====================================================
SUSCRIBETE
https://www.youtube.com/channel/UCNpffyr-7_zP1x1lS89ByaQ?sub_confirmation=1
====================================================
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2026
Narrado por: Eddie Rodriguez
Desde: Guatemala, Guatemala
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
LUNES 22 DE JUNIO
FINALMENTE, CARA A CARA
Fuimos creados para estar cerca de Dios (Gén. 2:7). Desde que entró el pecado, el Señor lo ha dado todo para restaurar nuestra relación rota con él (Juan 3:16). Ha puesto el anhelo de eternidad en nuestros corazones, aunque los seres humanos no podamos comprender completamente todo lo que Dios ha hecho (Ecl. 3:11). Somos parte del gran conflicto que se libra a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Sin embargo, no solemos detenernos lo suficiente a considerar el gran costo que ha significado para Dios la restauración de la relación que él desea tener con nosotros. Demasiado absortos en nuestras luchas y pruebas terrenales, olvidamos a menudo que “nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo, quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí” (Fil. 3:20, 21).
Sabemos que un día aparecerá una pequeña nube blanca en el cielo, sobre la cual veremos a “uno sentado semejante al Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda” (Apoc. 14:14). Jesús estará acompañado por miles de ángeles (Mat. 25:31) y todo ojo lo verá (Apoc. 1:7). Cuando descienda, oiremos su voz semejante a un toque de trompeta, y quienes durmieron en Cristo resucitarán primero (1 Tes. 4:16) y reconocerán la voz de aquel que los llama (Juan 5:28).
¿Qué ocurrirá luego? Lee 1 Tesalonicenses 4:17. Lo que Pablo describe en Filipenses 2:10 y 11 resonará finalmente en todo el universo.
¡Qué pensamiento tan asombroso y magnífico! Un día veremos a Jesús, oiremos su voz y confesaremos que él es el Señor, aquel de quien hemos leído, en cuyo nombre hemos orado y de quien hemos hablado a otros. Veremos cara a cara a aquel a quien nuestros corazones han anhelado. Podemos estar seguros de ello, porque Dios es fiel y sus promesas son verdaderas (Apoc. 22:6).
En ese momento, cuando suene la trompeta, cuando todo ojo vea a Jesús y los redimidos contemplemos su rostro, sabremos que la espera, junto con cada oración perseverante, cada momento de comunión con él, cada testimonio audaz dado acerca de él y cada prueba valieron la pena y no fueron en vano (Apoc. 22:4).