La revelación de la voz no es simplemente escuchar un sonido, es discernir la intención y el peso espiritual detrás de lo que Dios comunica. Su voz no solo informa, transforma; no solo instruye, alinea el corazón y redefine el rumbo. Cuando la voz es revelada, el temor se disipa, la confusión se ordena y el propósito cobra claridad, porque donde Dios habla, algo se activa y algo cambia en el interior.