La envidia es la tristeza por el bien ajeno, una "carcoma" que destruye la felicidad y nace del egocentrismo. El relato bíblico de José ilustra su peligro extremo: la envidia de sus hermanos por la túnica y el amor de su padre les impidió "hablarle con paz", llevándolos a planear su muerte y finalmente a venderlo como esclavo. Este pecado ciega al envidioso, quien siente que el brillo del otro (como el de José) disminuye su propia excelencia. El remedio es la humildad para aceptar el proyecto único que Dios tiene para cada uno y la magnanimidad para alegrarse sinceramente de los éxitos de los demás.