NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
MARTES, 12 DE MAYO
JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR
Cristo no dio esta oración (el Padrenuestro, Lucas 11:2-4) para que los hombres la repitieran como mera fórmula. La dio como una ilustración de lo que debieran ser nuestras oraciones: sencillas, fervientes y abarcantes. Se ofrecen muchas oraciones sin fe. Se usa un conjunto ordenado de palabras, pero carecen de una verdadera insistencia. Estas oraciones son dudosas y vacilantes. No proporcionan alivio a aquellos que las ofrecen, ni tampoco consuelo y esperanza a los demás. Se ofrece la forma de la oración, pero se carece del espíritu, lo cual demuestra que el peticionante no siente su necesidad... Aprended a hacer oraciones cortas y al punto, pidiendo justamente lo que necesitáis. Aprended a orar en voz alta cuando únicamente Dios puede oíros. No ofrezcáis simulacros de oración, sino peticiones fervientes y sentidas que expresen el hambre del alma por el pan de vida. Si oráramos más en secreto, seríamos capaces de orar con más inteligencia en público. Se terminarían esas oraciones dudosas y vacilantes. Y cuando nos uniéramos con nuestros hermanos en el culto público, podríamos añadir interés a la reunión, porque llevaríamos con nosotros algo de la atmósfera del cielo, y nuestro culto sería una realidad y no una mera fórmula... Si el alma no se derrama en oración en el lugar secreto y mientras está empeñada en los negocios del día, lo pondrá de manifiesto en el culto de oración... La vida del alma depende de la comunión habitual con Dios. Sus necesidades se manifiestan y el corazón se abre para recibir nuevas bendiciones. La gratitud fluye de los labios verdaderos, y el alivio que se recibe de Jesús se manifiesta en las palabras, en las obras de bondad activa y en la devoción pública. Hay amor a Jesús en el corazón; y donde existe el amor, no será reprimido, sino que se expresará a sí mismo. La oración secreta sustenta esta vida interior. El corazón que ama a Dios deseará tener comunión con él, y confiará en él con una santa confianza. Aprendamos a orar con inteligencia, expresando nuestros pedidos con claridad y precisión. Oremos... como sintiendo lo que pedimos. "La oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho". Santiago 5:16 (Nuestra elevada vocación, 4 de mayo, p. 132). Cristo estaba continuamente recibiendo del Padre a fin de poder impartírnoslo. "La palabra que habéis oído —dijo él—, no es mía, sino del Padre que me envió". "El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir". Juan 14:24; Mateo 20:28. Él vivió, pensó y oró, no para sí mismo, sino para los demás. De las horas pasadas en comunión con Dios él volvía mañana tras mañana, para traer la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo. En las primeras horas del nuevo día, Dios lo despertaba de su sueño, y su alma y sus labios eran ungidos con gracia para que pudiese impartir a los demás. Sus palabras le eran dadas frescas de las cortes del cielo, para que las hablase en sazón al cansado y oprimido. Él dice: "El Señor Jehová me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; despertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios". Isaías 50:4. Los discípulos de Cristo estaban muy impresionados por sus oraciones y por su hábito de comunicación con Dios. Un día, tras una corta ausencia del lado de su Señor, lo encontraron absorto en una súplica. Al parecer inconsciente de su presencia, él siguió orando en voz alta. Los corazones de los discípulos quedaron profundamente conmovidos. Cuando terminó de orar, exclamaron: "Señor, enséñanos a orar" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 105).