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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
“POR SU GRACIA”
Narrado por: Exyomara Avila
Desde: Bogotá, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
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|| www.drministries.org ||
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15 de Abril
Glorificad a Dios en vuestro cuerpo
«Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:20).
Se ha hablado mucho de las avenidas del alma; estas son las vías por donde puedes cuidar tu cuerpo para honrar a Dios. El pecado entra como tentación, esperando encontrar respuesta en tu cerebro por medio de estas vías.
Cuando se habla de pecado, se debiera hablar de las ocasiones en las que el Enemigo intenta separarte de tu Creador, porque al separarte de él estás a su merced, cometiendo toda clase de impurezas pecaminosas. Cuando has dejado a Dios de lado, tu cuerpo se deleita en hacer lo que le es natural: pecar.
Los ojos, el tacto, el gusto, el oído y el olfato son las entradas de la tentación para pecar. Empezando por los ojos, lo que ves se traduce por el cerebro como posibilidades para hacer lo indebido. El Enemigo se ha encargado de cubrir casi todo con una carga muy fuerte de erotismo, por lo que la mayoría de las imágenes que perciben los ojos son invitaciones a pecar.
El gusto sigue siendo un arma bien utilizada por el Enemigo para inducirte a disfrutar sin importar las consecuencias. Naturalmente, cuando enfrentas las consecuencias, te arrepientes más por el dolor y por el estupor que por el deseo de obedecer a Dios.
La escucha es la avenida preferida para tentar a algunas mujeres. Los oídos, también conectados con el habla en ocasión, son una tentación casi irresistible para muchas mujeres que no pueden dejar de mentir o de propagar las últimas «noticias». El olfato, aunque aparenta ser el menos usado, todavía sigue siendo una avenida bien explotada para el pecado, en especial con relación al consumo de algunos narcóticos.
El apóstol resalta el hecho de cuidar tu cuerpo para honrar a Dios sin caer en el adulterio ni en el homosexualismo, algo que también lleva a su corrupción. La palabra dice que quien se corrompe de esta forma contra sí mismo peca.
La gratificación carnal es una adicción difícil de vencer. Las reacciones químicas que entran en juego con el dopaje sexual son casi irresistibles. Se puede razonar y llegar a la conclusión de que es natural, que se debe disfrutar, pero en el fondo sabes que estás degradando tu cuerpo, destruyendo la conciencia que, influida por el Espíritu Santo, te amonesta a abandonar el pecado para no pecar contra Dios.
Mantenerse libre de estas imágenes, gustos, sensaciones y sentimientos, solo se logra con ayuda del Espíritu Santo. El ser humano no puede ni podrá permanecer limpio por sí mismo, pero Dios sí puede purificarlo. Él está dispuesto a ayudarte a triunfar sobre la tentación. Entre más resistes, más fuerte te hace, porque todo es por su gracia. Sin Jesús nada es posible y con él la victoria está asegurada. Honrar a Dios con tu cuerpo es posible en su nombre.