La Virgen nos recuerda que el mundo ha perdido la paz porque el corazón del hombre está herido. Por eso nos dice: “ustedes son mis manos extendidas”, porque nos conoce y confía en nosotros. Nos invita a orar, ayunar y ofrecer lo pequeño de cada día, y todo, ofrecido con amor, ella lo presenta a su Hijo para alcanzar la paz.