportar equipamiento pesado.

    Lo que para una persona puede ser una característica irrelevante, para otra puede convertirse en la principal razón para escoger esta herramienta.

    2. Son muy económicas para entrenar en casa

    Otra de las grandes ventajas de las bandas elásticas es su precio.

    Si quieres montar un gimnasio en casa, probablemente sean una de las formas más económicas de disponer de resistencia externa para entrenar.

    Con varios modelos de diferentes resistencias puedes trabajar buena parte de tu musculatura sin necesidad de invertir cientos de euros en equipamiento.

    Además, apenas ocupan espacio.

    No necesitas una habitación dedicada al entrenamiento, ni grandes máquinas, ni soportes para guardar discos y mancuernas.

    Puedes tener prácticamente todo el equipamiento guardado en un cajón.

    Por eso considero que las bandas elásticas son una de las herramientas más interesantes para cualquier persona que entrene en casa, especialmente cuando dispone de poco espacio o presupuesto.

    3. Permiten modificar fácilmente la dirección de la resistencia

    Esta es una ventaja que mucha gente pasa por alto y que, desde mi punto de vista, resulta especialmente interesante.

    Cuando entrenas con pesos libres, como unas mancuernas, la resistencia siempre actúa siguiendo la dirección de la gravedad.

    Es decir, hacia abajo.

    Puedes cambiar la posición de tu cuerpo para modificar cómo actúa esa resistencia sobre tus articulaciones, pero no puedes cambiar la dirección de la gravedad.

    Con las bandas elásticas sucede algo diferente.

    La dirección de la resistencia depende de dónde coloques el punto de anclaje.

    Por ejemplo, imagina que quieres realizar un ejercicio para el pectoral.

    Si utilizas mancuernas, puedes tumbarte sobre un banco y realizar un press de pecho.

    Pero si quieres realizar un movimiento similar estando de pie, las mancuernas no son una herramienta especialmente adecuada.

    Con unas bandas elásticas, en cambio, puedes colocar el anclaje detrás de tu cuerpo y realizar un press de pecho de pie.

    Y esto mismo sucede con multitud de ejercicios.

    Puedes colocar los anclajes arriba, abajo o a diferentes alturas para modificar la dirección desde la que actúa la resistencia.

    Esta versatilidad resulta especialmente útil cuando entrenas en casa y no dispones de una máquina de poleas.

    4. Pueden complementar los pesos libres

    Otra aplicación interesante de las bandas elásticas consiste en combinarlas con barras o mancuernas.

    Por ejemplo, puedes añadir bandas elásticas a determinados ejercicios de empuje, como sentadillas o presses, para modificar la resistencia a lo largo del movimiento.

    En algunos ejercicios, la resistencia adicional de las bandas puede encajar con zonas del recorrido en las que tenemos una mayor capacidad para producir fuerza.

    Sin embargo, esto depende de la mecánica de cada ejercicio y de cómo coloquemos las bandas.

    No significa que añadir bandas elásticas a cualquier ejercicio vaya a mejorarlo automáticamente.

    Y precisamente aquí llegamos a uno de los aspectos más importantes que debes comprender sobre esta herramienta.

    Desventajas de las bandas elásticas: no todo son ventajas

    Hasta ahora hemos visto que las bandas elásticas son económicas, portátiles y muy versátiles.

    Pero tienen un problema importante.

    Y es un problema relacionado con la forma en la que proporcionan resistencia a nuestros músculos.

    1. Su curva de resistencia no se adapta a nuestra capacidad de producir fuerza

    Para entender este inconveniente, primero tenemos que comprender qué es una curva de resistencia.

    De manera sencilla, la curva de resistencia describe cómo cambia la dificultad mecánica de un ejercicio a lo largo de su recorrido.

    En el caso de las bandas elásticas, su comportamiento es bastante sencillo:

    Cuanto más estiras una banda elástica, mayor resistencia ofrece.

    Esto significa que, generalmente, la resistencia aumenta conforme vamos estirando la banda.

    El problema es que nuestra capacidad para producir fuerza no aumenta necesariamente de la misma manera.

    La fuerza que podemos ejercer depende de factores como la longitud muscular, los ángulos articulares y los brazos de momento.

    En muchos movimientos, nuestra capacidad de producir fuerza es mayor en determinadas zonas intermedias del recorrido y menor en otras.

    Por tanto, si utilizamos una banda elástica cuya resistencia aumenta continuamente, puede suceder que la parte final del ejercicio resulte excesivamente difícil mientras que otras partes del movimiento reciben una resistencia relativamente pequeña.

    Y eso no siempre es lo que nos interesa.

    Lo ideal sería que la resistencia externa se adaptase lo mejor posible a nuestra capacidad de producir fuerza durante el ejercicio.

    Las bandas elásticas, utilizadas por sí solas, no siempre permiten conseguirlo.

    De hecho, este es uno de los principales motivos por los que, cuando disponemos de máquinas o poleas adecuadas, estas pueden resultar más convenientes para determinados ejercicios.

    Eso sí, hay excepciones.

    En algunos movimientos, especialmente ciertos ejercicios de empuje, el aumento progresivo de resistencia puede resultar útil.

    Pero hay que analizar cada ejercicio individualmente.

    2. Es más difícil cuantificar la resistencia

    Otro inconveniente de las bandas elásticas es que resulta más complicado medir exactamente cuánta resistencia estamos utilizando.

    Si entrenas con una mancuerna de 10 kilos, sabes que estás utilizando una mancuerna de 10 kilos.

    Con una banda elástica, en cambio, la fuerza que ejerce depende de cuánto la estires.

    Y eso introduce varias dificultades.

    Por ejemplo, si cambias la distancia respecto al punto de anclaje, estarás modificando la tensión de la banda.

    Lo mismo sucede si utilizas una banda de diferente longitud o modificas su estiramiento inicial.

    Esto no significa que sea imposible progresar utilizando bandas elásticas.

    Significa que necesitas prestar especial atención a mantener unas condiciones de entrenamiento relativamente constantes.

    Utilizar siempre el mismo anclaje, la misma distancia, la misma banda y un recorrido similar te ayudará a comparar tus entrenamientos.

    Porque, independientemente del equipamiento que utilices, si quieres seguir mejorando necesitas alguna manera de comprobar que estás progresando.

    3. Pueden romperse y provocar lesiones

    Las bandas elásticas también presentan algunos inconvenientes relacionados con la seguridad.

    Al estar fabricadas con materiales elásticos, pueden deteriorarse con el uso, el paso del tiempo o una conservación inadecuada.

    La exposición al sol, las temperaturas extremas, los rozamientos y los estiramientos excesivos pueden acelerar ese deterioro.

    Y una banda que se rompe mientras estás entrenando puede producir un latigazo bastante desagradable.

    Esto es especialmente preocupante cuando realizas ejercicios en los que la banda está orientada hacia tu cara.

    Por eso conviene revisar periódicamente su estado y sustituir cualquier banda que presente grietas, cortes, deformaciones o signos evidentes de deterioro.

    Yo mismo he tenido que tirar algunas bandas que ya estaban empezando a mostrar señales de desgaste.

    Y prefiero gastar unos pocos euros en sustituirlas antes que arriesgarme a que se rompan durante un ejercicio.

    También es importante utilizar anclajes adecuados, evitar superficies cortantes y no estirar las bandas más allá de las recomendaciones del fabricante.

    ¿Qué es mejor para ganar músculo: bandas elásticas, mancuernas o poleas?

    Esta es una de las comparaciones más interesantes, aunque también una de las más equivocadas cuando se plantea de manera absoluta.

    Porque la respuesta depende de las circunstancias.

    Por ejemplo, imagina que eres un entrenador personal que tiene que desplazarse al domicilio de sus clientes.

    ¿Preferirías transportar una mochila llena de bandas elásticas o varias decenas de kilos en mancuernas?

    Probablemente escogerías las bandas.

    Y eso no significa que las bandas elásticas sean mejores que las mancuernas para desarrollar masa muscular.

    Significa que son una herramienta más conveniente para ese contexto.

    Ahora imagina que estás entrenando en un gimnasio completamente equipado.

    Tienes a tu disposición mancuernas, barras, poleas y máquinas específicas para trabajar prácticamente cualquier grupo muscular.

    En ese contexto, muchas de las ventajas de las bandas elásticas dejan de ser relevantes.

    No necesitas transportar el equipamiento, el precio ya no supone una limitación directa y puedes escoger herramientas que se adapten mejor a cada ejercicio.

    Por eso es bastante habitual que las bandas elásticas tengan menos protagonismo en los gimnasios convencionales.

    No porque no funcionen.

    Sino porque existen otras herramientas que pueden ofrecer determinadas ventajas.

    Mi experiencia: de las bandas elásticas a las poleas

    Cuando empecé a montar mi gimnasio en casa, disponía de un banco inclinable, unas mancuernas ajustables de hasta 40 kilos y varios juegos de bandas elásticas.

    Y utilizaba las bandas prácticamente en todos mis entrenamientos.

    Me permitían realizar ejercicios que resultaban mucho más complicados con las mancuernas, especialmente aquellos en los que necesitaba modificar la dirección de la resistencia.

    Sin embargo, unos meses después compré una máquina de poleas ajustables.

    Y prácticamente dejé de utilizar las bandas elásticas.

    ¿Por qué?

    Porque las poleas me permitían conservar una de las principales ventajas de las bandas: modificar la dirección de la resistencia.

    Pero sin depender de una resistencia que aumentaba continuamente conforme estiraba una goma.

    Eso sí, las poleas tampoco son perfectas.

    Por ejemplo, la fricción del sistema puede provocar diferencias entre la resistencia que experimentamos durante la fase concéntrica y la fase excéntrica del movimiento.

    Además, una máquina de poleas cuesta muchísimo más dinero que unas bandas elásticas.

    De nuevo, estamos ante una cuestión de ventajas e inconvenientes.

    Escoger una herramienta consiste, en buena medida, en decidir qué inconvenientes estamos dispuestos a aceptar.

    Y cuando tienes varias alternativas disponibles, puedes escoger la que mejor se adapte al ejercicio que quieres realizar.

    ¿Se puede entrenar todo el cuerpo con bandas elásticas?

    Sí. Con una selección adecuada de bandas y puntos de anclaje puedes realizar ejercicios para prácticamente todos los grandes grupos musculares.

    Por ejemplo, puedes entrenar el pecho mediante presses, la espalda mediante remos y jalones, los hombros mediante elevaciones laterales y los brazos mediante curls y extensiones.

    También puedes realizar ejercicios para las piernas, aunque dependiendo de tu nivel de fuerza y del movimiento elegido puede resultar más complicado proporcionar suficiente resistencia.

    Por tanto, las bandas elásticas permiten organizar un programa de entrenamiento bastante completo.

    Pero hay algo que debes tener claro.

    Que puedas realizar un ejercicio con bandas elásticas no significa necesariamente que sea la mejor herramienta para realizarlo.

    Y tampoco significa que debas utilizar exclusivamente bandas elásticas.

    De hecho, para muchas personas que entrenan en casa, combinar bandas con mancuernas ajustables puede ser una solución especialmente interesante.

    Las mancuernas permiten proporcionar una resistencia fácilmente cuantificable, mientras que las bandas ofrecen posibilidades adicionales para modificar su dirección.

    En lugar de enfrentar unas herramientas contra otras, podemos aprovechar las ventajas de ambas.

    Cómo conseguir resultados entrenando con bandas elásticas

    Si quieres desarrollar fuerza y masa muscular utilizando bandas elásticas, hay varios aspectos que deberías tener presentes.

    Primero, utiliza una resistencia suficientemente exigente. No basta con mover una banda de un lado a otro. El ejercicio debe suponer un esfuerzo real para los músculos que quieres entrenar.

    Segundo, procura mantener una técnica consistente. La posición del cuerpo, la distancia respecto al anclaje y el recorrido del movimiento pueden modificar considerablemente la resistencia.

    Tercero, aplica una progresión. Puedes aumentar la resistencia, realizar más repeticiones o mejorar tu rendimiento manteniendo unas condiciones similares.

    Cuarto, escoge ejercicios adecuados. No todos los movimientos se adaptan igual de bien a la resistencia elástica. En ocasiones será preferible utilizar otra herramienta si dispones de ella.

    Y, por último, recuerda que la constancia es mucho más importante que disponer del equipamiento perfecto.

    Puedes tener el mejor gimnasio del mundo y no conseguir resultados si no entrenas de manera adecuada.

    Y puedes disponer de un equipamiento bastante modesto y progresar durante mucho tiempo si sabes utilizarlo.

    Entonces, ¿merece la pena comprar bandas elásticas?

    Mi respuesta depende de dónde y cómo entrenes.

    Si entrenas en casa, especialmente si tienes poco espacio o presupuesto, considero que las bandas elásticas son una herramienta extraordinariamente útil.

    Si viajas frecuentemente y necesitas una forma de entrenar sin depender de un gimnasio, también pueden ser una excelente alternativa.

    Y si ya dispones de mancuernas o barras, pueden servirte como complemento para determinados ejercicios.

    Sin embargo, si entrenas en un gimnasio completamente equipado, probablemente encuentres alternativas más convenientes para buena parte de tus ejercicios.

    Y no pasa absolutamente nada.

    Porque no necesitas utilizar todas las herramientas disponibles.

    Necesitas utilizar aquellas que te permitan entrenar de manera eficiente, segura y constante.

    Conclusión: las bandas elásticas sí funcionan, pero no son perfectas

    Las bandas elásticas funcionan para ganar músculo y fuerza porque permiten aplicar resistencia a nuestros músculos.

    Así de sencillo.

    Pero eso no significa que sean la mejor opción para cualquier persona, ejercicio o circunstancia.

    Son económicas, portátiles, versátiles y especialmente interesantes para entrenar en casa.

    Sin embargo, su resistencia variable, la dificultad para cuantificarla y sus posibles problemas de seguridad hacen que otras herramientas puedan resultar más convenientes en determinadas situaciones.

    Por eso, cuando alguien afirma que las bandas elásticas no sirven para desarrollar musculatura, creo que está confundiendo dos cuestiones completamente diferentes.

    Una cosa es que una herramienta funcione.

    Y otra muy distinta es que existan herramientas mejores para un trabajo concreto.

    Lo que produce resultados no son las bandas elásticas, las mancuernas o las máquinas. Lo que produce resultados es aplicar a tus músculos un estímulo adecuado, suficientemente exigente y progresivo.

    Y eso puedes conseguirlo utilizando muchas herramientas diferentes.

    Recuerda: tu gimnasio es una caja de herramientas.

    Y cuanto mejor conozcas cada una de ellas, más fácil te resultará escoger la adecuada.

    Origen
  • Fitness en la Nube

    Por qué no puedes dormir (y qué hacer para arreglarlo)

    05/10/2026 | 13 min
    Según datos difundidos por la World Association of Sleep Medicine, los problemas de sueño afectan hasta al 45% de la población mundial. Es decir, casi una de cada dos personas puede tener dificultades para hacer algo tan aparentemente sencillo —y tan necesario— como dormir.

    Y esto es un problema.

    Dormir bien es esencial para mantener una buena salud física y mental. Sin embargo, cuando alguien empieza a tener problemas para dormir, suele buscar la solución en el lugar equivocado.

    ¿Debería tomar magnesio antes de acostarme? ¿Es mejor leer un libro? ¿Tengo que dejar el móvil una hora antes? ¿Qué suplemento puedo tomar para dormir?

    Después de dar muchas ponencias y talleres sobre sueño, me encuentro constantemente con este tipo de preguntas. Parece que buscamos ese pequeño truco que podamos aplicar cinco minutos antes de acostarnos y que, como por arte de magia, haga que durmamos ocho horas del tirón.

    Pero el sueño no funciona así.

    Una buena noche de sueño no empieza cuando te metes en la cama. Empieza cuando te levantas por la mañana.

    Prácticamente todo lo que haces durante el día puede contribuir, para bien o para mal, a cómo vas a dormir esa noche.

    Por eso, si últimamente te preguntas por qué no duermes bien o qué puedes hacer para dormir mejor, quiero enseñarte cinco cosas a las que deberías prestar atención.

    1. Aumenta tu presión de sueño

    Para entender por qué no puedes dormir, primero tienes que conocer un concepto muy sencillo: la presión de sueño.

    Podemos entenderla como la inclinación o necesidad que tiene tu organismo de dormir en un momento determinado.

    Desde que te despiertas, esa presión va aumentando progresivamente. Uno de los mecanismos implicados es la acumulación de adenosina durante el tiempo que permanecemos despiertos. Conforme pasan las horas, aumenta la presión de sueño hasta que llega un momento en el que nuestro organismo nos pide dormir.

    Seguro que alguna vez has visto a un niño pasar todo el día corriendo, jugando y saltando de un lado para otro y alguien ha dicho:

    “Hoy va a coger la cama que da gusto.”

    Con los adultos sucede algo parecido.

    El problema es que podemos llegar a la noche sin haber generado suficiente presión de sueño. Por ejemplo, pasar demasiado tiempo en la cama o dormir durante el día puede hacer que lleguemos a nuestra hora habitual de acostarnos sin suficiente sueño.

    Y entonces aparece una situación muy habitual:

    Son las 23:00. Mañana tienes que madrugar. Sabes que deberías dormir, así que te metes en la cama.

    Pero no tienes sueño.

    Y aquí empieza el problema.

    2. Pon orden en tus horarios

    Nuestro cuerpo funciona siguiendo diferentes ritmos biológicos, y uno de los más importantes para el sueño es el ritmo circadiano.

    Por eso, si un día te levantas a las 7:00, otro a las 10:00 y el fin de semana a las 12:00; comes cada día a una hora diferente y tampoco tienes ninguna regularidad a la hora de acostarte, no estás facilitándole precisamente las cosas a tu organismo.

    Siempre digo medio en broma que cuanto más aburrida sea tu vida, más le gusta a tu cuerpo.

    No significa que tengas que vivir siguiendo un horario militar, pero sí que cierta regularidad ayuda a que nuestro organismo pueda anticipar cuándo tiene que estar activo y cuándo tiene que prepararse para descansar.

    Si quieres mejorar tu sueño, intenta mantener una cierta regularidad en tus horarios y presta especial atención a la hora a la que te levantas cada mañana.

    Evidentemente, esto no siempre depende de nosotros.

    Las personas que trabajan a turnos —y especialmente aquellas que tienen que trabajar durante la noche— lo tienen mucho más complicado. Pero precisamente por eso, cuando las circunstancias lo permitan, interesa mantener tanta regularidad como sea razonablemente posible.

    Ahora bien, tener horarios regulares no significa que tengas que meterte en la cama y obligarte a dormir.

    Porque ese es precisamente el siguiente problema.

    3. Deja de intentar dormir

    Puede parecer contradictorio, pero una de las cosas que más puede dificultarte dormir es precisamente intentar desesperadamente quedarte dormido.

    Te metes en la cama.

    Cierras los ojos.

    No te duermes.

    Miras el reloj.

    Han pasado 20 minutos.

    “Como no me duerma ya, mañana voy a estar hecho polvo.”

    Vuelves a cerrar los ojos.

    Miras otra vez el reloj.

    Y ahora estás todavía más nervioso.

    No puedes esforzarte más para conseguir dormir antes. De hecho, cuanto más te obsesionas con conseguirlo, mayor puede ser tu nivel de activación y más difícil puede resultar dormir.

    Por eso, si llevas un tiempo en la cama y eres incapaz de dormirte, puede ser preferible salir de la cama y hacer alguna actividad tranquila.

    Puedes leer unas páginas de un libro, escuchar algo relajante, doblar ropa o hacer cualquier actividad poco estimulante, preferiblemente con poca iluminación.

    Cuando vuelva a aparecer el sueño, vuelves a la cama.

    Esto también tiene otra finalidad: enseñar a tu cerebro que la cama es un lugar para dormir.

    Si todas las noches pasas horas despierto en ella viendo vídeos, trabajando, preocupándote o dando vueltas, estás asociando la cama con estar despierto.

    Y queremos conseguir exactamente lo contrario.

    4. Cuidado con la cafeína

    La cafeína es probablemente el estimulante más integrado en nuestra vida cotidiana.

    Café, té, bebidas energéticas, refrescos, suplementos preentrenamiento…

    Y su funcionamiento está directamente relacionado con la presión de sueño que hemos visto antes.

    La cafeína no elimina la adenosina acumulada. Lo que hace es bloquear temporalmente sus receptores y reducir la percepción de esa señal de sueño.

    Dicho de una forma muy sencilla: la adenosina sigue ahí, pero la cafeína hace que tu organismo note menos sus efectos.

    Fantástico si necesitas mantenerte despierto.

    No tan fantástico si unas horas después quieres dormir.

    Además, la cafeína no desaparece de tu organismo inmediatamente después de tomarte el café. Su vida media suele rondar aproximadamente las cinco o seis horas, aunque existe una variabilidad considerable entre personas.

    Esto significa que, de forma simplificada, si consumes cierta cantidad de cafeína a las 15:00, alrededor de las 21:00 todavía podría quedar aproximadamente la mitad en tu organismo.

    Y aquí aparece el clásico:

    “A mí el café no me afecta. Me tomo uno y puedo dormirme perfectamente.”

    Puede ser.

    Existen enormes diferencias individuales en la sensibilidad y metabolización de la cafeína. Pero ser capaz de quedarse dormido después de tomar café no significa necesariamente que la cafeína haya desaparecido de tu organismo ni que no pueda influir sobre tu descanso.

    Por eso, si tienes problemas para dormir, revisaría seriamente cuánta cafeína consumes y a qué hora la estás tomando.

    Y si tus problemas son importantes, incluso puedes probar durante un tiempo a eliminarla y comprobar qué ocurre.

    Porque también puede darse una paradoja bastante interesante:

    Duermes mal → estás cansado durante el día → necesitas más café → la cafeína dificulta tu descanso → vuelves a dormir mal → necesitas otra vez café.

    Y nunca sales del círculo.

    5. Convierte tu dormitorio en un lugar para dormir

    Por último tenemos algo mucho más evidente, pero que frecuentemente ignoramos: el lugar en el que dormimos.

    Tu dormitorio debería ponértelo fácil.

    Idealmente queremos un entorno oscuro, silencioso y con una temperatura confortable tirando a fresca.

    Cuanta menos luz haya, mejor. Si necesitas algo de iluminación porque estar completamente a oscuras te genera malestar, utiliza la mínima necesaria.

    También conviene controlar el ruido. Si no puedes eliminarlo porque vives en una zona especialmente ruidosa, puedes probar a enmascararlo con un sonido constante que te resulte relajante.

    Pero hay algo todavía más importante.

    Tu dormitorio no debería convertirse en tu centro de ocio.

    Televisión, ordenador, móvil, consola, trabajo…

    Si utilizas la cama para ver Netflix durante dos horas, trabajar con el portátil, responder correos y navegar por las redes sociales, estás debilitando esa asociación entre meterte en la cama y dormir.

    No necesitas tener un dormitorio de hotel de cinco estrellas ni gastarte miles de euros.

    De hecho, para dormir probablemente te interese más todo lo que puedas quitar que todo lo que puedas añadir.

    Oscuridad.

    Silencio.

    Una temperatura agradable.

    Una cama cómoda.

    Y pocas distracciones.

    No necesitas mucho más.

    Entonces, ¿qué hago si no puedo dormir?

    Si tienes problemas para dormir, antes de buscar suplementos, dispositivos o trucos extraños, empieza revisando estas cinco cosas:

    Presión de sueño: llega a la noche con suficiente necesidad de dormir.

    Regularidad: intenta mantener horarios razonablemente constantes, especialmente al levantarte.

    No fuerces el sueño: si no puedes dormir, evita quedarte durante horas peleándote con la almohada.

    Estimulantes: revisa la cantidad y el horario de la cafeína que consumes.

    Entorno: haz que tu dormitorio favorezca el sueño en lugar de dificultarlo.

    Nada de esto significa que solucionar estos cinco puntos vaya a curar automáticamente cualquier problema relacionado con el sueño.

    Dormir mal no es necesariamente lo mismo que padecer insomnio crónico, y existen trastornos del sueño y problemas médicos que requieren una valoración adecuada.

    Pero si llevas tiempo preguntándote “¿por qué no duermo?”, estos cinco puntos son un buen lugar por el que empezar.

    Porque muchas veces buscamos la solución en los últimos diez minutos del día cuando el problema ha empezado 14 horas antes.

    Y recuerda la idea más importante de todo este artículo:

    Una buena noche de sueño no empieza cuando te metes en la cama. Empieza cuando te levantas.

    Origen
  • Fitness en la Nube

    5 test que CUALQUIER persona de +40 años debería ser capaz de hacer

    28/09/2026 | 11 min
    ¿Cómo puedes saber si realmente estás en buena forma física?

    Levantar mucho peso, correr rápido o tener un porcentaje de grasa bajo pueden decirnos algunas cosas sobre tu condición física, pero ninguna de ellas nos ofrece por sí sola una imagen completa.

    Además, comparar capacidades entre personas diferentes no siempre tiene demasiado sentido. Juzgar a un corredor por su press de banca sería tan absurdo como juzgar a un culturista por el tiempo que tarda en correr 10 kilómetros.

    Sin embargo, existen ciertas capacidades físicas básicas relacionadas con la fuerza, el equilibrio y la funcionalidad que interesa conservar independientemente del deporte que practiques.

    Y esto cobra todavía más importancia conforme cumplimos años.

    Por eso, vamos a ver 5 tests físicos sencillos que puedes realizar para comprobar tu estado de forma, especialmente interesantes a partir de los 40 años.

    No necesitas un laboratorio ni equipamiento sofisticado. Algunos incluso puedes hacerlos ahora mismo.

    1. Chair Stand Test: ¿cuántas veces puedes levantarte de una silla en 30 segundos?

    El 30-Second Chair Stand Test es una prueba utilizada para evaluar la capacidad funcional y la fuerza/resistencia del tren inferior.

    El procedimiento es muy sencillo:

    Siéntate en una silla estable.

    Cruza los brazos sobre el pecho o los hombros para evitar utilizarlos como ayuda.

    Pon en marcha un cronómetro durante 30 segundos.

    Levántate hasta quedar completamente erguido.

    Vuelve a sentarte.

    Repite tantas veces como puedas durante esos 30 segundos.

    Tu resultado es simplemente el número de repeticiones completas que consigas.

    Los valores de referencia más establecidos de este test corresponden principalmente a adultos mayores, ya que precisamente es una población en la que resulta especialmente interesante conocer la capacidad para levantarse de una silla de forma independiente.

    Como objetivo práctico para una persona más joven, podemos intentar superar las 20 repeticiones en 30 segundos.

    Por debajo de 15 repeticiones, especialmente en una persona relativamente joven y sin limitaciones físicas, prestaría atención al estado de su tren inferior.

    No obstante, estos números deben interpretarse como referencias prácticas y no como una frontera universal entre estar o no estar en forma. La edad, la altura de la silla, la técnica y las características individuales influyen en el resultado.

    2. Dead Hang: ¿cuánto tiempo puedes permanecer colgado de una barra?

    La fuerza de agarre es otra característica interesante de nuestra condición física.

    De hecho, existen numerosos estudios que encuentran asociaciones entre una mayor fuerza de prensión y mejores resultados de salud.

    Pero esto necesita una aclaración importante.

    Tener un agarre fuerte probablemente no sea en sí mismo el secreto para vivir más años.

    La fuerza de agarre funciona, entre otras cosas, como un indicador sencillo de la capacidad física general. Una persona que mantiene buenos niveles de fuerza probablemente también conserve otras características asociadas a un mejor estado físico.

    La manera estandarizada de medirla sería utilizar un dinamómetro de mano, que nos proporciona nuestra fuerza de prensión en kilogramos y permite compararla con valores de referencia por edad y sexo.

    Pero hay una alternativa mucho más accesible que puedes probar si tienes una barra de dominadas: el dead hang.

    Simplemente:

    Agarra una barra con ambas manos.

    Deja todo tu cuerpo suspendido.

    Mantén la posición durante el máximo tiempo posible.

    Como objetivo práctico, puedes intentar alcanzar al menos 60 segundos.

    Aguantar entre uno y dos minutos representa un buen objetivo de entrenamiento, mientras que superar ampliamente los dos minutos supone una capacidad considerable para sostener tu propio peso.

    Eso sí: a diferencia de la dinamometría, no disponemos de buenos valores normativos poblacionales que permitan afirmar científicamente que 60 segundos constituyen un punto de corte universal.

    Además, el peso corporal influye enormemente. No es lo mismo que tus manos tengan que soportar 60 kg que 100 kg.

    Precisamente por eso también podemos considerarlo una prueba sencilla de fuerza relativa: tu capacidad para controlar y sostener tu propio cuerpo.

    3. Sitting-Rising Test: siéntate en el suelo y vuelve a levantarte sin utilizar las manos

    Esta prueba parece extremadamente sencilla hasta que intentas hacerla.

    Se conoce como Sitting-Rising Test (SRT) y evalúa nuestra capacidad para sentarnos en el suelo y volver a ponernos de pie utilizando el menor número posible de apoyos.

    Empiezas de pie y dispones de 5 puntos para sentarte y otros 5 para levantarte.

    La puntuación máxima, por tanto, es 10 puntos.

    Cada vez que utilizas un apoyo adicional —por ejemplo una mano, un antebrazo o una rodilla— pierdes un punto. Una pérdida apreciable del equilibrio resta medio punto.

    ¿Qué puntuación deberías conseguir?

    Podemos utilizar 8 puntos como una buena referencia, mientras que conseguir 10/10 significa realizar todo el movimiento sin apoyos adicionales ni pérdidas apreciables del equilibrio.

    Lo interesante es que este test no evalúa únicamente fuerza.

    Para hacerlo bien necesitas una combinación de:

    Fuerza.

    Movilidad.

    Equilibrio.

    Coordinación.

    Control de tu propio peso corporal.

    Además, existen estudios observacionales que han encontrado una asociación entre puntuaciones más altas en este test y una menor mortalidad posterior en adultos de mediana edad y mayores.

    Esto no significa que levantarte del suelo te haga vivir más.

    Lo que probablemente ocurre es que una persona capaz de levantarse fácilmente del suelo conserva una combinación de capacidades físicas que reflejan un mejor estado funcional general.

    Y eso es precisamente lo interesante del test.

    4. Test de equilibrio a una pierna: ¿puedes aguantar 30 segundos?

    El siguiente probablemente sea el más sencillo de todos.

    Ponte de pie, levanta una pierna y trata de mantener el equilibrio sobre la otra.

    Objetivo: 30 segundos.

    Hazlo con ambas piernas.

    Si puedes mantener la posición durante 30 segundos con los ojos abiertos, puedes aumentar la dificultad cerrando los ojos.

    Y aquí probablemente te lleves una sorpresa.

    Eliminar la información visual hace que mantener el equilibrio sea muchísimo más complicado.

    Los datos publicados muestran además una reducción muy importante del tiempo que podemos mantenernos a una pierna con los ojos cerrados conforme envejecemos.

    Como referencia aproximada, se han observado medias cercanas a:

    20-49 años: 21 segundos.

    50-59 años: 6 segundos.

    60-69 años: 2 segundos.

    Por tanto, conseguir 30 segundos con los ojos cerrados es un resultado exigente, especialmente conforme aumenta la edad.

    ¿Quieres hacerlo todavía más difícil?

    Prueba a mantenerte sobre una pierna, con los ojos cerrados, mientras mueves lentamente la cabeza de un lado hacia otro.

    Eso elimina parte de las referencias que utiliza tu sistema nervioso para mantener el equilibrio y aumenta considerablemente la dificultad.

    Haz estas variantes cerca de una pared o de algún soporte estable para poder agarrarte si pierdes el equilibrio.

    5. Test de Biering-Sørensen: comprueba la resistencia de tu espalda

    Finalmente tenemos el Biering-Sørensen Test, una prueba clásica para evaluar la resistencia isométrica de la musculatura extensora del tronco.

    Para realizarlo necesitas una superficie en la que puedas mantener fijadas las piernas y la pelvis mientras dejas el tronco suspendido horizontalmente.

    El objetivo consiste en mantener el tronco paralelo al suelo durante el máximo tiempo posible.

    Aquí no estamos midiendo simplemente la fuerza máxima de la espalda, sino fundamentalmente la resistencia de los extensores del tronco.

    Y es una capacidad interesante porque algunos estudios han encontrado asociaciones entre una baja resistencia de esta musculatura y la aparición posterior de dolor lumbar.

    Como referencia práctica, superar aproximadamente los dos minutos supone ya un rendimiento considerable, aunque los tiempos dependen del protocolo, el sexo y las características de cada persona.

    En algunos estudios los hombres capaces de mantener alrededor de tres minutos han mostrado menor incidencia posterior de dolor lumbar que quienes presentaban tiempos inferiores.

    Sin embargo, conviene evitar interpretar un resultado concreto como una predicción individual: hacer menos de dos minutos no significa que vayas a desarrollar dolor de espalda, del mismo modo que superar tres minutos no garantiza que nunca vayas a tenerlo.

    El dolor lumbar es multifactorial y ningún test aislado puede predecirlo con certeza.

    ¿Cuántos de estos 5 tests puedes superar?

    Recapitulemos.

    TestObjetivo prácticoChair Stand≥20 repeticiones en 30 segundosDead Hang≥60 segundosSitting-Rising Test≥8/10 puntosEquilibrio a una pierna≥30 segundos con ojos abiertosBiering-Sørensen≥120 segundos

    Estos números no deben interpretarse como fronteras médicas entre estar sano y no estarlo. Algunos proceden de pruebas con buenos datos normativos y otros son objetivos prácticos que nos permiten tener una referencia sencilla.

    Lo realmente interesante es observar qué capacidades te cuesta mantener.

    Porque puedes entrenar cinco días por semana y descubrir que tienes un equilibrio pésimo. Puedes levantar mucho peso pero tener dificultades para levantarte del suelo sin utilizar las manos. O puedes considerarte una persona activa y descubrir que levantarte repetidamente de una silla te cuesta mucho más de lo esperado.

    Ese tipo de información sí resulta útil.

    Estar en forma significa poder seguir utilizando tu cuerpo

    Conforme cumplimos años, el objetivo del entrenamiento no debería ser únicamente conseguir mejores números en determinados ejercicios.

    También queremos conservar nuestra independencia física.

    Poder levantarnos del suelo.

    Mantener el equilibrio.

    Aplicar fuerza.

    Sostener nuestro propio peso.

    Conservar una musculatura capaz de trabajar y resistir esfuerzos.

    Si haces estos cinco tests y obtienes buenos resultados, probablemente estés conservando muchas de esas capacidades. Y si quieres hacer estos tests de una manera simple, esta herramienta te permite hacer algunos de ellos y valorar tus resultados.

    Y si alguno se te atraganta, tampoco necesitas obsesionarte con practicar específicamente el test hasta dominarlo. El resultado simplemente puede servirte como una señal para prestar más atención a determinadas capacidades físicas.

    Un buen programa de entrenamiento de fuerza, combinado con una vida físicamente activa y unos hábitos adecuados, debería ayudarte a conservarlas durante muchos años.

    Si quieres aprender a entrenar siguiendo un sistema estructurado, en la Academia Fitness en la Nube te enseño paso a paso cómo organizar tu entrenamiento y mejorar tu condición física sin complicarlo innecesariamente.

    Origen
  • Fitness en la Nube

    Cómo ser constante con tus entrenamientos

    21/09/2026 | 15 min
    Empezar a entrenar es relativamente fácil. Lo difícil es seguir entrenando cuando han pasado las primeras semanas, desaparece la novedad y empiezan a aparecer el trabajo, el cansancio, el frío o el clásico «hoy no tengo tiempo».

    De hecho, uno de los mayores problemas no es encontrar el entrenamiento perfecto, sino conseguir que entrenar forme parte de tu vida durante años.

    Y para lograrlo hay una idea que debes tener clara desde el principio:

    El entrenamiento debe adaptarse a tu estilo de vida, no tu estilo de vida al entrenamiento.

    Si constantemente empiezas a entrenar, lo dejas y meses después vuelves a empezar, probablemente no necesites más motivación. Necesitas construir un sistema que haga que ir al gimnasio sea fácil de mantener.

    ¿Por qué cuesta tanto ser constante en el gimnasio?

    Cuando alguien abandona el gimnasio suele pensar que le falta fuerza de voluntad.

    Pero muchas veces el problema está en cómo ha organizado el entrenamiento.

    Se apunta a un gimnasio que está lejos, pretende entrenar cinco días por semana, no reserva un horario concreto, improvisa cada entrenamiento y confía en tener ganas de ir.

    Es una combinación perfecta para abandonar.

    La constancia mejora cuando reduces la cantidad de decisiones y obstáculos que existen entre tú y el entrenamiento.

    Por eso puedes plantearte cuatro preguntas muy sencillas:

    ¿Cuándo voy a entrenar? ¿Dónde voy a entrenar? ¿Qué voy a hacer? ¿Por qué merece la pena hacerlo?

    Vamos a responderlas.

    1. Decide cuándo vas a entrenar

    No empieces preguntándote cuál es fisiológicamente la mejor hora para entrenar.

    Empieza preguntándote:

    ¿A qué hora puedo entrenar de manera consistente?

    Porque probablemente sea más útil un horario ligeramente menos «óptimo» que puedas cumplir todas las semanas que el horario perfecto que continuamente tengas que cambiar.

    Saca tu agenda y establece previamente tus días y horas de entrenamiento. No esperes a encontrar un hueco cuando llegue el día.

    Si cada martes tienes que decidir si entrenas a las 18:00, a las 19:00 o después de cenar, estás introduciendo una negociación innecesaria contigo mismo.

    Haz que el entrenamiento tenga un espacio reservado igual que cualquier otra actividad importante.

    2. «No tengo tiempo para entrenar»

    Una herramienta sencilla para analizar dónde estás gastando tu tiempo es lo que podemos llamar la regla del 6.

    Un día tiene 24 horas. Si reservamos aproximadamente ocho para dormir, nos quedan unas 16 horas despiertos.

    Multiplica cualquier actividad que hagas durante el día por seis y obtendrás una aproximación del porcentaje de tus horas útiles que estás dedicándole.

    Por ejemplo:

    8 horas trabajando → aproximadamente un 48%.

    2 horas utilizando redes sociales → aproximadamente un 12%.

    1 hora entrenando → aproximadamente un 6%.

    Esto permite poner el entrenamiento en perspectiva.

    Y además no necesitas entrenar una hora todos los días.

    Si realizas dos o tres entrenamientos semanales, el porcentaje de tu semana que necesitas reservar para entrenar es bastante pequeño.

    Antes de concluir que no tienes tiempo para hacer ejercicio, analiza durante unos días dónde están desapareciendo realmente tus horas.

    Puede que el problema no sea disponer de tiempo, sino decidir qué lugar ocupa el entrenamiento entre tus prioridades.

    3. Si te cuesta ir al gimnasio, empieza con 2-3 días

    Uno de los errores más habituales al comenzar es ser demasiado ambicioso.

    Si llevas meses sin entrenar y además el gimnasio no es precisamente tu actividad favorita, probablemente no sea buena idea empezar prometiéndote entrenar seis días por semana.

    No necesitas convertirte en un apasionado del gimnasio.

    Necesitas una frecuencia que puedas mantener.

    Para muchas personas, dos o tres entrenamientos semanales pueden ser un punto de partida mucho más realista.

    Siempre tendrás tiempo de aumentar la frecuencia más adelante.

    Pero primero consigue algo mucho más importante: convertirte en alguien que entrena todas las semanas.

    4. Entrena menos tiempo si eso facilita la adherencia

    Tampoco existe ninguna obligación de pasar una hora y media en el gimnasio.

    Cuando el tiempo disponible es limitado, puedes plantear sesiones más breves y exigentes.

    Una sesión bien diseñada de unos 30-40 minutos puede ser mucho más compatible con determinadas agendas que entrenamientos interminables.

    Hay un intercambio bastante sencillo:

    si quieres reducir la duración del entrenamiento, tendrás que aprovechar mejor el tiempo que pasas entrenando.

    Esto puede implicar seleccionar menos ejercicios, evitar tiempos muertos innecesarios y entrenar con suficiente intensidad.

    El objetivo no es hacer el entrenamiento más corto por hacerlo más corto.

    Es conseguir que sea lo suficientemente eficiente como para poder mantenerlo durante meses y años.

    5. Utiliza el camino de menor resistencia

    Esta posiblemente sea una de las estrategias más importantes para ser constante.

    Haz que entrenar sea fácil.

    Imagina estas dos situaciones.

    En la primera sales del trabajo y tienes un gimnasio a cinco minutos. Vas directamente, entrenas y después vuelves a casa.

    En la segunda vuelves del trabajo, conduces hasta casa, aparcas, subes, te cambias, te sientas un momento en el sofá y piensas:

    «Dentro de un rato voy al gimnasio».

    Ya sabemos cómo termina muchas veces la segunda historia.

    Cuantos más pasos existan entre tu rutina habitual y el entrenamiento, más oportunidades tienes para decidir no hacerlo.

    Por eso una estrategia especialmente útil es colocar el gimnasio inmediatamente antes o después de una actividad que ya haces todos los días, como trabajar.

    6. El mejor gimnasio puede ser el que tienes más cerca

    Es fácil perder demasiado tiempo buscando el gimnasio perfecto.

    Más máquinas.

    Mejores instalaciones.

    Más espacio.

    Una cuota ligeramente más barata.

    Pero si ese gimnasio está a veinte minutos en coche mientras tienes otro razonablemente bueno a tres minutos del trabajo, quizá estés optimizando la variable equivocada.

    Cuando tu principal problema es la constancia, la comodidad importa muchísimo.

    Incluso entrenar con un amigo puede terminar jugando en tu contra si para hacerlo tienes que desplazarte mucho más.

    Primero elimina fricción.

    Después preocúpate por los detalles.

    7. Nunca vayas al gimnasio sin saber qué vas a hacer

    Existe otro problema especialmente frecuente entre principiantes: ir al gimnasio sin un programa de entrenamiento.

    Llegas y piensas:

    «Hoy toca pecho».

    Miras qué máquinas están libres, haces unos cuantos ejercicios y te marchas.

    La siguiente semana haces algo diferente.

    No existe una dirección clara ni sabes realmente si estás progresando.

    Un programa soluciona buena parte de ese problema porque transforma una actividad ambigua en una tarea concreta.

    Ya no vas al gimnasio a «hacer algo de ejercicio».

    Vas a ejecutar el entrenamiento que tienes programado.

    Sabes los ejercicios, el orden y qué estás intentando mejorar.

    Si estás empezando y necesitas precisamente esa estructura, puedes utilizar mi Programa Lanzadera, diseñado para empezar a entrenar de una forma sencilla y progresiva.

    8. Construye tu sistema: cuándo, dónde y qué

    Si has aplicado todo lo anterior, has eliminado buena parte de las decisiones que suelen sabotear la constancia.

    Ya tienes:

    Cuándo: dos o tres huecos concretos reservados en tu semana.

    Dónde: un gimnasio que te resulta cómodo y está cerca de casa o del trabajo.

    Qué: un programa previamente establecido que te dice exactamente qué hacer.

    Como explico en el episodio, has creado el cuándo, dónde, qué y cómo del entrenamiento.

    Pero todavía queda una pieza.

    Y probablemente sea la más importante.

    9. Recuerda por qué entrenas

    Es fácil pensar en el entrenamiento únicamente desde el presente.

    Quieres perder unos kilos.

    Ganar músculo.

    Verte mejor.

    Tener más fuerza.

    Pero existe una perspectiva mucho más amplia.

    Piensa en tu cuerpo dentro de 20 o 30 años.

    Quizá hoy levantarte de una silla sea completamente trivial. Subir unas escaleras no supone ningún esfuerzo. Puedes agacharte, cargar bolsas o levantarte del suelo sin pensarlo.

    El problema es que esas capacidades que hoy damos por hechas no tienen por qué acompañarnos siempre.

    Por eso entrenar no consiste únicamente en mejorar el cuerpo que tienes hoy.

    También consiste en preservar capacidades para el futuro.

    Así que el entrenamiento de musculación puede entenderse como una inversión en tu yo futuro.

    Cuando entiendes el entrenamiento desde esa perspectiva, resulta más fácil dejar de preguntarte cada día si tienes ganas de entrenar.

    La constancia no necesita perfección

    No necesitas encontrar el programa perfecto, entrenar seis días por semana ni organizar toda tu vida alrededor del gimnasio.

    De hecho, si actualmente tienes problemas para mantener el hábito, probablemente deberías hacer justamente lo contrario.

    Hazlo sencillo.

    Reserva dos o tres momentos concretos cada semana. Busca un gimnasio cómodo. Reduce la duración de las sesiones si lo necesitas. Sigue un programa. Coloca el entrenamiento junto a actividades que ya forman parte de tu rutina.

    Y después repítelo.

    Porque el entrenamiento que mejores resultados puede darte no sirve de demasiado si lo abandonas dentro de tres semanas.

    El objetivo no es conseguir entrenar mucho durante unas semanas. Es conseguir seguir entrenando dentro de unos años.

    Origen
  • Fitness en la Nube

    Haces Demasiados Entrenamientos

    14/09/2026 | 10 min
    Una de las preguntas más habituales cuando alguien entra en un gimnasio es:

    —¿Qué te toca hoy?

    Pecho. Espalda. Brazos. Piernas. Hombros…

    Nos hemos acostumbrado tanto a dividir el entrenamiento por grupos musculares que pocas veces nos planteamos si realmente necesitamos hacerlo así.

    Y no digo que una rutina dividida en cinco días no funcione. Puede funcionar perfectamente. La pregunta que deberíamos hacernos es otra:

    ¿A qué precio?

    Porque una cosa es que un entrenamiento sea eficaz y otra muy diferente que sea eficiente.

    Y si puedes conseguir resultados similares entrenando menos días, haciendo menos ejercicios y generando menos fatiga, quizá no necesites complicar tanto tu rutina.

    Eficacia y eficiencia no son lo mismo

    Este es uno de los conceptos más importantes a la hora de diseñar un programa de entrenamiento.

    Un entrenamiento es eficaz cuando consigue el resultado que buscamos.

    Si entrenas cinco o seis días por semana, haces suficientes series, te esfuerzas, progresas y mantienes el programa durante suficiente tiempo, probablemente obtendrás resultados.

    Eso demuestra que funciona.

    Pero no necesariamente que sea la mejor manera de conseguirlos.

    La eficiencia consiste en obtener el resultado utilizando los recursos necesarios y evitando desperdiciar los que no aportan nada.

    En el gimnasio esos recursos pueden ser el tiempo, la capacidad de recuperación, el estrés articular, la fatiga o incluso la motivación.

    Imagina dos programas que producen resultados similares.

    Uno necesita cinco días de gimnasio y el otro tres.

    Uno requiere 15 ejercicios diferentes y el otro ocho.

    Uno te mantiene permanentemente cansado y el otro te permite recuperarte perfectamente entre entrenamientos.

    Los dos podrían ser eficaces.

    Pero difícilmente podríamos decir que son igual de eficientes.

    ¿Necesitas dedicar un día entero a cada músculo?

    Aquí es donde empiezan mis problemas con algunas de las divisiones de entrenamiento tradicionales.

    Podemos dedicar un día completo al pecho, otro a la espalda, otro a los hombros y otro a los brazos.

    Pero ¿realmente necesitamos un entrenamiento entero para trabajar unos músculos cuya principal función durante nuestro entrenamiento será flexionar y extender el codo?

    Probablemente no.

    Dedicar una sesión completa a los brazos puede tener sentido si estás realizando una especialización de bíceps y tríceps. En ese caso existe una razón concreta para aumentar el trabajo que reciben esos músculos.

    Pero una especialización implica precisamente eso: priorizar algo a costa de otra cosa.

    Si aumentas considerablemente el trabajo destinado a los brazos, probablemente deberías reducir temporalmente el trabajo de otros grupos musculares.

    Lo que tiene menos sentido es especializarlo todo simultáneamente.

    Porque cuando todo es prioritario, nada lo es.

    La fatiga no es solo local

    Existe otro problema con la idea de repartir cada músculo en un día diferente.

    Tu cuerpo no funciona como un conjunto de compartimentos completamente independientes.

    Después de entrenar no solamente necesitas recuperar el músculo que has trabajado. El entrenamiento también genera fatiga a nivel global.

    Por eso puedes entrenar pecho el lunes y espalda el martes y, aunque sean músculos diferentes, no necesariamente llegarás al segundo entrenamiento igual de fresco que al primero.

    De hecho, esta es una de las razones por las que tradicionalmente se recomienda colocar al principio de la semana el grupo muscular que quieres priorizar.

    Vienes descansado y puedes dedicarle tus mejores recursos.

    Pero conforme acumulas entrenamientos durante la semana, también acumulas fatiga.

    Cambiar de músculo no significa empezar desde cero.

    Full body: la forma más sencilla de organizar un entrenamiento

    Por eso me gustan tanto las rutinas full body o de cuerpo completo.

    No porque sean mágicas.

    Tampoco porque todo el mundo tenga que entrenar así durante toda su vida.

    Me gustan porque representan probablemente la forma más sencilla de equilibrar entrenamiento y recuperación.

    Entrenas el cuerpo.

    Después recuperas el cuerpo.

    Y vuelves a entrenarlo.

    Además, si analizamos las principales funciones musculares que queremos trabajar, descubriremos que tampoco necesitamos una cantidad absurda de ejercicios.

    No necesitas hacer 400 ejercicios de glúteos.

    No necesitas entrenar abdominales durante una hora.

    Ni necesitas cuatro variantes prácticamente idénticas de curl de bíceps.

    Una selección inteligente de aproximadamente 8-10 ejercicios puede permitirte trabajar prácticamente todo el cuerpo en una misma sesión.

    Y tampoco necesitas hacer cinco series de cada uno.

    En muchos casos, unas pocas series realizadas con suficiente esfuerzo son más que suficientes.

    ¿Cuándo deja de ser práctico entrenar todo el cuerpo?

    El full body tiene también sus limitaciones.

    Conforme una persona avanza puede querer aumentar el volumen de determinados músculos, añadir ejercicios o prestar atención a zonas que antes no necesitaban trabajo específico.

    Antebrazos, cuello, abdomen, gemelos o cualquier otro músculo al que quieras dedicar trabajo adicional.

    Y llega un momento en el que intentar meterlo absolutamente todo dentro del mismo entrenamiento deja de ser práctico.

    Perfecto.

    Entonces dividimos.

    Pero aquí está la idea importante:

    Deberíamos dividir nuestra rutina porque lo necesitamos, no porque sea lo que hace todo el mundo.

    Las rutinas A/B: un término medio excelente

    Si ya no puedes colocar cómodamente todo tu entrenamiento dentro de una sesión, una de las soluciones más sencillas es dividirlo en dos.

    Tenemos entonces una rutina A/B.

    Cada vez que vas al gimnasio haces la mitad del programa.

    Por ejemplo, una rutina torso-pierna es una rutina A/B:

    Entrenamiento A: torso.

    Entrenamiento B: piernas.

    Pero no necesitas utilizar necesariamente esa división.

    Puedes escribir todos los músculos, movimientos o ejercicios que quieres entrenar y repartirlos inteligentemente entre dos sesiones.

    El objetivo es evitar redundancias y distribuir la carga de trabajo de manera razonable.

    En mi caso, esta progresión de lo sencillo a lo complejo es precisamente la que utilizo con mis alumnos.

    Primero aprendemos a entrenar.

    Después añadimos complejidad solamente cuando esa complejidad empieza a ser útil.

    ¿En cuántos días debería dividir mi rutina?

    No existe un número universal.

    Dependerá de tu experiencia, tus objetivos, el volumen de entrenamiento que necesites y el tiempo del que dispongas.

    Pero para la población general me gusta pensar en una progresión muy sencilla:

    Full body → división A/B → división en tres entrenamientos.

    Para la inmensa mayoría de personas hay muchísimo recorrido dentro de estas posibilidades.

    ¿Puedes dividir el entrenamiento en cuatro, cinco o seis sesiones diferentes?

    Por supuesto.

    ¿Puede funcionar?

    También.

    Pero antes de hacerlo deberías ser capaz de responder una pregunta:

    ¿Por qué necesito dividirlo tanto?

    Si existe una buena razón, adelante.

    Si la única respuesta es «porque siempre he entrenado así» o «porque he visto esta rutina en Internet», quizá estés añadiendo complejidad sin obtener nada a cambio.

    No necesitas vivir en el gimnasio para conseguir resultados

    Este es, al final, el mensaje que quiero que te lleves.

    No confundas hacer más cosas con conseguir más resultados.

    El objetivo de un programa de entrenamiento no debería ser llenar todos los días disponibles de la semana.

    Tampoco coleccionar ejercicios.

    Ni terminar cada entrenamiento completamente destruido.

    El objetivo es proporcionar a tu cuerpo el estímulo que necesita para adaptarse y después darle la oportunidad de recuperarse.

    Empieza por la solución más sencilla.

    Si funciona, no necesitas complicarla.

    Y cuando deje de ser suficiente, añade solamente la complejidad necesaria.

    Porque un buen programa de entrenamiento no es el que consigue hacer más.

    Es el que consigue lo necesario desperdiciando lo mínimo posible.

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