Un Minuto Con Dios - Dr. Rolando D. Aguirre
Rolando D. Aguirre

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- Hoy, en el hemisferio norte, el día y la noche duran casi lo mismo. Es el equinoccio de septiembre, el punto exacto en que la Tierra deja de inclinarse hacia el verano y empieza a inclinarse hacia el invierno. Nadie tuvo que anunciarlo ni pedir permiso. Simplemente ocurre con precisión, desde antes de que existiera un calendario para nombrarlo.
Génesis registra una promesa que Dios hizo tras el diluvio, cuando la tierra entera parecía haber perdido su orden. Es decir, mientras la tierra permanezca, habrá siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche y nada de eso cesará. No fue una promesa para consolar solo a Noé; fue una declaración sobre cómo Dios sostiene el mundo entero, estación tras estación, sin que nadie tenga que vigilar que el sistema no falle.
Miles de años después, el equinoccio llega justo cuando debe. Ninguna guerra, ninguna crisis, ha logrado nunca romper ese ritmo. Así que, si Dios cumple con esa exactitud una promesa hecha a la creación entera, no hay razón para dudar de que cumplirá también las que te hizo a ti.
La Biblia dice en Génesis 8:22: "Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche". (RV1960). - En 1987, Centroamérica llevaba años destrozándose en guerras civiles: Nicaragua, El Salvador y Guatemala sangraban por conflictos que parecían no tener salida. El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, propuso algo que sonaba casi ingenuo en medio de tanta violencia: sentar a los cinco presidentes de la región en una misma mesa y hacerlos firmar un compromiso de paz.
Lo lograron. El 7 de agosto de 1987, en la ciudad guatemalteca de Esquipulas, los presidentes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica firmaron el acuerdo que llevaría el nombre de Arias. No resolvió todo de inmediato, pero marcó el principio del fin de guerras que llevaban años consumiendo la región. Ese mismo año, Arias recibió el Premio Nobel de la Paz.
Costa Rica llegó a esa mesa con una ventaja que pocos recordaban. Había abolido su propio ejército casi cuarenta años antes. No negociaba la paz desde la fuerza, sino desde la convicción de que ya la había elegido primero para sí misma.
El Señor Jesús llamó bienaventurados a los que hacen la paz, no a los que solamente la desean. Hacerla cuesta, casi siempre, sentarse con quien parece imposible sentarse.
La Biblia dice en Romanos 12:18: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres". (RV1960). - Nadie construye un legado pensando todos los días en la palabra legado. Se construye, más bien, en decisiones pequeñas que ni siquiera parecen decisiones: la manera de tratar a un empleado cuando nadie más está mirando, la paciencia con un hijo en un mal día, la constancia en una fe que nadie aplaude porque nadie más la ve de cerca.
El Señor Jesús pasó la mayor parte de Su vida en un taller de carpintería, en un pueblo tan insignificante que ni siquiera aparecía en los mapas importantes de Su época. Nadie que lo vio cepillar madera durante esos años habría adivinado lo que vendría después. Su legado más grande no se estaba construyendo en un escenario; se estaba formando en el anonimato completo.
Es fácil pensar que el legado se construye en los grandes momentos: el discurso memorable, la decisión valiente frente a todos, el gesto que queda grabado en la memoria colectiva. Pero la mayoría de lo que de verdad perdura en una vida se construyó mucho antes, en años sin aplausos que nadie estaba documentando.
Puede que hoy sientas que nada de lo que haces deja huella. Dios no mide el legado por lo visible; lo mide por lo sostenido.
La Biblia dice en Mateo 5:9: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". (RV1960). - Lucila Godoy nunca terminó una carrera universitaria. Según la tradición familiar, de niña fue rechazada de una escuela por considerarla poco dotada. Se educó por su cuenta, entre libros prestados, en un valle desértico del norte de Chile. A los veinte años ya enseñaba en una escuela rural, sin más título que su propia disciplina.
Firmaba sus poemas con un nombre distinto al suyo: Gabriela Mistral. En 1945 se convirtió en la primera persona de toda América Latina en ganar un Premio Nobel de Literatura, entregado a una mujer que unas décadas antes había sido considerada, por su propia comunidad, poco capaz de aprender.
Quien la rechazó de niña jamás pudo imaginar ese final. Esa es la lección más incómoda de su historia: los límites que otros ponen sobre una persona no siempre coinciden con los que Dios puso en ella. Lo que un maestro decide que no puedes llegar a ser no siempre tiene la última palabra.
Dios no mide el potencial de nadie por sus diplomas ni por lo que otros dijeron de él en el pasado. Mide el corazón dispuesto a seguir aprendiendo, aunque el mundo ya haya emitido su veredicto.
La Biblia dice en Santiago 3:13: "¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre". (RV1960). - El 18 de septiembre de 1810, unas cuatrocientas personas se reunieron en un cabildo abierto en Santiago. No era una revolución armada ni una declaración de guerra contra España; formalmente, seguían jurando lealtad al rey Fernando VII, preso en ese momento en Francia. Simplemente decidieron que, a falta de un monarca disponible, el gobierno debía quedar en manos de un consejo local.
Ninguno de los presentes imaginó que estaba fundando lo que con los años se celebraría como el nacimiento de un país. La independencia formal llegaría ocho años después. Pero fue ese cabildo, nacido de una decisión práctica y no de un ideal revolucionario, el que abrió la puerta a todo lo que vino.
Dios trabaja frecuentemente así en la vida de una persona: no con un quiebre dramático que se anuncia a sí mismo como histórico, sino con una decisión sencilla, casi administrativa, que solo con el tiempo revela todo lo que puso en marcha. Una oración retomada, un hábito recuperado, una conversación postergada que por fin se tiene: ninguna de esas cosas se siente como el inicio de algo grande mientras ocurre.
Hoy, mientras Chile celebra sus Fiestas Patrias, recuerda que los comienzos verdaderos rara vez se sienten como comienzos.
La Biblia dice en Salmos 33:12: "Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová". (RV1960).
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