Jesús habló con su Padre de nosotros. Le pidió para nosotros que no nos atrapara el mundo, aunque estuviéramos en él. “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”, dijo san Juan en su primera carta. Vigilar si buscamos recompensas terrenas, o pretendemos brillar ante los hombres, o atarnos a la mundanidad. Queremos como recompensa el amor a Jesús.