Hay ciudades que conservan su pasado en piedras, en archivos y en fechas. Y hay otras que lo guardan en susurros. A orillas del Weser, en el norte de Alemania, se alza Hamelin, una ciudad hermosa y serena que arrastra, desde el siglo XIII, una herida que nunca terminó de cerrarse. No es solo la historia de un flautista vestido con colores imposibles ni la de unos niños que siguieron una melodía hasta desaparecer. Es la historia de una pérdida real, registrada en crónicas antiguas, envuelta después en leyenda y convertida con el paso de los siglos en símbolo universal del misterio y del miedo colectivo.
Hoy vamos a cruzar la frontera entre el cuento y la historia. Vamos a apartar las ratas, la moraleja y el barniz romántico para preguntarnos qué ocurrió realmente en 1284, cuando más de un centenar de jóvenes salieron de Hamelin y nunca regresaron. Porque debajo de la música, debajo del mito, late una pregunta que aún resuena: ¿qué pasó con los niños de Hamelin?