Comenzar no siempre es avanzar. A veces es corregir el rumbo. Muchos inician un nuevo mes con buenas intenciones, pero sin revisar el corazón y eso termina desviando incluso los mejores planes. Por eso, antes de correr, es sabio detenerse y permitir que Dios alinee lo interior porque un corazón alineado no es impecable, pero sí rendido.
En cambio, cuando el corazón se desordena, las decisiones se vuelven pesadas y la fe se fragmenta. El Señor Jesús siempre priorizó la comunión con el Padre antes de la acción. De modo que, alinear el corazón no retrasa el propósito; al contrario, lo endereza. Allí la obediencia deja de ser forzada y la paz vuelve a ocupar su lugar.
Tal vez haya distracciones acumuladas, motivaciones mezcladas o cansancio que no se han expresado. Preséntalo todo a Dios con honestidad, porque no se trata solo de cambiar hábitos, sino de permitir que Él reordene los afectos. Un corazón alineado escucha con claridad, ama con libertad y camina con firmeza. De modo que, comienza este mes desde adentro. La Biblia dice en Proverbios 4:26: “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos”. (RV1960).