A veces, el peor castigo no es la muerte, sino la obligación de seguir viviendo con el peso de nuestras sombras.” Carlos pensó que había encontrado una salida fácil a sus deudas en un bar de Reynosa, pero terminó cerrando un trato que le costaría más que dinero. Tras ser estafado y perder el control en un acto de violencia ciega, descubrió que su víctima no estaba sola: la Niña Blanca lo protegía.
En este crudo testimonio, acompañamos a un hombre que profanó altares, huyó por las carreteras de la sierra y terminó descubriendo que, cuando le pides un milagro a fuerzas que no comprendes, el precio se paga con el espíritu.
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