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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2026
Narrado por: Eddie Rodriguez
Desde: Guatemala, Guatemala
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
MIÉRCOLES 03 DE JUNIO
GRACIA SUFICIENTE
Cuando sentimos el peso de nuestro pecado y permitimos que el Espíritu Santo nos conduzca al pie de la Cruz, debemos pedir el perdón de Dios, pues “compasivo y clemente es el Señor, lento para enojarse y grande en amor” (Sal. 103:8). Este mismo versículo fue pronunciado por Dios mismo (Éxo. 34:6) después de que su nación elegida lo hizo entristecer.
Lee Éxodo 34:1 al 10. ¿Qué verdad crucial se encuentra aquí?
El hecho de que el Señor sea bondadoso, lento en airarse y abundante en misericordia es también la razón por la que Jesús murió en la Cruz, para que nuestra relación con él pudiera restablecerse.
Cuando estamos dispuestos a reconocer y confesar nuestro pecado, y decimos: “Señor, aquí estoy de nuevo...” “Ten compasión de mí, que soy pecador” (Luc. 18:13), Jesús, quien obra en nosotros y por nosotros mediante el Espíritu Santo antes de que se lo pidamos, quita de nosotros el peso que nos agobia. Nuestras cargas son aliviadas en el Calvario y Jesús está sin duda muy cerca cuando acudimos a él. Nos busca incluso antes, como el buen Pastor, y está a la puerta llamando (Apoc. 3:20). No permanezcamos lejos de la Cruz, mirando a Dios desde lejos. Corramos hacia Jesús y permitamos que él reemplace nuestros pecados y cargas por su justicia (Zac. 3:4).
Lee detenidamente los siguientes versículos y registra por escrito con tus propias palabras lo que te dicen acerca de la gracia de Dios disponible para ti:
• “Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23).
• “Pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así la gracia reine para vida eterna mediante la justicia de Jesucristo, Señor nuestro” (Rom. 5:20, 21).
• “Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8).