Morena ha pasado de una unidad artificial a devorarse entre sí. Adán Augusto denuncia “fuego amigo” y reconoce que el verdadero enemigo está dentro del propio partido, sentado en su misma mesa. Sus declaraciones dejan al descubierto una fractura interna que ya es imposible de ocultar y evidencian la debilidad de un movimiento que enfrenta una crisis desde adentro.