Raúl de La O es un testimonio vivo de que Dios no se equivoca. Al nacer, debido a una complicación en el parto, quedó con una discapacidad que marcó sus primeros años de vida. Desde pequeño enfrentó no solo limitaciones físicas, sino también burlas y palabras que intentaron definir su futuro, haciéndole creer que no llegaría lejos. Pero Dios tenía otros planes. En medio de las dificultades, Raúl decidió no rendirse. Con fe, esfuerzo y la ayuda de Dios, eligió salir adelante, prepararse, estudiar y dar lo mejor de sí para convertirse en una persona profesional. Hoy, Raúl no solo es ejemplo de perseverancia, sino también de propósito. Su historia lo llevó a levantar un ministerio con un llamado claro: alcanzar y restaurar la vida de niños de la calle, mostrándoles el amor de Dios que transforma, sana y da identidad. Lo que el mundo vio como una desventaja, Dios lo convirtió en una herramienta poderosa para bendecir a otros. “Porque el poder de Dios se perfecciona en la debilidad”.
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