Cientos de miles de personas son obligadas a trabajar como estafadores en centros dirigidos por peligrosas organizaciones criminales en el sudeste asiático, que castigan o torturan a quienes no consiguen los objetivos marcados. Las bandas armadas en Haití utilizan a niños para vigilar, cobrar extorsiones e incluso participar en asesinatos. En Somalia, millones de personas están al borde de una hambruna. Las mujeres, que llevan el peso de la ayuda humanitaria y la recuperación en Ucranias, ven recortada la ayuda financiera que reciben sus organizaciones.