La decisión “irracional y desproporcionada” de las autoridades israelíes de impedir la entrada del Patriarca de Jerusalén, cardenal Pizzaballa, y del Custodio franciscano de Tierra Santa, P. Ielpo, a la basílica del Santo Sepulcro, para celebrar la Misa del Domingo de Ramos, ha girado los ojos del mundo hacia el Monte de los Olivos, el mismo día en que en todas las iglesias del mundo se proclamaba la lectura de la Pasión. Porque ante la negativa de la policía israelí a permitirle acceder al Santo Sepulcro, el cardenal se dirigió a Getsemaní, donde Jesús oró, lloró y luchó en aquella terrible noche.
Con la mirada puesta en Jerusalén, el cardenal Pizzaballa ha dicho que “hoy, Jesús vuelve a llorar por esta ciudad, que sigue siendo signo de esperanza y de dolor, de gracia y de sufrimiento”. En aquella noche parecía que la oscuridad había vencido, pero en el momento dramático de la muerte de Jesús, un centurión confiesa: "¡Verdaderamente este era Hijo de Dios!". Es un detalle, ...