Si hasta el día de hoy hemos estado rindiendo nuestros deseos a cosas vanas, cosas superficiales o sin sentido, Dios nos llama a hacer un cambio de vida.
Y no hay forma de empezar a sentir verdadera hambre de Dios, si primero no estamos vacíos. Es decir, tenemos que cortar el suministro de aquellas cosas que nos hacen sentir llenos.