Hoy estaremos leyendo Éxodo 27-28, Mateo 27:55-65 y el Salmo 30:7-12. Comenzamos con Éxodo 27 y 28, donde Dios da instrucciones detalladas para la construcción del altar del tabernáculo y la vestimenta de los sacerdotes. En Éxodo 27, Dios ordena que se construya un altar de bronce para los sacrificios, mostrando que la adoración a Dios requiere un sacrificio verdadero. Luego, en Éxodo 28, Dios establece el sacerdocio de Aarón y sus hijos, dándoles vestiduras sagradas para ministrar en Su presencia. En el versículo 29, se nos dice: "Cada vez que Aarón entre en el Lugar Santo, llevará sobre su pecho los nombres de las tribus de Israel inscritos en el pectoral, para presentarlos continuamente ante el Señor" (Éxodo 28:29, NTV). Esto nos muestra que el sacerdote representaba al pueblo delante de Dios, anticipando a Jesús, nuestro gran sumo sacerdote, quien intercede por nosotros continuamente.
Dios también ordena que el sacerdote lleve una diadema con la inscripción: "Santo para el Señor" (Éxodo 28:36, NTV). Esto nos recuerda que nuestra vida también debe reflejar santidad, apartándonos para el servicio a Dios. Reflexiona: ¿Estás viviendo con la conciencia de que eres llamado a ser santo para el Señor, reflejando Su gloria en cada aspecto de tu vida?
Pasamos ahora a Mateo 27:55-65, donde encontramos a mujeres fieles que siguieron a Jesús hasta la cruz y el momento en que Su cuerpo es sepultado. En el versículo 55, se menciona: "Muchas mujeres que habían venido desde Galilea con Jesús para cuidarlo estaban mirando de lejos" (Mateo 27:55, NTV). Mientras que los discípulos huyeron, estas mujeres permanecieron, demostrando un amor y una fidelidad inquebrantables. Entre ellas estaba María Magdalena, quien más adelante sería testigo de la resurrección.
José de Arimatea, un hombre rico y discípulo de Jesús, pide el cuerpo de Cristo y lo coloca en su propia tumba nueva. Mientras tanto, los principales sacerdotes y fariseos piden a Pilato que asegure la tumba con una guardia, preocupados por la posibilidad de que los discípulos roben el cuerpo. Pilato responde: "Tomen guardias y aseguren la tumba lo mejor que puedan" (Mateo 27:65, NTV). Sin saberlo, estaban preparando el escenario para la mayor prueba de que Jesús es el Hijo de Dios: Su gloriosa resurrección. Reflexiona: ¿Eres fiel a Jesús en los momentos difíciles, como lo fueron estas mujeres? ¿Confías en que Dios cumple Su propósito, incluso cuando todo parece estar en silencio?
Finalmente, llegamos a Salmo 30:7-12, donde David alaba a Dios por haberlo restaurado después de un tiempo de angustia. En el versículo 7, reconoce que la seguridad fuera de Dios es frágil: "Tu favor, oh Señor, me hizo tan firme como una montaña; luego apartaste de mí tu rostro y quedé destrozado" (Salmo 30:7, NTV). David entendió que la estabilidad y la bendición vienen solo de la presencia de Dios.Pero el salmo no termina en lamento, sino en alabanza. En el versículo 11, proclama: "Tú has cambiado mi lamento en danza alegre; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría" (Salmo 30:11, NTV). Dios es experto en transformar el dolor en gozo, la tristeza en celebración, y la muerte en vida.