En Pienso, luego estorbo, con Toño Fraguas, hablamos hoy de la conciencia moral. Y, aunque parezca sorprendente, Donald Trump se cuela también en esta sección de filosofía. La cuestión es entender qué puede tener que ver su figura con los debates sobre ética y responsabilidad. Cuando Trump proclama que “mi único límite es mi propia moralidad”, está situándose fuera del consenso social sobre lo que consideramos aceptable o inaceptable. Se presenta como alguien que se basta a sí mismo para decidir qué está bien y qué está mal, sin necesidad de normas compartidas.
El reto filosófico es otro: cómo retirar ese “anillo de invisibilidad” que le permite actuar sin consecuencias, cómo devolver a cualquier líder, Trump incluido, al terreno común donde la moral no es un capricho individual, sino un marco que nos obliga a todos.
Escuchar audio