Esta semana estudiamos los Salmos 15, 26 y 101 para descubrir el valor de la integridad delante de Dios. La integridad no significa perfección, sino vivir con coherencia entre lo que creemos, hablamos y hacemos. Dios busca hombres y mujeres que amen la verdad, rechacen la hipocresía y decidan caminar en obediencia aun cuando nadie los observa. La integridad comienza en el corazón, se refleja en nuestras relaciones, decisiones y palabras, y nos permite disfrutar de una comunión más profunda con Dios. ¿Está nuestra vida reflejando el carácter de Cristo o simplemente una apariencia espiritual?