A veces creemos que ser fuertes es no molestar a nadie.Pero Santo Tomás propone un remedio distinto: no cargar la tristeza solo.En este episodio descubrimos por qué la presencia de un amigo —sin discursos, sin soluciones— puede transformar el dolor. Porque hay cargas que no se quitan… pero sí se comparten.
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Llorar también cura – 3/6
Tal vez te parezca extraño, pero uno de los remedios contra la tristeza, según Santo Tomás, es… llorar. Nos enseñaron a contener las lágrimas, a esconderlas como si fueran un signo de debilidad. Pero detrás de ese gesto tan humano hay una sabiduría profunda. Llorar no cambia lo que pasó, cambia lo que pasa dentro de ti. En este episodio descubrimos cómo las lágrimas alivian, reconcilian y, de un modo misterioso, curan.
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El placer que cura la tristeza – 2/6
Todos cargamos con pequeñas tristezas: las que no gritan, pero se notan. Y cuando llegan, uno pensaría que la receta es rezar más, hacer penitencia o simplemente aguantar.Pero Santo Tomás tenía otra idea, un plot twist que sorprende, descoloca… y cambia la forma en que entendemos lo que realmente puede levantar el ánimo.Un episodio sobre un remedio tan simple que cuesta creerlo.
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Entender la tristeza - 1/6
A veces no es depresión ni cansancio: es tristeza, entenderla es el primer paso para encauzarla. La tristeza no siempre es mala. Es una reacción natural, muy humana, pero si se instala en el alma, se vuelve una enfermedad del corazón.En este primer episodio descubrimos qué es realmente la tristeza, por qué puede volverse peligrosa y cómo comienza el "buen combate" para transformarla en crecimiento interior.
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¡Quiérete, coño! – 4/4
En este cierre de serie hablamos de una ternura que empieza por dentro: aprender a mirarte sin dureza, sin autoengaños y sin comparaciones. Quererse no es justificarse ni vivir mintiéndose a uno mismo con el “así soy”, sino reconciliarte con tu historia, reírte de tus defectos, descansar sin culpa y seguir intentando mejorar sin odiarte por lo que no sale.Porque no se trata de amor propio barato, sino de respeto real por ti mismo: reconocer que también necesitas cuidado, perdón y humor para seguir creciendo.(Y sí, este episodio se llama así porque a veces hace falta decirlo con fuerza, como me dice mi papá cuando no lo hago: ¡quiérete, coño!)