Hoy estaremos leyendo Genesis 39-40, Mateo 17 y el Salmo 18. Comenzamos con Génesis 39 y 40, donde seguimos la historia de José, quien enfrenta circunstancias desafiantes, pero permanece fiel a Dios. En Génesis 39, José, vendido como esclavo, es llevado a Egipto y comprado por Potifar. A pesar de sus circunstancias, José prospera porque "Pero el Señor estaba con José, y él prosperó mientras vivía en la casa de su amo egipcio." (Génesis 39:2). Sin embargo, cuando la esposa de Potifar intenta seducirlo y él rehúsa ceder, acusándolo falsamente, José termina en prisión. Incluso en la cárcel, Dios continúa mostrándole Su favor. Este capítulo nos recuerda que la fidelidad a Dios no siempre nos protege de las dificultades, pero Su presencia nunca nos abandona.
En Génesis 40, vemos a José interpretando los sueños del copero y del panadero del faraón. Aunque sus circunstancias no mejoran de inmediato, José sigue confiando en que Dios tiene un propósito para su vida. Reflexiona: ¿Cómo estás respondiendo a las pruebas en tu vida? ¿Estás confiando en que Dios está contigo y que Él puede usar cada situación para Su propósito?
Pasamos ahora a Mateo 17, un capítulo lleno de momentos extraordinarios que revelan la gloria de Jesús. El capítulo comienza con la transfiguración, donde Jesús lleva a Pedro, Jacobo y Juan a un monte alto. Allí, Su gloria divina es revelada cuando Su rostro resplandece como el sol y Su ropa se vuelve blanca como la luz. En ese momento, aparece una voz del cielo que dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; escuchenlo" (Mateo 17:5). Este evento confirma la identidad de Jesús como el Hijo de Dios y llama a los discípulos, y a nosotros, a escucharle y obedecerle.
Más adelante, Jesús muestra Su poder al sanar a un muchacho endemoniado, y enseña a Sus discípulos sobre la fe. En el versículo 20, Jesús dice: "Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible". Este capítulo nos desafía a crecer en nuestra fe y a reconocer la gloria y autoridad de Jesús. Reflexiona: ¿Estás escuchando y obedeciendo a Jesús como el Hijo de Dios? ¿Estás cultivando una fe que confía en Su poder, incluso en lo imposible?
Finalmente, llegamos al Salmo 18, un himno de David que celebra la fidelidad de Dios como su refugio y salvador. En el versículo 2, David declara: "Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré". Este salmo nos recuerda que Dios es nuestro refugio en tiempos de angustia, nuestra fuerza en momentos de debilidad, y nuestro libertador cuando enfrentamos dificultades. Más adelante, en el versículo 28, leemos: "Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas". Este versículo es un recordatorio de que Dios es quien ilumina nuestro camino y nos da esperanza, incluso en las circunstancias más oscuras.