Un motor puede avanzar en la dirección correcta usando el combustible equivocado, pero no lo hará por mucho tiempo; eventualmente, ese carburante incorrecto lo destruirá. Lo mismo ocurre con nosotros: cuando el motor de nuestra vida es impulsado por deseos egoístas o intereses personales, tarde o temprano terminamos agotados o desviados.
En este sermón, descubrimos a través de la vida del apóstol Pablo cuál es el único combustible capaz de sostenernos a largo plazo: el evangelio de Jesucristo. Una pasión que nos impulsa a vivir según las expectativas de Dios.
Acompáñanos a profundizar en tres llamados urgentes que el evangelio hace a nuestra vida hoy:
Para disfrutar de la comunidad se necesita intencionalidad: Dios no nos salvó para ser huérfanos espirituales. Nos añadió a una iglesia local porque sabe que nuestra alma necesita comunidad para crecer, recibir corrección amorosa y encontrar refugio. ¿Está tu iglesia en tu lista de prioridades?
Para servir con pasión se necesita sacrificio: El servicio verdadero no se mide solo en intenciones, sino en acciones tangibles. Aprendemos cómo la generosidad material y el desprendimiento de nuestros recursos son la prueba de fuego de a quién ama realmente nuestro corazón. Si te cuesta soltar, ahí está tu amo.
Para orar por la misión es importante identificar necesidades: La falta de oración no es falta de tiempo, es orgullo. Descubre cómo la intercesión rompe nuestra autosuficiencia y nos lleva a depender de Dios, comprometiéndonos a orar por necesidades específicas de nuestros hermanos y pastores, buscando siempre que se haga Su voluntad.
Si hoy te sientes cansado o notas que te mueven las motivaciones incorrectas, es momento de volver a la cruz. Cristo modeló la comunidad, entregó Su vida en el servicio sacrificial más grande de la historia y se sometió por completo a la voluntad del Padre. ¡Sintoniza este mensaje y recarga tu vida con el combustible correcto!
Escucha este sermón, examina tu corazón y compártelo con alguien que necesite redescubrir el poder de vivir en misión.