La banda liderada por Trent Reznor, responsable de redefinir el rock industrial desde los 90, se presentó en Coachella bajo otra piel: Nine Inch Noize. Un formato donde su catálogo deja de ser introspectivo y se convierte en algo físico, diseñado para el cuerpo y el beat.
En el desierto, lo que antes era tensión y oscuridad se volvió energía de club. No fue un set nostálgico, fue una relectura: Nine Inch Nails reinterpretándose en tiempo real, cruzando su ADN industrial con el pulso electrónico de Boys Noize.