Un Minuto Con Dios - Dr. Rolando D. Aguirre
Rolando D. Aguirre

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- El 15 de septiembre de 1821, Centroamérica entera quedó libre de España. Pero en Costa Rica nadie lo sabía todavía. La provincia siguió funcionando exactamente igual —las mismas autoridades, la misma rutina colonial— porque la noticia viajaba desde Guatemala en el lomo de una mula, y el camino era largo.
El mensaje llegó a Cartago hasta el 13 de octubre. Solo entonces los costarricenses se enteraron de que, técnicamente, llevaban casi un mes siendo libres sin haberlo sabido ni vivido como tal. Todavía tardarían dos semanas más en reunirse y firmar su propia acta de adhesión, el 29 de octubre.
Algo parecido le ocurre a muchos creyentes con la libertad que Cristo ya ganó en la cruz. El perdón quedó firmado hace dos mil años; la culpa dejó de tener autoridad legal sobre quien está en Cristo. Y sin embargo, hay quienes siguen viviendo bajo el mismo peso de siempre, rindiendo cuentas a un imperio que ya no gobierna, simplemente porque la noticia nunca terminó de llegarles del todo.
La libertad firmada en la cruz no cambia nada en una vida hasta que esa vida se entera de que ya es libre.
La Biblia dice en 2 Corintios 3:17: "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad". (RV1960). - Antes del amanecer del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo hizo sonar las campanas de su iglesia en Dolores. No convocaba a misa; convocaba a levantarse contra un gobierno que llevaba trescientos años gobernando desde el otro lado del océano. No tenía ejército ni garantía de que alguien respondería.
Respondieron miles, con machetes y palos, con lo que tuvieran a la mano, porque ese grito de madrugada tocó una fibra que llevaba generaciones esperando ser tocada. Hidalgo no vivió para ver el final de la guerra que desató esa noche; fue capturado y fusilado meses después. Pero el grito ya había hecho su trabajo: no se puede desdecir a un pueblo que decidió despertar.
Hay llamados de Dios que funcionan igual: sin garantías, sin un plan detallado de cómo terminará todo. A veces solo hay una campana sonando en la oscuridad y una decisión que tomar: quedarse dormido o salir a ver qué pasa. Isaías profetizó a alguien enviado a proclamar libertad a cautivos que todavía no sabían que venía en camino.
Este es buen día para preguntarte qué campana suena en tu vida ahora mismo, y si estás dispuesto a levantarte cuando suena.
La Biblia dice en Isaías 61:1: "A publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel". (RV1960). - La noche del 15 de septiembre de 1821, un grupo de autoridades y vecinos notables se reunió en el Palacio Nacional de Guatemala. Afuera, la gente ya se agolpaba pidiendo una decisión. Adentro, entre discusiones y desacuerdos, redactaron un documento de apenas unos párrafos que declaraba la separación definitiva de la corona española para las provincias de Centroamérica.
No fue una guerra ni un ejército libertador entrando triunfante. Fue una decisión tomada de noche, entre hombres que sabían que ese papel cambiaría el destino de generaciones enteras de guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses y costarricenses. La libertad, esa vez, llegó por acta antes que por batalla.
Hay libertades que Dios también concede así: no con un milagro estruendoso, sino con una decisión tomada en lo oculto, casi sin testigos, que sin embargo termina liberando a quien la toma y a quienes vienen después de él. El perdón que decides dar hoy, la cadena que decides romper esta noche, puede parecer un gesto pequeño y privado. No lo es.
Doscientos años después, esa firma de una noche sigue definiendo la identidad de cinco países. Nunca subestimes lo que Dios puede hacer con una decisión tomada en lo secreto.
La Biblia dice en Juan 8:36: "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". (RV1960). - Cada pueblo se libera a su manera. Unos con un acta firmada de madrugada; otros, con años de resistencia; otros, con una frase gritada desde un púlpito. En todos los casos hay un momento anterior a la libertad misma: cuando alguien decide que ya no puede seguir viviendo como hasta entonces.
Esta semana, varios países de América Latina recuerdan el día en que dejaron de pertenecerle a otro. No fue un proceso limpio ni instantáneo; costó vidas y años, y en algunos casos la libertad declarada tardó todavía más en volverse libertad vivida. Pero hubo una fecha, un acta, un grito que marcó el antes y el después.
La libertad que Cristo ofrece sigue ese patrón. No es automática solo porque se proclamó en una cruz; hay que apropiársela, sostenerla, negarse a volver a las cadenas viejas aunque a veces parezcan más cómodas que la libertad recién estrenada. Pablo se lo advirtió a los gálatas: estad, pues, firmes.
Hoy, mientras varias naciones celebran su independencia, toca preguntarte si vives como alguien libre, o como alguien que solo tiene el papel que lo certifica.
La Biblia dice en Gálatas 5:1: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud". (RV1960). - Jacob, ya anciano y casi ciego, pidió que le acercaran a sus dos nietos, Efraín y Manasés. José los llevó pensando que sabía cómo debía darse la bendición: el mayor con la mano derecha, el menor con la izquierda, como marcaba la costumbre. Pero Jacob cruzó los brazos a propósito y puso su mano derecha sobre la cabeza del más joven.
José intentó corregirlo, convencido de que su padre se había equivocado por la edad. No se había equivocado. Sabía exactamente lo que hacía, aunque no pudiera explicarlo del todo. A veces los años no le quitan claridad a una persona mayor; se la dan, aunque ya no la exprese como los más jóvenes esperan.
Este día del Abuelo, conviene recordar que las personas mayores no siempre bendicen con discursos. Bendicen con las manos puestas donde nadie más pensaba ponerlas, con una intuición formada por décadas de haber visto a Dios actuar de maneras que los más jóvenes aún no distinguen.
Si tienes un abuelo o una abuela con vida, no subestimes lo que ya sabe, aunque sus palabras lleguen más despacio que antes.
La Biblia dice en Proverbios 17:6: "Corona de los viejos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres". (RV1960).
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