Ser llamado a vivir como un hombre es asumir el diseño de Dios con responsabilidad y humildad. No es ausencia de lucha, sino presencia de convicción; no es dureza del corazón, sino firmeza en la fe. Dios forma hombres que saben escuchar, obedecer y actuar con sabiduría, entendiendo que el liderazgo comienza en el interior.