"LOS GEMELOS DEL GOLPE: EL DIPUTADO cachondo Y SU RATERILLA CONSENTIDA" Hoy en Matachines del Poder les presento a la pareja del año: el diputado Caballero Yonka y doña Gudelia Palma. Él pone la sudadera para esconderse... ella pone el baile para distraer... y el pueblo, como siempre, pone los golpes, los heridos y el dinero.
¡Empecemos por el galán fugitivo! Que nadie lo olvide, porque la memoria es lo único que estos personajes no nos pueden robar: marzo de dos mil dieciocho, San Juan Ixtenco. Su propio pueblo, el que juró servir, lo corrió a pedradas de su palacio municipal. ¡Cinco horas de batalla campal! Veinte heridos, cinco de gravedad, ocho patrullas hechas chatarra, y el señor alcalde... ¿dando la cara? ¡Jamás! Salió escondido bajo una sudadera con gorro, tapado hasta las cejas, como delincuente de nota roja, rescatado por un operativo mientras su pueblo sangraba. ¿Y por qué lo querían linchar políticamente? Por las acusaciones de desvío de recursos y nepotismo que él nunca aclaró. Ese hombre que despreció a su gente, que la dejó abrirse la cabeza a pedradas con tal de no soltar el hueso... hoy es diputado. ¡Diputado! Porque en este estado, huir encapuchado de tu propio desastre no te inhabilita: te asciende.
¿Y qué hace hoy el señor diputado ante el desastre de su comadre política? ¡NADA! Silencio de panteón. Intransigencia pura. Negligencia con moño. Ni un pronunciamiento, ni una exigencia de cuentas, ni un "oiga, comadre, ¿y los millones?". Claro que no. ¿Cómo va a hablar de patrullas destruidas el que dejó ocho volteadas? ¿Cómo va a condenar los golpes al pueblo el que salió corriendo mientras golpeaban al suyo?
Y ahora la dama de esta boda de terror: doña Gudelia, a quien el pueblo entero —no yo, , el pueblo, que en cada esquina la bautiza— le dice "la raterilla". Con las cuentas reprobadas, con millones jugando a las escondidillas en el presupuesto, ¿qué hizo la señora presidenta? ¿Aclaró? ¿Transparentó? ¡No! ¡Sacó la receta más rancia del recetario del pillo: emborrachar al pueblo para que no pregunte! Primero el bailazo de diez mil almas cuidadas por veinte policías —se lo advertimos, aquí quedó documentado— y como la tragedia no le alcanzó de escarmiento, ¡remató con el baile de la michelada! ¡El alcohol como política pública! No el tamal, no el maíz, no la cultura milenaria de su pueblo... ¡la caguama, señores, la caguama!
¿El resultado? ¡Un infierno! Zafarrancho en todo el pueblo, patrullas destrozadas, policías madreados, más de cien personas en una batalla campal, familias corriendo, sangre en la calle. ¡Y la señora presidenta! ¿Dónde estaba? ¡ESCONDIDA! Viendo desde su agujero cómo se destrozaba el pueblo que juró proteger, contando —dicen las malas lenguas, y las buenas también— lo que dejó la barra. Porque eso sí: para cobrar, aparece. Para dar la cara, se esfuma. Igualita a su diputado. ¿Y saben por qué él calla? Ahí está lo podrido del pastel: dicen en el pueblo que hay dinero de por medio, gente en nómina, favores cruzados. El pacto perfecto de los ineptos: tú no me tocas mis cuentas reprobadas y mi dinero esfumado... y yo no te toco tus golpes ni tu cobardía encapuchada. Se solapan, se protegen, se tapan... ¡mientras el pueblo se desangra entre michelada y michelada!
Un viejo pensador inglés lo advirtió hace siglos: el pueblo entrega su obediencia a cambio de UNA sola cosa: protección. Cuando el que manda no protege sino que provoca, no cuida sino que esquila, no gobierna sino que se esconde... el pacto está ROTO, y el pueblo regresa a la guerra de todos contra todos. Eso vimos: el estado de naturaleza con banda en vivo y barra oficial. Ahí se los dejo, mis radio escuchas un diputado cachondo prófugo de su propia historia y una presidenta prófuga de sus propias cuentas. Dos caras... de la misma moneda robada. Y ojo, porque los contratos rotos, tarde o temprano... SE COBRAN. Informó Chema Méndez, para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.