A veces la mirada más dura no viene de fuera, sino de dentro. Esa voz que exige, compara, presiona… y que convierte cualquier cansancio o límite en un juicio personal.
En este episodio hablamos de algo muy cotidiano: la forma en que muchos se miran a sí mismos sin darse cuenta, como si siempre estuvieran fallando o llegando tarde.
Mirarse sin dureza no es conformarse, es aprender a caminar sin castigarse por dentro. Porque crecer no significa pelear con quien eres, sino mirarte con verdad, con paciencia, y dejar de tratarte como tu propio enemigo.