Siempre se pensó que era la estrella la que mandaba: su gravedad, su radiación, su campo magnético, todo volcado sobre los planetas que la rodean. Pero dieciséis años de observaciones espectroscópicas de alta resolución acaban de demostrar lo contrario: un planeta puede alterar el comportamiento de su estrella. El estudio, publicado en Science, lo firma el Instituto de Astrofísica de Andalucía.
Recibimos a Daniel Revilla, investigador del IAA-CSIC y primer autor del trabajo, y a Pedro J. Amado, coautor del estudio. Nos cuentan cómo GJ 436 b, un Neptuno cálido que orbita muy cerca de su estrella de baja masa, inyecta energía en la cromosfera estelar a través de la interacción entre sus campos magnéticos, generando un fenómeno comparable a las auroras terrestres, pero a escala de estrella. Esta interacción, detectable solo en 2008, 2016 y 2024 —cada ocho años, coincidiendo con el ciclo de actividad magnética de GJ 436—, ha permitido estimar por primera vez la intensidad del campo magnético de un exoplaneta de este tipo: entre 2,33 y 27 veces la de Júpiter. Los datos proceden de CARMENES, el espectrógrafo instalado en el Observatorio de Calar Alto y coliderado por el propio IAA-CSIC, y de HARPS. Con Duque de Champán hablamos de cómics y electromagnetismo.
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