20 Mayo
San Bernardino de Siena
Hechos 20, 28-38: “Ahora los dejo en manos de Dios, que puede hacerlos crecer y
alcanzar la herencia prometida”
Salmo 67: “Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya”
San Juan 17, 11-19: “Padre, que ellos sean uno, como nosotros”
En las dos despedidas que encontramos en los textos de este día, aparecen las
amonestaciones sobre los posibles peligros que tendrán los seguidores de Jesús. Pablo,
con lágrimas y súplicas, se despide de los presbíteros de Éfeso y sus consejos son tan
válidos en aquel tiempo como en el nuestro. Sus palabras se asemejan mucho a las
palabras que con dolor pronunciaba el Papa Francisco en muchos momentos de
intimidad y reflexión. Hay dentro de la Iglesia y dentro de los seguidores de Jesús quien
se ha equivocado y ha cometido el pecado y esto destruye y ofende a toda la comunidad.
Los ataques y agresiones son más dolorosos cuando provienen de dentro. San Pablo los
llama lobos rapaces e invita a estar alerta. Nadie quedamos exentos del pecado y el
Papa nos invita a una seria reflexión, arrepentimiento y conversión. En el evangelio
Jesús hace una bella oración donde confía a sus discípulos en las manos de su Padre
Dios. Al mismo tiempo que es una petición es el reconocimiento de la realidad en que
permanecerán sus discípulos: en medio del mundo. Para San Juan el mundo significa la
tentación, la exposición al mal, la influencia del maligno. Nadie está exento y todos
podemos caer. Jesús pide a su Padre que los santifique en la verdad y hoy sería nuestra
tarea y nuestra misión: buscar la verdad y buscar la santidad. No es la santidad de quien
se aparta del mundo y es indiferente a las miserias humanas. No es la santidad de quien
vive aislado y se oculta ante los problemas. Es la misma santidad que vivió Cristo en el
riesgo, en el acompañamiento, en el compromiso, en la búsqueda de verdad, de justicia
y de amor. La santidad no consiste en huir del mundo, sino en no dejarse llevar por los
criterios del mundo. Hoy hay en medio de nosotros muchos hombres y mujeres santos.
Trabajadores santos, sacerdotes santos, papás y mamás que realmente son santos, dan
vida a sus hijos, los llevan por el camino de la verdad, les enseñan la honestidad y los
conducen a vivir la Palabra. No es fácil, pero es la misión que nos deja Jesús. No
temamos, Él intercede por nosotros para que no sucumbamos ante los embates del
mundo.