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Epistolar

Antología de lo íntimo
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Último episodio

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    Carta de Joan Maragall a Miguel de Unamuno (Lee Adrián Yeste)

    23/09/2026 | 4 min
    Joan Maragall es considerado una de las plumas más célebres del modernismo catalán. Sus temas fueron el amor, la naturaleza, el canto a su tierra, las leyendas y los héroes de Cataluña. Alguien que buscó alejarse de los artificios para lograr una expresión más directa, espontánea y cercana a la experiencia. También tuvo una destacada tarea como traductor de autores como Goethe y Nietzsche. En 1900, cuando ya era un escritor renombrado, Maragall leyó el libro “Tres ensayos”, de Miguel de Unamuno, en el que su colega reflexiona sobre el destino de la humanidad, el dilema entre lo individual y lo colectivo y la identidad nacional. Maragall quedó fascinado con el libro. Le dice que lo leyó de una manera poco académica. Que lo leyó “como poesía”. Que lo bebió. Y que, después de hacerlo, está más preparado para “eso que llamamos vida y para eso que llamamos muerte”. Una carta que dura apenas unas líneas, pero que incluye una declaración de amor fraternal. “Nos hemos hecho amigos. Disponga de mí”, le dice. Lee el narrador Adrián Yeste.
    ***
    1 de junio de 1900
    Sr. D. Miguel de Unamuno:
    Ay, amigo mío (deje que le llame así), ¡cuánto bien acaban de hacerme sus Tres ensayos! Me siento mejor para lo que llamamos vida y para lo que llamamos muerte. Los he leído como poesía, sin meditar ni releer nada; los he bebido con afán, y mi alma se dilataba y se concentraba al mismo tiempo. Fe en la fe —creer lo que no vemos—. Todo esto estaba dentro de mí, y usted me lo ha revelado y me gozo en ello. Dios se lo pague. Nos hemos hecho amigos. Disponga de mí.
    Juan Maragall
    s/c. Alfonso XII, 79. San Gervasio, Barcelona.
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    Carta de Amaya Forch sobre violación, aborto y maternidad (Lee Fernanda Paz)

    09/09/2026 | 7 min
    Algunas cartas -y en Epistolar grabamos muchas de ellas- cuentan algo que ocurrió. Otras tantas se atreven a preguntar qué habría pasado si las cosas hubieran sido de otra forma. En una carta publicada en el diario El Mercurio, la actriz y cantante chilena Amaya Forch cuenta que hace 30 años fue víctima de una violación. Pero no cuenta solo eso. Lanza preguntas sin respuestas, profundamente incómodas, que todavía hoy interpelan a la sociedad chilena. ¿Qué habría pasado si esa noche hubiera quedado embarazada? ¿Habría podido llevar adelante ese embarazo? ¿Habría reído o llorado al momento de parir? ¿Habría podido contarle algún día a ese hijo quién era su padre? ¿Y qué habría significado para ese niño saber que era hijo de un violador? También recuerda que entonces vivía en Londres y que allí encontró un respaldo legal y humano que le permitió atravesar aquel momento. Y que, al regresar a Chile, sintió que ese respaldo no existía de la misma manera. Su carta habla de una violación, de un posible embarazo, del aborto, de la culpa, de la maternidad. Y también dialoga con una iniciativa presentada este año por parlamentarios chilenos, que propone que las mujeres escuchen los latidos del embrión antes de interrumpir el embarazo. Lee la actriz Fernanda Paz.
    ***
    Señor Director:
    Quisiera invitarlo a escuchar mi corazón y el de demasiadas mujeres. Hace 30 años viví un infierno en manos de un hombre cuyo rostro decidí olvidar. Con los años aprendí a convivir con el dolor, volví a confiar y he sido feliz. No obstante, hay preguntas que hoy vuelven a aparecer. Esa noche pude haber quedado embarazada. ¿Habría sido capaz de soportarlo? ¿Habría reído o llorado en el parto? ¿Mis constantes lágrimas habrían marcado a mi hijo? ¿Me habría sentido culpable como madre? ¿Qué cruz habría cargado mi niño al saberse hijo de un violador? ¿Habría podido ocultarle la verdad? ¿Estaría condenada a mentirle a mi propio hijo para protegerlo desu origen? ¿Se parecería a su padre? ¿Vería la cara de esemonstruo en los ojos de mi niño? ¿Habría abortado? Vivía en Londres y ya en esa época en Inglaterra se entendía que el trauma de una mujer o niña por un embarazo por violación era mayor que el de un aborto. Ese respaldo humano y legal me daba algo de calma entre tanta angustia. No sé si lo habría hecho. Por suerte nunca lo sabré. No tuve que tomar esa decisión tan difícil en medio del tormento. Regresé a Chile. Necesitaba la contención de mi familia para seguir viviendo. Pero, ¿y si hubiese estado embarazada? No habría regresado. No a un país donde la moral castigadora era más fuerte que el dolor de tantas mujeres y niñas. No donde me tratarían de asesina cuando me estaba aferrando a la poca vida que sentía me quedaba. Hoy la violación es una de las tres causales que permiten que en nuestro país sí se pueda terminar un embarazo de manera legal. Paradójicamente hoy existe un proyecto de ley que quiere obligar a la mujer a escuchar el latido del corazón del embrión para así hacerla sentir culpable y ojalá lograr que desista de abortar. “Escucha su corazón” se presenta como un acto de amor a la vida, pero no es más que un acto cruel de desprecio hacia la mujer. De solo pensarlo se me parte el alma. ¿Qué moralina retrógrada es esa que pretende calificar nuestro sufrimiento y decirnos cómo debemos lidiar con el espanto vivido? Espanto de sociedad que pretenden construir. El tiempo es un aliado en la sanación. Los señores diputados podrían usar el suyo para crear leyes que nos den más seguridad a las mujeres, leyes que nos hagan sentir protegidas, no atacadas. No más de lo que ya somos.
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    Carta de Ninon de Lenclos sobre la infidelidad y el deseo (Lee María Bernal)

    26/08/2026 | 7 min
    Viajemos un poco en el tiempo, en el espacio y, principalmente, en las costumbres de la época. Francia. Siglo XVII. En esa época, una mujer tenía pocas alternativas: podía ser esposa de alguien, viuda o monja. En ese contexto, Ninon de Lenclos eligió ser libre y amar sin tapujos. Ella era cortesana, escritora, mecenas y una de las mujeres más célebres del París de su tiempo. En su salón, recibía a intelectuales como Molière y un joven Voltaire, a quien le daba dinero para comprar libros. Era una mujer entregada a los grandes placeres. Para ella, el amor debía convertirse en cualquier cosa, menos en una prisión. Esta carta está dirigida al marqués Louis de Mornay y habla de infidelidad sin reproches convencionales. Si un amante se marcha, dice ella, quizá sea porque quien lo tenía a su lado olvidó mantener encendida la llama del deseo. Ninon no quiere esclavos. Quiere amantes. Hay algo más profundo detrás de esa filosofía. Ella descubre que su amante está enamorado de otra mujer. Entonces, la mujer que parece tener todas las respuestas sobre el amor se enfrenta a una pregunta que no puede resolver: ¿qué tiene la otra que ella no tiene? La estudia. Se compara con ella. Examina sus defectos, sus encantos, sus gestos. Intenta descubrir ese atractivo secreto que hace que un hombre deje de mirar a una mujer para mirar a otra. Y, por supuesto, fracasa. Tal vez porque el deseo, justamente, nunca se deja explicar. Lee la actriz María Bernal.
    ***
    En Picpus, 23 de diciembre de 1650
    ¿Es un crimen ser inconstante? Es, a lo sumo, un error necesario. Le he dicho mil veces que no quería encadenarle más que mediante los placeres. Es un amante lo que quiero, no un esclavo... Le pareceré muy indulgente. Siempre es culpa nuestra si nos son infieles; seguramente se nos olvidó añadir algunas flores a la cadena, que había que embellecer con todo el prestigio del amor, para hacerla eterna. Hablemos claro. Si la señorita D’Aubigné me roba su corazón, solo me culpo a mí misma. Hace mucho que descubrí el fuego secreto que le consume por ella. Me di cuenta incluso antes que usted,marqués. Alcanzamos la iluminación cuando tememos perder un objeto tan preciado en la vida. Lo confieso, he hecho lo imposible por retenerle; he convertido el conocimiento del carácter de la señorita D’Aubigné en un estudio personal. No he parado de compararme con ella. Nuestros defectos, nuestros encantos, todo lo he comparado mil veces; todo lo he calculado, combinado con vuestros gustos, con vuestro tipo de espíritu y de carácter. Pretendía descubrir ese atractivo secreto que hacía triunfar a mi rival; y digo más, tomarlo prestado, arrebatárselo, incluso, y combatirla con sus propias armas. Ya sea por amor propio, ya sea por falta de luces, no he logrado descubrirlo; pero eso no significa que no exista... La gracia, el atractivo, cambian tanto según las perspectivas que el espíritu mismo puede captar todos los matices... Es, pues, ese no sé qué que no se puede definir; esa nada, que sería todo para mí de haber conseguido adivinarla, y que un velo tupido me oculta sin cesar. ¡Ah! Cuando el amor me haya iluminado, quizá me haya esforzado en vano por rodearme del encanto que os atrae... Prefiero creerlo así, es un pesar menos para mi corazón; porque, pese a mi filosofía, os añoro, marqués; sí, le añoro como a los sueños llenos deencantos cuyos recuerdos son aún muy dulces, y que impotentes deseos no pueden restablecer. Quien puede dejar de gustar ha perdido el derecho a reprochar; pero tendría motivos para quejarme si ya no fuese nada para usted. Adiós, marqués; si el tiempo marchita las flores que había arrojado en mi vida, quiero recoger lo que queda, y hurtarle al menos algunos restos de la felicidad con la que me había embriagado. Estaré en París pasado mañana; me siento con el valor para verle.
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    Carta de Dorothy Thompson a Sinclair Lewis o la loca ilusión de que volverás

    12/08/2026 | 7 min
    Dorothy Thompson fue una de las periodistas más influyentes de Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó trabajando para el movimiento sufragista y en 1917 inició su carrera periodística. En 1920 viajó a Europa y pocos años después se convirtió en corresponsal en Berlín. Sus críticas al ascenso de Hitler y al nazismo fueron tan contundentes que en 1934 fue expulsada de Alemania. En 1928 se casó con el escritor Sinclair Lewis, ganador del Premio Nobel de Literatura. Tuvieron un hijo, pero el matrimonio estuvo atravesado por infidelidades y separaciones. Cuando Lewis planteó la posibilidad del divorcio, Thompson se negó. En esta carta, sabe racionalmente que su marido probablemente no regresará a casa, pero se resiste a aceptar esa certeza. Thompson y Lewis se divorciaron finalmente en 1942. Esta es la carta de una mujer acostumbrada a analizar el mundo con lucidez, enfrentarse a dictadores y defender sus convicciones, pero que frente al final de su propio matrimonio descubre que el amor puede habitar un territorio donde la razón ya no tiene respuestas. Lee la actriz Karime Cisternas.
    ***
    No puedo recordar que tu jamás me preguntaras qué deseo, pese a los años que llevamos viviendo juntos. Pero lo que no quiero es un divorcio, y no voy camino a obtener uno. Yo conozco las leyes de divorcio de Vermont. En una época, lo confieso, yo pensé en divorciarme. Eso fue a causa de la brutalmente desconsiderada manera de tratar nuestra relación en tu affair con Marcella, yendo tan lejos como para presentársela a Wells como su futura "madrastra". Eso me llenó de una ira ciega, y pensé que debía evitarme cualquier futuro insulto de ese tipo. Pero la real base de mi relación hacia tí es que yo no puedo albergar ninguna rabia o resentimiento contra tí que perdure, o que cambie mis sentimientos. "Esta es su manera de ser", es la única respuesta que puedo encontrar... Cientos de veces, tú me prometiste que nunca me dejarías y jamás te divorciarías de mi. Por qué debería creer que decías aquello o que tú no conocías tu propio pensamiento entonces y lo conoces ahora. Yo nunca seré capaz de repudiar nuestro matrimonio, ni ante mí misma. Ahora me dices de hacerlo público. Semejante paso seríauna insoportable auto violación... De una manera curiosa me estás diciendo una vez más de hacer algo juntos -hacer común una aversión así como una vez me rogaste hacer común un amor-. Pero no puedo. Esto no es en común. Todo este asunto sería un fraude sin atenuantes. Eso no me haría libre. Yo viviré contigo, en un sentido, hasta el fin de mis días. ¿No ves, Hal, que estás pidiéndome que expulse tu resentimiento? Y me pides, tratando de chantajearme con el niño, sabiendo cuán profundamente yo deseo que tenga un padre. Pero tu relación con Michael depende de tu relación con Michael, yyo no influenciaré esos sentimientos. Sólo lo que tú hagas losinfluenciarán. Tanto si te importa de él, como si no. Que yoobtenga el divorcio no despertará amor en tu corazón por nuestro hijo, si no está allí... Yo aún vivo cada día con la loca ilusión de que la puerta se abrirá y tú regresarás. Yo sé con midespiadado intelecto que tú no volverás a casa, pero hay reinos más allá de la inteligencia y fuera de toda lógica.
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    Carta de Søren Kierkegaard sobre amar y poseer (Lee Francisco Díaz)

    29/07/2026 | 4 min
    Søren Kierkegaard fue filósofo y teólogo, y es considerado uno de los padres del existencialismo. Su obra trascendió el ámbito de la filosofía y lo convirtió en una de las figuras más influyentes del pensamiento moderno. También fue un autor extraordinariamente adelantado a su tiempo. Hace 182 años publicó “El concepto de la angustia”, una obra pionera que muchos consideran el primer libro dedicado íntegramente a comprender la ansiedad. Allí sostiene que su propósito no era curarla ni eliminarla, sino entenderla e incluso abrazarla. El filósofo no escribía desde la teoría. Gran parte de su obra nace de su propia experiencia y uno de los episodios que más marcó su vida fue la ruptura de su compromiso con la escritora Regine Olsen. Durante años dudó entre llevar una vida convencional -casarse, formar una familia y ejercer una profesión- o entregarse por completo a la escritura y a la filosofía. Para este episodio elegimos una de las cartas que le envió a Regine. Comienza con una palabra tan sencilla como poderosa: el pronombre posesivo “mi”. A partir de allí, despliega una profunda reflexión sobre el amor, el deseo de poseer al otro y la convicción de que solo quien es verdaderamente libre puede entregarse por completo. Lee el actor Francisco Díaz.
    ***
    Mi Regina, a ti te gusta escuchar este nombre y a mi me gusta pronunciarlo; sin embargo quizá tenemos en ello ideas diferentes. Tu pones allí, quizá, el humilde pensamiento de que eres tal como yo deseo, la verdad de la imagen que mi deseo ha buscado; y yo pongo allí, quizá el orgulloso pensamiento de que tu me perteneces, no por un instante fugitivo, no parcialmente, sino toda entera y siempre. Y sin embargo no me jacto de ello. ¿Qué tengo, en efecto, sino lo que me ha sido dado? Si me hubiera sido posible "seducirte",si con una satisfacción egoísta pudiera llamarte mía, oh!, quépobre sería yo en mi riqueza y qué vano mi goce; pues sólo el que es libre puede darse y cuanto más libre es más tiene paraprodigar.
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Acerca de Epistolar
Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y temáticas. En tiempos de tanta inmediatez, Epistolar apuesta por rescatar el valor de la palabra, del contar pausado y del pensamiento. Una idea de Diego Jemio y Tomás Sprei con música original de Leandro Lombardo y José Ferrufino. Buscanos en YouTube como Epistolar Podcast de Cartas y en Instagram como @epistolarpodcast.
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