¿Has vivido alguna temporada en la que, después de una batalla o incluso una victoria, sentiste que tus fuerzas desaparecieron?
La historia de Elías nos recuerda que el desánimo no tiene por qué definir nuestro destino.
Dios sigue encontrando a Sus hijos debajo de sus enebros, restaurando corazones cansados y demostrando que aún queda camino por recorrer.