En este episodio nos preguntamos en qué momento tener una vida normal se volvió casi ofensivo. Entre filosofadas de madrugada, lonches con huevo cocido, presión por ser la mamá perfecta, redes sociales, productividad eterna y el miedo a ser “mediocres”, Alex y Priscila hablan de esa obsesión por convertirlo todo en algo extraordinario.
Porque sí, tener sueños está padrísimo, pero también está bien vivir una vida simple, buena, amorosa y bastante ordinaria. Una donde no todo tenga que ser épico, rentable, instagrameable o digno de documental. A veces la vida también es sobrevivir, mandar lo que había en la lonchera, escuchar un podcast por gusto y aceptar que ser una buena persona ya es bastante.
En este episodio hablamos de:
La presión de tener una vida extraordinaria
Redes sociales, maternidad y comparación
La culpa de no estar “haciendo más”
La belleza de una vida simple
Por qué ser suficientemente buena también cuenta
Marcas de tiempo:
00:00 Intro intestinal, outfits y caos muy SLM
02:00 Priscila se pone filosófica
04:24 La presión de maximizar tu potencial
08:24 ¿Y si no quieres llenar el Auditorio Nacional?
09:17 Maternar en tiempos de lunch boxes perfectas
14:05 La rueda del hámster de querer más y más
16:00 Cuando hasta el wellness se vuelve competencia
23:39 ¿Y si esto fue todo… y está bien?
30:44 La crisis de ver a alguien de 23 con inversiones
37:44 La belleza de una vida simple y suficientemente buena
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