Amar no significa desaparecer. A veces, en nombre del amor, se renuncian límites, convicciones y aun la propia identidad. Sin embargo, el amor sano no anula; afirma. Por eso, amar sin perderse a uno mismo es una señal de madurez espiritual y no de egoísmo.
El Señor Jesús amó profundamente sin perder claridad sobre Su misión. Dio, sirvió y se entregó, pero nunca negoció quién era ni a qué había sido llamado. De modo que, el amor verdadero no exige que te diluyas, sino que te presentes con honestidad. Cuando el amor borra quién eres, deja de ser saludable.
Tal vez has confundido amor con complacencia o sacrificio con anulación. Por eso, revisar desde dónde amas es un paso necesario, porque amar bien incluye decir no, establecer límites y cuidar el corazón. Por eso, ama con integridad, sabiendo que el amor sano no te pierde, sino que te afirma y te guarda. La Biblia dice en Marcos 12:31: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (RV1960).