La perseverancia pierde fuerza cuando se alimenta de ilusiones. Dios no nos llama a negar la realidad, sino a caminarla con verdad. Por eso, perseverar con verdad implica reconocer cansancio, admitir límites y aun así continuar confiando en la fidelidad de Dios. La verdad sostiene mejor que la apariencia.
El Señor Jesús habló con claridad sobre el costo del discipulado. Él nunca prometió caminos fáciles, pero sí Su presencia constante. De modo que, perseverar con verdad es avanzar sin máscaras, llevando a Dios lo que realmente hay en el corazón. Allí la gracia actúa con profundidad y restaura la esperanza.
Tal vez haya áreas donde seguir adelante se siente pesado. Por eso, nómbralas con honestidad delante de Dios. Así que, sin dramatizar ni minimizar, decide dar el siguiente paso, aunque sea pequeño. La perseverancia no se mide por velocidad, sino por fidelidad sostenida.
Persevera con verdad. Recuerda que Dios honra la fe sincera. La Biblia dice en Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (RV1960).