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Primero Dios, con Gerardo Farías

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Primero Dios, con Gerardo Farías
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  • Primero Dios, con Gerardo Farías

    1 CORINTIOS 6 - FUIMOS COMPRADOS POR PRECIO

    09/10/2026 | 7 min
    “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
    En 1 Corintios 6, Pablo confronta a una iglesia que había comenzado a confundir la libertad cristiana con el derecho a vivir según sus propios deseos. Algunos creyentes justificaban conductas que no correspondían con su nueva identidad en Cristo. Por ejemplo, todavía habían hermanos que seguían cometiendo fraudes...y lo hacían a otros hermanos. Y para colmo, estaban llevando estos casos a los tribunales romanos. Otros, seguían viviendo en pecados sexuales. Por eso, Pablo les recuerda una verdad fundamental: nuestra vida ya no nos pertenece, porque hemos sido comprados por un precio muy alto: la sangre de Jesucristo. Y además, Dios puso su Santo Espíritu en nuestros corazones. La salvación no solamente cambia nuestro destino eterno; también debe transformar nuestra manera de vivir. Nuestras decisiones, nuestras relaciones y aun la manera en que cuidamos nuestro cuerpo deben reflejar que pertenecemos al Señor. Pablo también recuerda a los corintios que algunos de ellos habían vivido en el pecado, pero ahora habían sido lavados, santificados y justificados en el nombre de Jesús (vers. 11). ¡Qué maravillosa transformación! Dios no solamente perdona nuestro pasado, sino que nos llama a vivir una vida diferente. La verdadera libertad cristiana no consiste en hacer todo lo que queremos, sino en aprender a vivir conforme a la voluntad de Aquel que nos redimió. Hoy vale la pena preguntarnos: ¿Estoy glorificando a Dios con mis decisiones? ¿Hay algo en mi vida que no ha cambiado, y necesito entregársela al Señor?
    Oremos: Señor, gracias porque me has comprado con la preciosa sangre de Jesús. Ayúdame a recordar cada día que te pertenezco. Que mis pensamientos, mis decisiones y mis acciones glorifiquen tu nombre. Amén.
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    1 CORINTIOS 5 - NO TOLEREN EL PECADO DENTRO DE LA IGLESIA

    08/10/2026 | 5 min
    La iglesia de Corinto enfrentaba un grave problema: uno de sus miembros vivía abiertamente en pecado, y lo más preocupante era que la congregación lo toleraba sin mostrar preocupación. Es más, parecían jactarse de ellos, como si fuera una virtud el ser tolerantes con tal aberración. Pablo les recuerda que el pecado no puede tratarse con indiferencia: “¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” (1 Corintios 5:6). Así como una pequeña cantidad de levadura afecta toda la masa, el pecado que se tolera y no se confronta puede terminar afectando a toda la comunidad de creyentes. Sin embargo, el propósito de Pablo no era promover una iglesia que condenara a los pecadores, sino una iglesia que tomara en serio la santidad y la restauración espiritual. La disciplina cristiana no tiene como propósito lastimar o simplemente herir, sino de corregir con amor y debe mostrar el deseo de recuperar a quien se ha apartado del Señor. En medio de esta exhortación, Pablo presenta una hermosa verdad: “Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (vers. 7). Nuestra pureza no comienza con nuestros esfuerzos, sino con el sacrificio de Jesús. Él nos limpia, nos perdona y nos llama a vivir una vida nueva. Él nos llama a dejar a trás nuestro pasado pecaminoso, para vivir una vida nueva con Él. Una iglesia que ama verdaderamente no ignora el pecado, pero tampoco abandona al pecador. La gracia de Cristo nos enseña a mantenernos firmes en la verdad, sin perder la misericordia.
    Oración: Señor, ayúdanos a vivir en santidad, a no acostumbrarnos al pecado y a tratar con amor a quienes necesitan ser restaurados. Que nuestra iglesia refleje siempre tu verdad y tu gracia. Amén.
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    1 CORINTIOS 4 - SEAMOS FIELES, Y NO ORGULLOSOS

    07/10/2026 | 7 min
    En el capítulo de hoy, el apóstol Pablo nos recuerda que el ministerio no se trata de lucirse y buscar sentirse mejor que el resto, sino de ser fieles en el uso de nuestros dones. Pablo dice: “Que todos nos consideren servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:1-2). La iglesia de Corinto estaba demasiado preocupada por comparar líderes: quién predicaba mejor, quién tenía más autoridad, quién parecía más espiritual. Pablo corta ese pensamiento de raíz. Él no se presenta como una celebridad religiosa, sino como un siervo y administrador. Lo que tiene no le pertenece; le fue confiado por Dios.
    Luego añade algo muy importante: “El que me juzga es el Señor” (v. 4). Esto no significa que nuestras acciones no puedan ser evaluadas. Significa que el juicio definitivo sobre nuestra vida y ministerio no depende de los aplausos ni de las críticas humanas. Dios conoce las motivaciones que nadie más ve. Y Pablo hace una pregunta demoledora: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (v. 7). Talento, oportunidades, conocimiento, influencia, dones espirituales: todo lo hemos recibido de Dios. Y debemos usarlo para Dios y para su obra. Por eso no hay lugar para el orgullo ni para la soberbia. La enseñanza central podría resumirse así: Dios no nos pide ser impresionantes; nos pide ser fieles. Es posible que sientas que otros no reconozcan lo que haces, o quizás sientas que no estás recibiendo el  reconocimiento que se debe. Ninguna de las dos cosas debería gobernarte. La recompensa final la recibiremos de Dios, si permanecemos fieles hasta el final. La verdadera pregunta que debemos hacernos es ésta: ¿Estoy siendo fiel con aquello que Dios puso en mis manos?
    Oración: “Señor, líbrame de vivir buscando la aprobación de los demás. Ayúdame a recordar que todo lo que tengo viene de ti. Que hoy pueda servirte con humildad y ser encontrado fiel. Amén.”
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    1 CORINTIOS 3 - MADUREZ ESPIRITUAL

    06/10/2026 | 6 min
    El apóstol Pablo comienza este capítulo muy importante para todos nosotros: ¿cuánto hemos crecido realmente en Cristo? Pablo les dice a los corintios que todavía no puede hablarles como a personas espiritualmente maduras, porque entre ellos siguen existiendo celos, divisiones y rivalidades. Algunos decían: “Yo soy de Pablo”; otros: “Yo soy de Apolos”. Habían convertido a los siervos de Dios en banderas de división. Pablo responde con una verdad sencilla: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6). El problema aparece cuando comenzamos a mirar demasiado a las personas y demasiado poco a Dios. Los líderes pueden sembrar, enseñar, aconsejar y acompañar, pero solamente Dios puede transformar el corazón. Ningún pastor, predicador o maestro merece ocupar el lugar que pertenece a Cristo. Después Pablo cambia la imagen y dice que nuestra vida es como un edificio: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (v. 11). Podemos construir muchas cosas: ministerio, reputación, conocimiento bíblico, influencia, proyectos. Pero si Cristo no es el fundamento, tarde o temprano la estructura mostrará su debilidad. Pablo incluso dice que llegará el día cuando el fuego probará la calidad de lo que cada uno construyó. No solamente importa cuánto hicimos para Dios, sino con qué materiales construimos: con qué motivaciones, con qué espíritu y para quién lo hicimos. Finalmente aparece una declaración extraordinaria: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (v. 16). La iglesia no es simplemente una organización ni un lugar donde nos reunimos. Es el templo donde Dios ha decidido habitar por medio de su Espíritu. Por eso las divisiones, los celos y las luchas de poder no son asuntos pequeños: dañan algo que pertenece a Dios. Y si alguien deliberadamente trabaja para destruir la unidad de la iglesia, basicamente se está autocondenando. Dios destruirá a los que intenten destruir su iglesia. La pregunta para hoy es sencilla: ¿Estoy construyendo sobre Cristo, que es el fundamento, o sobre mí mismo? Que nuestras palabras, decisiones, relaciones y ministerio tengan un solo fundamento: Jesucristo. Porque nosotros podemos plantar y podemos regar, pero el crecimiento siempre viene de Dios. “Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1 Corintios 3:7). Que toda la gloria, todo el honor, y todo el reconcimiento dentro de la iglesia, sea únicamente para Dios, que da el crecimiento. 
    Oración: Señor, ayúdame a crecer espiritualmente. Quita de mi corazón los celos, la competencia y el orgullo. Que Cristo sea el fundamento de todo lo que hago, y que nunca olvide que el verdadero crecimiento solamente viene de ti. Amén.
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    1 Corintios 2 - Tener la mente de Cristo

    05/10/2026 | 6 min
    Pablo llega a Corinto con una convicción muy clara: “Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). Los ciudadanos de Corinto, como buenos griegos, admiraban la elocuencia, la filosofía y la sabiduría humana. Pero Pablo entendió que el evangelio no necesita ser adornado para tener poder. El centro del mensaje cristiano no es la capacidad del predicador, sino Cristo crucificado. Por eso dice también: “Estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor” (v. 3). Esto resulta sorprendente. Incluso un apóstol como Pablo conoció la sensación de debilidad. Sin embargo, precisamente allí podía manifestarse con mayor claridad el poder de Dios. Nuestra fe tampoco puede descansar simplemente en buenos argumentos, emociones o habilidades humanas. Pablo declara que su predicación fue “con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (vv. 4-5). Más adelante, Pablo recuerda que las cosas de Dios se comprenden espiritualmente. El Espíritu Santo es quien abre nuestra mente para entender lo que Dios quiere enseñarnos. Por eso, antes de abrir la Biblia, antes de predicar, antes de tomar decisiones, necesitamos orar: “Señor, muéstrame lo que yo no puedo ver por mí mismo”. La vida cristiana no consiste simplemente en saber más acerca de Dios. Consiste en permitir que el Espíritu de Dios nos enseñe a pensar como Cristo. Y Pablo termina con una declaración extraordinaria: “Nosotros tenemos la mente de Cristo” (v. 16).
    Esa puede ser nuestra oración para hoy: “Señor, dame discernimiento espiritual. Ayúdame a entender tu Palabra, y cuál es su mensaje central: tu amor manifestado en la muerte de Cristo en una cruz para nuestra salvación. Que mis pensamientos, mis palabras y mis decisiones reflejen cada vez más la mente de Cristo. Que mi confianza no esté en mis propias capacidades, sino en tu poder. Amén.”
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Acerca de Primero Dios, con Gerardo Farías
Acompáñame a leer y estudiar la Biblia. Cada día, leeremos un capítulo de la Biblia y reflexionaremos en lo que Dios quiere decirnos. Comienza tu día escuchando la Palabra de Dios.
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