Una de las experiencias más profundas del corazón humano es precisamente esa: el miedo a quedarse solo. El miedo al abandono. El miedo a perder a quienes amamos. El miedo a sentir que ya no hay nadie que nos sostenga. Y justamente hoy, en este domingo en que celebramos el Día de la Madre, esa palabra de Jesús adquiere una fuerza especial. Porque una madre es, para casi todos nosotros, el primer rostro de cuidado, de protección, de ternura. La madre es la que acompaña, la que permanece, la que muchas veces sostiene silenciosamente la vida de una familia entera.
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