En este episodio nos sentamos a la mesa de Simón el fariseo, el hombre que invita a Jesús a su casa… pero nunca termina de recibirlo.
Una escena elegante, correcta, religiosamente impecable. Y, sin embargo, en medio de esa aparente perfección, irrumpe una mujer que rompe todos los esquemas: una pecadora que llora, que unge, que ama sin medida.
¿Por qué Simón ve a una pecadora… mientras Jesús ve a una mujer que ama?
¿Qué revela esta incomodidad sobre nuestras propias categorías, juicios y filtros?
¿Y cómo podemos estar cerca de Jesús… sin realmente dejarnos tocar por Él?
Más que una crítica al fariseo, esta historia es un espejo incómodo: el riesgo de una fe correcta pero fría, estructurada pero cerrada, presente pero incapaz de reconocer el amor cuando aparece de forma inesperada.
Acompáñanos a entrar en esta escena donde se cruzan el juicio y la misericordia, la apariencia y la verdad.
Porque a veces, el problema no es invitar a Jesús a nuestra vida… sino no dejarlo cambiar la manera en que miramos.