A veces nos duele cuando Dios dice “no”. Nos frustramos porque no entendemos por qué una puerta se cerró, por qué un plan no funcionó o por qué algo que deseábamos tanto no llegó a nuestras manos.
Pero con el tiempo comprendemos que muchos de esos “no” eran también protección. Dios ve lo que nosotros no vemos. Él conoce caminos que terminarían hiriéndonos, distracciones que nos alejarían de nuestro propósito o decisiones que traerían más dolor que paz.
Cuando las cosas parezcan ir mal, recuerda esto: no todo rechazo es abandono. A veces, el “no” de Dios es una expresión de Su cuidado, guiándonos lejos de lo que podría destruirnos y acercándonos a algo mejor dentro de Su voluntad.
Fernando Arias