Un Minuto Con Dios - Dr. Rolando D. Aguirre
Rolando D. Aguirre

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- La noche del 15 de septiembre de 1821, un grupo de autoridades y vecinos notables se reunió en el Palacio Nacional de Guatemala. Afuera, la gente ya se agolpaba pidiendo una decisión. Adentro, entre discusiones y desacuerdos, redactaron un documento de apenas unos párrafos que declaraba la separación definitiva de la corona española para las provincias de Centroamérica.
No fue una guerra ni un ejército libertador entrando triunfante. Fue una decisión tomada de noche, entre hombres que sabían que ese papel cambiaría el destino de generaciones enteras de guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses y costarricenses. La libertad, esa vez, llegó por acta antes que por batalla.
Hay libertades que Dios también concede así: no con un milagro estruendoso, sino con una decisión tomada en lo oculto, casi sin testigos, que sin embargo termina liberando a quien la toma y a quienes vienen después de él. El perdón que decides dar hoy, la cadena que decides romper esta noche, puede parecer un gesto pequeño y privado. No lo es.
Doscientos años después, esa firma de una noche sigue definiendo la identidad de cinco países. Nunca subestimes lo que Dios puede hacer con una decisión tomada en lo secreto.
La Biblia dice en Juan 8:36: "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". (RV1960). - Cada pueblo se libera a su manera. Unos con un acta firmada de madrugada; otros, con años de resistencia; otros, con una frase gritada desde un púlpito. En todos los casos hay un momento anterior a la libertad misma: cuando alguien decide que ya no puede seguir viviendo como hasta entonces.
Esta semana, varios países de América Latina recuerdan el día en que dejaron de pertenecerle a otro. No fue un proceso limpio ni instantáneo; costó vidas y años, y en algunos casos la libertad declarada tardó todavía más en volverse libertad vivida. Pero hubo una fecha, un acta, un grito que marcó el antes y el después.
La libertad que Cristo ofrece sigue ese patrón. No es automática solo porque se proclamó en una cruz; hay que apropiársela, sostenerla, negarse a volver a las cadenas viejas aunque a veces parezcan más cómodas que la libertad recién estrenada. Pablo se lo advirtió a los gálatas: estad, pues, firmes.
Hoy, mientras varias naciones celebran su independencia, toca preguntarte si vives como alguien libre, o como alguien que solo tiene el papel que lo certifica.
La Biblia dice en Gálatas 5:1: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud". (RV1960). - Jacob, ya anciano y casi ciego, pidió que le acercaran a sus dos nietos, Efraín y Manasés. José los llevó pensando que sabía cómo debía darse la bendición: el mayor con la mano derecha, el menor con la izquierda, como marcaba la costumbre. Pero Jacob cruzó los brazos a propósito y puso su mano derecha sobre la cabeza del más joven.
José intentó corregirlo, convencido de que su padre se había equivocado por la edad. No se había equivocado. Sabía exactamente lo que hacía, aunque no pudiera explicarlo del todo. A veces los años no le quitan claridad a una persona mayor; se la dan, aunque ya no la exprese como los más jóvenes esperan.
Este día del Abuelo, conviene recordar que las personas mayores no siempre bendicen con discursos. Bendicen con las manos puestas donde nadie más pensaba ponerlas, con una intuición formada por décadas de haber visto a Dios actuar de maneras que los más jóvenes aún no distinguen.
Si tienes un abuelo o una abuela con vida, no subestimes lo que ya sabe, aunque sus palabras lleguen más despacio que antes.
La Biblia dice en Proverbios 17:6: "Corona de los viejos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres". (RV1960). - Donde antes se alzaban dos torres, hoy hay un memorial: dos piscinas del tamaño exacto de los edificios caídos, con el agua cayendo hacia el centro sin llenarse jamás del todo. Alrededor, una torre nueva se levanta más alta que las anteriores. Tomó trece años reconstruir lo que el fuego destruyó en una mañana.
Hay pérdidas que no se resuelven rápido. La ciudad que vio caer las torres tardó más de una década en decidir qué construir en su lugar, cómo honrar lo perdido sin fingir que no pasó nada. No hubo un plan perfecto desde el primer día, sino años de duelo colectivo antes de que algo nuevo pudiera levantarse con sentido.
Dios trabaja parecido en el corazón de una persona. No apura el duelo, ni exige que el dolor se vuelva fortaleza de inmediato. David, que conoció más de un derrumbe en su propia vida, escribió que Dios está cerca precisamente de los quebrantados, no lejos de ellos esperando a que se recompongan solos.
Si todavía cargas un derrumbe reciente, no te apresures a reconstruir antes de tiempo. Dios ya está trabajando en los cimientos, aunque el terreno todavía se vea como escombro.
La Biblia dice en Salmos 34:18: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu". (RV1960). - Welles Crowther trabajaba en el piso 104 de la Torre Sur cuando el segundo avión impactó, la mañana del 11 de septiembre de 2001. Tenía formación como bombero voluntario, aunque ese día vestía traje de oficina. Cuando el humo cubrió el piso 78, apareció entre los escombros con el rostro cubierto por un pañuelo rojo y guio a un grupo de sobrevivientes hasta una escalera que nadie más había encontrado.
Los bajó. Y volvió a subir, al menos tres veces, por un edificio que ya se desmoronaba por dentro, hasta que la torre colapsó con él adentro. Durante meses nadie supo su nombre; solo se hablaba del "hombre del pañuelo rojo". Su madre lo identificó casi un año después, al leer un testimonio con ese detalle.
Nadie le pidió que volviera a subir; pudo salir con el primer grupo y nadie lo habría culpado. Pero algo en él —quizás el mismo instinto que lo hizo bombero desde niño— no le permitió irse mientras hubiera alguien más adentro.
El Señor Jesús dijo que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Crowther nunca conoció a la mayoría de quienes salvó.
La Biblia dice en Juan 15:13: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos". (RV1960).
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