NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
MIÉRCOLES, 28 DE ENERO
UN CARÁCTER PROBADO
Pablo amaba a Timoteo, su "hijo en la fe". 1 Timoteo 1:2. El gran apóstol sondeaba a menudo al discípulo más joven, preguntándole en cuanto a la historia bíblica: y al viajar de lugar en lugar, le enseñaba cuidadosamente cómo trabajar con éxito. El afecto entre Pablo y Timoteo comenzó con la conversión de Timoteo: el lazo se había fortalecido a medida que compartían las esperanzas, los peligros y los trabajos de la vida misionera, hasta que parecían ser uno. La disparidad de sus edades y la diferencia de sus caracteres hicieron más ferviente su mutuo amor. El espíritu ardiente, celoso e indomable de Pablo encontró reposo y ánimo en la disposición apacible, complaciente y discreta de Timoteo. El servicio fiel y el amor tierno de su sufrido compañero alegraron más de una hora oscura de la vida del apóstol... Todo lo que un hijo puede ser hacia un padre amado y respetado, lo fue el joven Timoteo para el sufrido y solitario Pablo.
Pablo amaba a Timoteo porque Timoteo amaba a Dios. Su cono-cimiento inteligente de la piedad experimental y de la verdad le daba distinción e influencia. La piedad y la influencia de su vida hogareña no eran de baja categoría, sino puras, sensatas, y no corrompidas por falsos sentimientos... La Palabra de Dios era la regla que guiaba a Timoteo... Su mente se espaciaba en las ideas del orden más elevado posible.
Quienes lo instruían en su hogar cooperaban con Dios al educar a ese joven para soportar las cargas que le serían impuestas a temprana edad.
En su trabajo, Timoteo buscaba constantemente el consejo y la instrucción de Pablo. No actuaba por impulso, sino con reflexión y serenidad... El Espíritu Santo encontraba en él uno que podía ser amoldado y modelado como un templo para la morada de la divina Presencia.
Las lecciones de la Biblia, al entretejerse en la vida diaria, tienen una profunda y perdurable influencia en el carácter. Estas lecciones las aprendía y practicaba Timoteo (Conflicto y valor, 6 de diciembre, p. 346).
Vemos la ventaja que tuvo Timoteo al recibir un ejemplo correcto de piedad y verdadera santidad. La religión era la atmósfera de su hogar. El poder espiritual manifiesto de la piedad en el hogar preservó la pureza de su lenguaje y lo mantuvo libre de todo sentimiento corruptor. Dios había ordenado a los hebreos que enseñaran a sus hijos lo que él requería y que les hicieran saber cómo había obrado con sus padres. Este era uno de los deberes especiales de todo padre de familia, y no debía ser delegado a otra persona. En vez de permitir que lo hicieran labios extraños, debían los corazones amorosos del padre y de la madre instruir a sus hijos. Con todos los acontecimientos de la vida diaria debían ir asociados pensamientos referentes a Dios. Las grandes obras que él había realizado en la liberación de su pueblo, y las promesas de un Redentor que había de venir, debían relatarse a menudo en los hogares de Israel... Las grandes verdades de la providencia de Dios y la vida futura se inculcaban en la mente de los jóvenes. Se la educaba para que pudiera discernir a Dios tanto en las escenas de la naturaleza como en las palabras de la revelación. Las estrellas del cielo, los árboles y las flores del campo, las elevadas montañas, los riachuelos murmuradores, todas estas cosas hablaban del Creador. El servicio solemne de sacrificio y culto en el Santuario y las palabras pronunciadas por los profetas, eran una revelación de Dios (Conflicto y valor, 5 de diciembre, p. 345).