¿De verdad fue Dios quien te habló… o solo fue un deseo, una emoción o una presión del momento?
Oír la voz de Dios no es cuestión de intuición ni de impulsos espirituales; es un aprendizaje que se afina con el tiempo, la obediencia y la relación constante con Él. Así como los navegantes se guían por luces alineadas para no encallar, también necesitamos señales claras para confirmar que lo que creemos haber oído viene realmente del Señor.
La voz de Dios siempre se alinea con su Palabra, produce paz en el corazón y es confirmada por el Espíritu Santo, las circunstancias y los consejos correctos. Cuando algo viene de Dios no genera afán, presión ni confusión, sino descanso, claridad y dirección. Aprender a distinguir su voz de la voz de la carne o del engaño espiritual es clave para tomar decisiones sabias sobre relaciones, trabajo, llamados y propósito.
Dios sigue hablando hoy, pero escucharle requiere sensibilidad, práctica y un corazón dispuesto a obedecer, aun cuando su voz confronte o nos saque de nuestra comodidad.
🎯 ¿Estás afinando tu oído para escuchar a Dios… o solo estás buscando que Él confirme lo que ya decidiste?