El Salmo 89 nos muestra que Dios llamó a David cuando aún cuidaba ovejas, recordándonos que el llamado de Dios no comienza con experiencias extraordinarias, sino con corazones dispuestos. Muchas veces esperamos señales espectaculares, pero Dios suele hablar mientras somos fieles en lo cotidiano. En este devocional reflexionamos sobre cómo descubrir nuestro llamado: una carga que Dios pone en el corazón, dones y habilidades que Él mismo desarrolla, y la confirmación que llega a través de otros creyentes maduros. Dios sigue llamando personas comunes para cumplir propósitos extraordinarios. La pregunta no es si Dios habla, sino si estamos dispuestos a escuchar y obedecer. El llamado de Dios siempre nos lleva a glorificarle, servir a otros y cumplir el propósito para el cual fuimos creados.