Nadie fotografía las raíces. Los reconocimientos van a las flores, los frutos, las ramas visibles. Pero todo lo visible depende de lo invisible. Los sequoias gigantes de California, los más altos del mundo, no se sostienen solos: sus raíces se entrelazan con las de otros árboles a metros de profundidad. Lo que nadie ve, sostiene lo que todos admiran.
Dios forma en lo oculto lo que se sostendrá en lo público. La paciencia construida en la espera, la confianza afirmada cuando nadie aplaude, el carácter formado en la obediencia silenciosa: eso son raíces. Pablo describió este proceso como tribulación que produce paciencia, paciencia que produce carácter, carácter que produce esperanza.
Si estás en una etapa donde nadie ve lo que Dios está haciendo en ti, no lo menosprecies. Lo que Dios afirma en lo profundo, sostiene lo que vendrá después.
La Biblia dice en Romanos 5:3-4: “También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza”. (RV1960).