Aunque esta bienaventuranza parece una contradicci贸n, en realidad no lo es. El quebranto, las l谩grimas de arrepentimiento y b煤squeda de Dios, en realidad, son el camino a la paz.
El reconocer nuestra debilidad y confesar nuestros pecados ante Dios, es el camino al consuelo que viene de Dios.