Ha pasado medio siglo desde el inicio de la última dictadura argentina y de la mano de Ángel Riesgo hemos querido recordar aquel funesto y sanguinario régimen cuando todavía hoy siguen abiertas las heridas en la sociedad del país sudamericano.
Tras un periodo convulso de inestabilidad, que se agudizó durante los primeros años de la década de los setenta del pasado siglo, ni siquiera el añorado regreso de un agotado y enfermo Perón, tras su largo exilio, logró una paz social que se estaba resquebrajando a marchas forzadas.
Fallecido el mito, el posterior mandato de su viuda se vio torpedeado por una propia negligencia gubernamental que derivó en prácticas antidemocráticas para tratar de frenar la violencia terrorista que se había desatado.
Con este difícil contexto, a ojos del ciudadano argentino medio el golpe militar era cuestión de tiempo y un mal menor como remedio para restablecer el orden.
Sin embargo, lo que ese ciudadano argentino medio no podía sospechar es que, tras ser derrocado el gobierno democrático legítimo y asumir el poder la nueva Junta Militar, amén de las restricciones tan propias de las dictaduras, todo el aparato del Estado se centraría en una brutal represión, no solo de los violentos, sino de cualquier pacífico opositor al régimen.
Una brutal represión que alcanzó las mayores cotas de una barbarie que recordaba a lo peor del régimen nazi mediante la práctica de detenciones ilegales de aquellos objetivos considerados subversivos, con miles de personas que serían torturadas y asesinadas sin dejar rastro, salvo en contadas ocasiones.
El Mundial celebrado en Argentina en 1978 y la victoria que logró la selección albiceleste en aquella competición supuso un auténtico balón de oxígeno para una Dictadura que ya estaba siendo observada con suspicacia por la comunidad internacional, pero cuyos nacionales sintieron un temporal regocijo que no dejaba de ser un cruel espejismo de la cruda realidad de su país.
Y es que solo a través del recurso al patriotismo y nacionalismo argentino extremos, que luego se verían reforzados con la reclamación por la fuerza de las armas de las Islas Malvinas, pudo la Junta insuflar algo de aire a una asfixiada ciudadanía que, por la nefasta política económica del régimen, en su gran mayoría apenas contaba con recursos para llegar a fin de mes y seguía comprobando que sus derechos más fundamentales continuaban siendo restringidos hasta el extremo.
El camino a las urnas era ya la única solución plausible para la restauración de un orden democrático que vino de la mano del presidente Alfonsín cuyo Gobierno, mejorable en cuanto a su gestión, fue muy valiente, cuando no osado, en aras de enmendar en tiempo record todas las injusticias y tropelías recientemente sufridas en Argentina.
Y así, el juicio a las Juntas de 1985 fue el meritorio comienzo de una andadura lenta y no exenta de baches que se fueron convirtiendo en auténticos socavones por la feroz oposición de cientos de militares descabalgados del poder y ahora acusados de graves delitos.
Unos socavones que solo pudieron ser rellenados de un cemento que pese al paso de los años desgraciadamente no ha terminado de solidificar en cuanto a lo que se refiere a una total reparación de las víctimas de la represión.
Tras la charla con Ángel Riesgo os recomendamos una lista de películas que a nuestro juicio son representativas de lo que supuso uno de los peores periodos que se recuerdan en la reciente historia de la humanidad.
En este episodio escuchamos música de Pixabay.
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