320 episodios
- 16 Septiembre
Santos Cornelio y Cipriano
I Corintios 12, 31- 13, 13: “Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, el
amor es la mayor de las tres”
Salmo 32: “Dichoso el pueblo escogido por Dios”
San Lucas 7, 31-35: “Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones
tristes y no lloraron”
¿Quién puede dar gusto a todas las personas? Bien dice el refrán popular: "No soy
monedita de oro...", unos condenan y aborrecen lo que otros buscan y prefieren. Lo que
hoy era lo más agradable y solicitado, mañana se convierte en pasado de moda y
detestable. ¿Cómo agradar a los hombres? El mismo Jesús reclama a su generación esta
incongruencia de exigencias. Lo que rechazaban en Juan el Bautista ahora lo exigen del
Mesías, y lo que condenan del Mesías, antes lo solicitaban del Bautista. Cuando se tiene
el corazón en lo exterior, siempre habrá manipulaciones e inconformidades. Jesús invita
a mirar lo que hay en el corazón. San Pablo en su carta a los Corintios nos ofrece este
día el bello pasaje que conocemos todos como el himno del Amor y nos centra en lo que
es importante y puede llenar el corazón. Ni los extremos del ayuno que hacía Juan el
Bautista, ni los milagros de Jesús, son lo realmente importantes, lo que importa es el
amor. Y vaya que Juan tenía un amor fuerte como para soportar las adversidades, y vaya
que Jesús se inflama de amor para recibir a los pecadores, para manifestarles
misericordia, para darles nueva dignidad. Pero si no descubrimos el verdadero amor
estaremos siempre discutiendo qué podemos y qué no podemos hacer, criticaremos cada
una de las acciones. Descubrir el verdadero amor nos llevara a dar no sólo sentido a
cada una de nuestras acciones, sino a nuestra vida misma. Por eso San Pablo lo coloca
por encima de todas las virtudes, porque sin amor lo que es generosidad se puede
transformar en manipulación o exhibición, lo que es fe, se puede quedar en terquedad,
lo que es servicio, se deforma y pierde su sentido. Ya nos describe con mucha precisión
las cualidades del amor: comprensivo, servicial, no tiene envidia, comprende todo,
disculpa todo, todo lo cree. ¿Cómo es nuestro amor? Si nos acercamos a Jesús y le
decimos que nos inflame de su amor, podremos iniciar este camino bello, de entrega y
donación que es el amor. - #15DeSeptiembre ¡Buenos días! Este martes de la XXIV semana del #TiempoOrdinario, compartimos el #EvangelioDeHoy según san Juan 19, 25-27:
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: ""Mujer, ahí está tu hijo"". Luego dijo al discípulo: ""Ahí está tu madre"". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
15 Septiembre
Nuestra Señora de los Dolores
I Corintios 15, 1-11: “Esto es lo que predicamos y lo que ustedes han creído”
Salmo 117: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno”
San Lucas 2, 33-35: “Y a ti, una espada te atravesará el alma”
María del dolor, María del silencio, María de la soledad. “La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía”. Dolor de Madre, dolor de amor, dolor de fracaso y desesperación. Y desde entonces, María, sigues, acompañando a tu Hijo en el dolor de todos los hombres, y desde entonces te haces presente en la incomprensión de la miseria y en la tragedia de los fracasos. María, vivimos en un momento de gran confusión y terribles dolores. Hay muchos hogares que lloran la ausencia del hijo que un día desapareció y que nadie sabe dar razón de su paradero. Hay mamás que se desesperan buscando las huellas de un hijo secuestrado. Hay padres que contemplan al hijo en la cruz de la droga y el alcoholismo. Hay niños huérfanos, sin razones para vivir, porque sus padres fueron víctimas “colaterales del crimen…” Hay dolor, resentimiento y angustia. Y Tú, María de la Esperanza, comprendes el dolor de este pueblo y le puedes enseñar que la desesperación es la peor de las elecciones. Tú, mirando en silencio la cruz, añades a esa cruz salvadora, el silencioso sufrimiento de los inocentes. Has tomado contigo la cruz de Jesús, lo has seguido hasta el Calvario con el corazón desgarrado y hoy nos puedes enseñar que más allá de la cruz y de la muerte, de la injusticia y del crimen, está un Padre Misericordioso que ha resucitado a Jesús y que también a nosotros nos ofrece una vida eterna. No quieres que nos crucemos de brazos, tú nunca te quedaste pasiva e indiferente, nos enseñas que hay que descubrir las ausencias del vino del amor, que hay que llevar el servicio y la alegría al que está necesitado, que hay que encontrar a Jesús que hace días que lo perdimos. Pero nunca caes en el pesimismo y la desesperación. Más allá de las cruces y el fracaso nos ofreces la certeza de un Hijo que es triunfo, fortaleza y redención. Eres María de la Resurrección, eres María de la Comunidad, eras María de la Esperanza. Hoy nos acogemos a ti, cúbrenos con tu manto. María, aquí tienes a tus hijos clavados en sus cruces de injusticias, de vicios y de desesperación, condúcenos a la Cruz de tu Hijo para encontrar Resurrección. María de la esperanza a ti confiamos nuestras familias, nuestros jóvenes y nuestros desaparecidos. Madre dolorosa, danos esperanza. - 14 Septiembre
1 Corintios 11, 17-26. 33: “Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen a
celebrar la cena del Señor”
Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
San Lucas 7, 1-10: “Ni en Israel he encontrado una fe tan grande”
Frente a un México pesimista y sumido en grave deterioro de valores, muchos cristianos
han optado por la indiferencia y se han quedado de brazos cruzados. Las lecturas de este
día cuestionan seriamente esta actitud mirando a Cristo como nuestra única esperanza y
quien realmente nos puede mostrar el verdadero camino. La fe de un oficial romano,
que considera a Jesús capaz de dar salud y vida a su sirviente, nos abre nuevos
horizontes a quienes decimos creer en Él, pero acabamos derrumbados frente a las
dificultades actuales. Cristo puede actuar y sigue actuando como lo hizo en aquellos
tiempos. Pero Cristo pide, exige, la participación de los cristianos. San Pablo en la
primera lectura de este día, habla fuertemente a los Corintios porque si bien participan
de la Eucaristía no son capaces de superar las divisiones y las discriminaciones en sus
asambleas. La Eucaristía y el seguimiento de Jesús nos tienen que llevar a un
compromiso serio de reconciliación y transformación de estructuras que discriminan y
destruyen la fraternidad. Los Obispos de México nos dicen: “Los cristianos, confiando
totalmente en Jesucristo, y sabedores de la responsabilidad que tenemos de cara al
futuro de nuestra Nación, debemos disponernos a colaborar, junto a todos los hombres y
mujeres de buena voluntad, en la construcción de una sociedad más justa y solidaria,
que nos permita vivir de acuerdo con las exigencias de nuestra dignidad…” Y añaden
posteriormente: “Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor
armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes
orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros”
Siguiendo los mismos sentimientos de San Pablo nos exhortan: “No debemos
acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente,
como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida. El
problema de fondo está “en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los
pueblos”. Que nuestras fiestas patrias tengan un gran sentido cristiano y fraternal. Cuando perdonar es una fiesta catequesis Padre Antonio Pavia Domingo XXIV Ordinario
13/09/2026 | 59 minhttps://youtu.be/BZxAqD4CKMM?si=z3w0KdNFKmDTsR9D
Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35 .- XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
Perdón de las Ofensas
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Reflexión: "Cuando perdonar es una fiesta"
Pedro pregunta a Jesús si debe de perdonar hasta siete veces y este le dice que hasta setenta veces siete, es decir, siempre. Esta respuesta solo se entiende desde otras palabras de Jesús como: "De la abundancia del corazón habla la boca." (Lc 6,45)
Pedro tenía en su corazón la letra de la ley, que suele ser vencida por el propio ego, obstáculo para perdonar ofensas. Fijémonos en la abundancia del corazón de María al recibir el anuncio del Ángel: "Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28)
En la Escritura Gracia y Palabra son sinónimos; bien sabía pues que María estaba llena de la Gracia (Palabra de Dios), que escuchaba con su corazón, más que con su mente, en la sinagoga desde niña. De ahí que el Ángel le dijese a continuación: "El Señor está contigo"
Dios abundaba en su corazón por tanta Palabra guardada en él y por eso la Anunciación culminó con el broche de oro de la Fe: "Hágase en mí según su Palabra"
Cuando el corazón de Pedro se llenó del Evangelio de la Gracia (Hch 20, 24) ya estuvo en condiciones para perdonar siempre.
P. Antonio PavíaSanto Evangelio Diario 13 'septiembre XXIV Domingo Ordinario Mons Enrique Diaz Diaz
13/09/2026 | 9 minComo nosotros perdonamos
XXIV Domingo Ordinario
Sirácide (Eclesiástico) 27, 33-28, 9: “Perdona la ofensa a tu hermano para obtener tú
perdón”
Salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso”
Romanos 14, 7-9: “En la vida y en la muerte somos del Señor”
San Mateo 18, 21-35: Yo te digo que perdones no sólo siete veces, sino hasta setenta
veces siete”
Si el amor logra hazañas admirables, el odio arrastra a profundidades oscuras. Dos
grupos antagónicos se odian a muerte. Las agresiones, los orgullos, el recuento de las
ofensas, los ahogan, aunque son conscientes que se están destruyendo no es posible
alcanzar ningún consenso. Cada quien en su postura, proyectando peores venganzas,
sintiéndose agraviado y nadie con una mínima disposición para pedir o dar el perdón.
¿Reconciliación? En algún momento hasta se dieron la mano, pero todo quedó en
palabras y pronto volvieron las agresiones. El corazón del hombre se ciega por los
odios y los rencores y no le permite ver la insensatez de las venganzas. Se siente
agraviados y no miden sus ofensas. En momentos se dicen palabras que sonarían a
perdón, pero dichas con sarcasmo e ironía, producen los efectos contrarios. Y así
siguen los dos grupos, viviendo en la misma comunidad, pero destruyéndose,
mordiéndose, lastimándose aun sin proponérselo. Todo por no otorgar el perdón. Tanto en los tiempos de Jesús como en nuestro tiempo el corazón del ser humano está
tentado por el odio y la violencia. Las graves matanzas que estamos sufriendo y que
dicen son consecuencias de venganzas entre cárteles rivales, los terribles asesinatos y
los horrendos crímenes, no se pueden entender de personas con sentimientos
humanos, muchos menos cristianos. Cuando hay odio y rencor el sentimiento de
venganza atrapa nuestro corazón, se nubla la razón, se endurecen nuestras entrañas y
se cometen los más atroces actos. El odio y el rencor no sólo hacen daño a los otros,
sino nos hacemos daño a nosotros mismos. Es como un fruto que se pudre para que
otros no lo traguen, pero acaba podrido por dentro. Sólo el perdón auténtico, dado y
recibido, será capaz de transformar el mundo. Y no sólo en el plano meramente
individual; el odio, la violencia y la venganza como instrumentos para resolver los
grandes problemas de la humanidad están presentes también en el corazón del
sistema social vigente. Hay pueblos, naciones enteras, que se mueven por
sentimientos de odios y revanchas.
Quizás la más grande muestra del discípulo de Jesús sea el perdón o, en otras palabras,
el amor a los enemigos. Amar a los que nos aman y nos tratan con consideración no
tiene ninguna dificultad; pero amar a quien juzgamos que nos ha ofendido, requiere un
heroísmo grande y una grandeza de corazón. El perdón es un don, una gracia que
procede del amor y la misericordia de Dios. Pero exige abrir el corazón a la conversión,
es decir, a obrar con los demás según los criterios de Dios y no los del sistema vigente.
Sólo quien se sabe amado por Dios es capaz de amar gratuitamente a los demás, y sólo
quien ha experimentado la grandeza del perdón de Dios, será capaz de superar las
ofensas y dar de corazón el perdón. Es tratar a los demás como Dios nos ha tratado a nosotros, y muy al revés de lo que nosotros pretendemos cuando somos incapaces de
ofrecer siquiera un poquito de lo que hemos recibido. El ejemplo de Jesús es por demás
evidente: hemos recibido mil regalos de Dios: la vida, la salud, la familia, el tiempo… y
somos malagradecidos ofendiéndolo con nuestros pecados. Recibimos su perdón,
solamente porque nos ama. Pero por el contrario, nos sentimos muy indignados cuando
un hermano no nos ha ofrecido el saludo, no ha respetado nuestro derecho o nos ha
faltado en alguna cuestión. No hay proporción entre el amor que Dios nos otorga y el
perdón que debemos ofrecer.
Más podcasts de Religión
Podcasts a la moda de Religión
Acerca de Podcast Catolicos en Camino
; 🎧 Este podcast es un proyecto sin fines de lucro, con fines catequéticos. Todo el contenido se comparte con respeto
Contenido con fines espirituales y formativos. No sustituye acompañamiento pastoral ni profesional. En caso de reclamo, el material será retirado.
> Content is for spiritual and educational purposes. It does not replace pastoral or professional guidance. In case of a claim, the material will be removed.
🎙️ Aviso importante para nuestros oyentes:
"Católicos en Camino" es un espacio de evangelización y formación espiritual sin fines de lucro. Todo el contenido es compartido
Sitio web del podcastEscucha Podcast Catolicos en Camino, Conservando la Fe y muchos más podcasts de todo el mundo con la aplicación de radio.net

Descarga la app gratuita: radio.net
- Añadir radios y podcasts a favoritos
- Transmisión por Wi-Fi y Bluetooth
- Carplay & Android Auto compatible
- Muchas otras funciones de la app
Descarga la app gratuita: radio.net
- Añadir radios y podcasts a favoritos
- Transmisión por Wi-Fi y Bluetooth
- Carplay & Android Auto compatible
- Muchas otras funciones de la app


Podcast Catolicos en Camino
Escanea el código,
Descarga la app,
Escucha.
Descarga la app,
Escucha.















