NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
LUNES, 02 DE MARZO
ARRAIGADOS Y CRECIENDO EN CRISTO
De las lecciones casi innumerables enseñadas por los diversos procesos del crecimiento, algunas de las más preciosas son transmitidas por medio de la parábola del crecimiento de la semilla, dada por el Salvador...
La semilla lleva en sí un principio de germinación, implantado por Dios; sin embargo, abandonada a sí misma, no tendría poder para brotar. El hombre tiene que hacer su parte para estimular el crecimiento del grano, pero fuera de eso, no puede hacer nada. Debe depender de Aquel que ha ligado la siembra y la siega con los eslabones maravillosos de su poder omnipotente.
Hay vida en la semilla, hay poder en el suelo, pero a menos que el poder infinito trabaje día y noche, la semilla no dará fruto. Las lluvias deben refrescar los campos sedientos; el sol debe impartir calor; la electricidad debe llegar hasta la semilla enterrada. Solo el Creador puede llamar a existencia la vida que él ha implantado. Toda semilla crece y toda planta se desarrolla por el poder de Dios...
La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una figura del desarrollo del carácter. No puede haber vida sin crecimiento.
La planta crece, o muere. Del mismo modo que su crecimiento es silencioso, imperceptible pero continuo, así es también el crecimiento del carácter. En cualquier etapa del desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; sin embargo, si se cumple el propósito de Dios para con nosotros, habrá un progreso constante.
La planta crece porque recibe lo que Dios ha provisto para mantener su vida. Del mismo modo se logra el crecimiento espiritual por medio de la cooperación con los agentes divinos. Así como la planta se arraiga en el suelo, nosotros debemos arraigarnos en Cristo. Así como la planta recibe la luz del sol, el rocío y la lluvia, nosotros debemos recibir el Espíritu Santo. Si nuestros corazones se apoyan en Cristo, él vendrá a nosotros "como la lluvia tardía y temprana a la tierra". Como el Sol de justicia, se levantará sobre nosotros, "y en sus alas traerá salud". Floreceremos "como lirio". Seremos "vivificados como trigo", y floreceremos "como la vid". Oseas 6:3; Malaquías 4:2; Oseas 14:5, 7 (God's Amazing Grace, p. 197; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 8 de julio, p. 197).
El cristiano es comparado al cedro del Líbano. He leído que este árbol hace más que enviar unas pocas raíces a la tierra blanda. Implanta profundamente en la tierra sus fuertes raíces, y cada vez las extiende más lejos en busca de una posición todavía más fuerte. Y cuando se desata la fiera tempestad, permanece firme, sostenido por su raigambre. También el cristiano se arraiga profundamente en Cristo. Tiene fe en su Redentor. Sabe en quién ha creído. Está plena-mente persuadido de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de los pecadores... Las raíces de la fe se extienden cada vez más. Los cristianos genuinos, como el cedro del Líbano, no crecen en una tierra blanda y superficial, sino que están arraigados en Dios, asegurados en las grietas de las rocas de la montaña (Nuestra elevada vocación, 21 de noviembre, p. 333).