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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MUJERES 2026
“SUBLIME BELLEZA”
Narrado por: Sirley Delgadillo
Desde: Bucaramanga, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
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|| www.drministries.org ||
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26 de Marzo
La droga de la victimización
¡Ahora veo por qué todos ustedes conspiran contra mí! [...]. Nadie se ha tomado la molestia de avisarme que mi propio hijo instiga a uno de mis súbditos a que se subleve y me aceche, como en realidad está pasando (1 Samuel 22:8).
El rey Saúl tenía celos enfermizos de David. Sentía pena de sí mismo, había comenzado a culpar a todos por su propio fracaso y se había empeñado en capturar a David. En su reclamo ofensivo, avergonzó a los miembros de su tribu porque no le habían informado acerca de su rival. También acusó a su propio hijo de traidor y amenazó con matarlo. Así de grande era su desequilibrio.
La victimización es una droga. Primero, porque nos pone en un estado de miseria: "¡No soy nada! ¡No tengo nada!". Segundo, porque nos acomoda a una vegetativa dependencia del otro para estar bien. Condicionamos nuestro estado de espíritu con las actitudes del otro: "Estoy así porque él me dijo eso". Tercero, porque es adictivo. De justificativa en justificativa, de culpar en culpar a alguien, coleccionamos bastones adictivos, en un ciclo. que termina en fracaso.
Hay padres, amigos y líderes que no perciben cuánto están condicionando a hijos, amigos y otros con fracaso, por ofrecerles exceso de misericordia. Esto ya no es más misericordia, sino, más bien, connivencia, complicidad. Más allá de la misericordia, deberíamos lograr que las personas sean incentivadas a ir a la lucha, a levantarse y actuar, a desarrollar autonomía, a aprender con el fracaso.
La autoconmiseración, la victimización y la complicidad son formas limitantes de vivir y de influir en alguien.
El que se siente víctima necesita reconocer su condición y substituir esas creencias mentirosas por creencias verdaderas, e insistir en romper ese vicio. Es necesario considerar que nadie realmente alcanzará el éxito sin ser osado, sin fracasar, sin insistir, sin creer que puede vencer y que puede aprender de sus propios errores.
En el diario vivir hay momentos de decepción con alguien o algo, de tristeza, de introspección y de lágrimas. Eso está en el guion de todos nosotros y no es victimización, sino apropiarse de esa situación, apagar el motor y detenerse en ese estacionamiento es una decisión; tú eliges eso. ¿Alguien te dijo algo despectivo? Tú eliges tomarlo en serio o no, creer o no.
El Creador no espera nada menos que nuestra victoria, porque fue para eso que nos hizo, y por eso insiste diariamente en capacitarnos. ¡No aceptes jamás ser una víctima, asume tu papel de vencedora!