Solo las personas que aman profundamente son heridas profundamente. El que no se abre, no se lastima. Pero tampoco vive. Hoy, Jesús hace su última petición antes de la cruz. No pide poder. No pide protección. Pide que el amor con que el Padre lo ama, eterno, sin límites, sin agotamiento, viva en nosotros. El Espíritu Santo no trae ese amor. Él es ese amor. Y viene a derramarlo en exactamente los lugares donde el tuyo ya no alcanza.