En este mensaje, la Virgen María nos hace una invitación urgente y llena de amor: orar sin cesar. Nos recuerda que en la oración encontramos el gozo verdadero y la luz para enfrentar cualquier dificultad. Al vivir la oración con el corazón, la Eucaristía, la Palabra de Dios, el ayuno y la confesión, fortalecemos nuestra fe y permanecemos unidos a Dios. Así, caminando de la mano de María, aprendemos que quien ora con perseverancia nunca camina solo.