Hablamos con Fernando Franco, director de "La luz", sobre un cura pederasta arrepentido, interpretado por Alberto San Juan. A la conversación se suman Javier Baeza, párroco de San Carlos Borromeo, y Juan Cuatrecasas, fundador y portavoz de la Asociación Infancia Robada. Alberto ha explicado que, para la construcción del personaje, recordó que "para cometer un acto monstruoso, no hace falta un monstruo, basta con un ser humano." Es más, él quiso construir un personaje sumido en una profunda vergüenza, "un hombre bueno capaz de cometer actos atroces", a pesar de que un cura pederasta, igual que un hombre maltratador, como le recordaron Baeza y Cuatrecasas, nunca puede ser bueno. San Juan advierte de que vivimos "en la sociedad del abuso", que normaliza el maltrato a los vulnerables. Como explica Baeza, la Iglesia es una institución de poder machista, que "empodera" a sus sacerdotes ("Christi capiti", cabezas de Cristo en la Tierra) para absolver "con una varita mágica" cualquier barbaridad: de ahí nace la naturalización de los abusos. Fernando Franco, el director, explora en la película la idea del perdón, quién tiene derecho a pedirlo, quién a concederlo, hasta qué punto hablar de perdón es relativizar el daño que se hace a la víctima, que es, en última instancia, la única con derecho a conceder, y también denegar, el perdón.
Otra cosa, claro, es perdonar un delito, cosa que la justicia humana, civil, no puede hacer.
Además, hubo también ocasión de hablar del momento que vive la Iglesia con la inminente llegada del Papa en visita pastoral a España. Cuatrecasas recordó que, a pesar de que el Papa Francisco anunció que se abrían los archivos para luchar contra la pederastia, las conferencias episcopales han hecho un poco lo que han querido, y han seguido atrapando a las víctimas en sus complejas telarañas burocráticas con tal de no reconocer la realidad. Entretanto, afima Baeza, el Vaticano sigue yendo por delante de la Iglesia española: "la Iglesia, como cree en la vida eterna, es muy lenta". Pero no solo hay que hablar de justicia, también hay que hablar de verdad y reparación, las otras dos patas de cualquier proceso de sanación de un trauma social como es este.