NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
MARTES, 09 DE JUNIO
JOB
Cuando la depresión le sobreviene al alma no da evidencia de que Dios haya cambiado. Él es "el mismo, ayer, y hoy, y por los siglos". Hebreos 13:8. Estáis seguros del favor de Dios cuando sois sensibles a los rayos del Sol de Justicia; pero si las nubes ocultan vuestra alma, no debéis pensar que estáis olvidados. Vuestra fe debe horadar las tinieblas. Vuestros ojos deben ser puros, y todo vuestro cuerpo estará lleno de luz. Debéis mantener ante la mente las riquezas de la gracia de Cristo. Atesorad las lecciones que proporciona su amor. Que vuestra fe sea como la de Job, para que podáis decir: "Aunque me matare, en él esperaré"...
Las experiencias más angustiosas en la vida del cristiano pueden ser las más benditas. Las providencias especiales para las horas de tinieblas pueden animar al alma en los futuros ataques de Satanás, y dotar al siervo de Dios para permanecer en las fieras pruebas. La prueba de vuestra fe es más preciosa que el oro. Debéis poseer esa perdurable confianza en Dios que no es perturbada por las tentaciones y los argumentos del engañador. Confiad en la palabra del Señor. Debéis estudiar las promesas, y apropiaros de ellas a medida que tengáis necesidad. "La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios". Romanos 10:17...
La fe es la que familiariza el alma con la existencia y la presencia de Dios; y cuando vivimos con un ojo atento a su gloria, discernimos más y más la hermosura de su carácter. Nuestras almas se fortalecen en el poder espiritual, porque respiramos la atmósfera del cielo, y, comprendiendo que Dios está a nuestra mano derecha, no seremos conmovidos... Deberíamos vivir como si estuviéramos en la presencia del Infinito...
La sabiduría divina ordenará los pasos de aquellos que colocan su confianza en el Señor. El amor divino los rodeará, y comprenderán la presencia del Consolador, el Espíritu Santo (Nuestra elevada vocación, 14 de noviembre, p. 326).
A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida.
En el día de su aflicción y tinieblas, el fiel Job declaró:...
«Mi alma... quiso la muerte más que mis huesos. Aburríme: no he de vivir yo para siempre; Déjame, pues que mis días son vanidad».
Pero aunque Job estaba cansado de la vida, no se le dejó morir. Le fueron recordadas las posibilidades futuras, y se le dirigió un mensaje de esperanza:
«Serás fuerte y no temerás: Y olvidarás tu trabajo, O te acordarás de él como de aguas que pasaron... »
Desde las profundidades del desaliento, Job se elevó a las alturas de la confianza implícita en la misericordia y el poder salvador de Dios. Declaró triunfantemente: «He aquí, aunque me matare, en él esperaré» (Profetas y reyes, pp. 119, 120).