NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
DOMINGO, 25 DE ENERO
MOSTRAMOS LO QUE DIOS PRODUCE
Mientras Jesús, nuestro intercesor, suplica por nosotros en el cielo, el Espíritu Santo trabaja para obrar en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad. Todo el cielo está interesado en la salvación del creyente. Entonces, ¿qué razón tenemos para dudar de que el Señor quiere ayudarnos, y que lo hará? Si enseñamos a la gente, nosotros mismos debemos tener una conexión vital con Dios. En espíritu y en palabra deberíamos ser para los demás un manantial, porque Cristo es en nosotros una fuente de agua que salta para vida eterna. La tristeza y el dolor podrán probar nuestra paciencia y nuestra fe, pero el brillo de la presencia del Invisible estará con nosotros; por eso debemos esconder el yo detrás de Jesús.
En la iglesia hablen de valor; eleven a los presentes en oración. Díganles que cuando sienten que han pecado, y que no pueden orar, ése es precisamente el momento para suplicar. Muchos se sienten humillados por sus fracasos porque han sido vencidos en lugar de vencer al enemigo. La mundanalidad, el egoísmo y la naturaleza carnal los han debilitado, y piensan que no vale la pena acercarse a Dios. Este pensamiento es una de las sugerencias del enemigo. Pueden estar avergonzados, y profundamente humillados, pero deben orar y creer. Cuando confiesan sus pecados, el que es fiel y justo los perdonará y los limpiará de toda iniquidad. Aunque la mente pueda divagar durante la oración, no se desanimen, tráiganla de vuelta al trono y no abandonen el propiciatorio hasta que hayan alcanzado la victoria.
¿Piensan que la victoria de ustedes será demostrada por una fuerte emoción? No; "esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe". 1 Juan 5:4. El Señor conoce el deseo de ustedes; por fe manténganse cerca de él, y esperen recibir el Espíritu Santo.
La función del Espíritu es orientar todos nuestros ejercicios espirituales. El Padre nos ha dado a su Hijo para que por su intermedio el Espíritu Santo pudiera venir a nosotros a fin de conducirnos al Padre. Mediante el instrumento divino, tenemos el Espíritu de intercesión por el cual podemos suplicar a Dios, así como un hombre le pide algo a un amigo (Recibiréis poder, 8 de diciembre, p. 353).
Cristo ha hecho posible que cada miembro de la familia humana pueda resistir la tentación. Los que estén dispuestos a vivir vidas piadosas podrán vencer como Cristo venció.
Para hacer nuestra la gracia de Dios, debemos desempeñar nuestra parte. Dios no se propone llevar a cabo en lugar de nosotros el querer ni el hacer. Su gracia es dada para obrar en nosotros el querer y el hacer, pero nunca como sustituto de nuestro esfuerzo. Nuestras almas deben ser despertadas a este trabajo de cooperación. El Espíritu Santo obra en nosotros para que podamos obrar nuestra propia salvación... Las refinadas cualidades mentales y el elevado tono de carácter moral no son frutos de la casualidad. Dios da oportunidades; el éxito depende del uso que se ha hecho de ellas. Es necesario discernir prestamente las puertas que abre la Providencia y entrar ansiosamente por ellas. Hay muchos que podrían llegar a ser hombres poderosos si, como Daniel, dependiesen de Dios para recibir gracia para vencer, y fuerza y eficiencia para hacer su trabajo (La maravillosa gracia de Dios, 13 de abril, p. 111).