En la Biblia se menciona la historia acerca de una mujer ejemplar conforme al corazón de Dios, llamada Débora. Una mujer a la que Dios llamó para ser libertadora de su pueblo de Israel cuando atravesaba tiempos de crisis y aflicción.
Aquellos tiempos representan lo que vivimos muchos de nosotros actualmente: todos pasamos por momentos difíciles, de retos, pero no es bueno abrazar y acostumbrase al sufrimiento todo el tiempo, y lamentablemente muchas personas viven así.
Una cosa es pasar por tiempos difíciles, y otra muy distinta es acostumbrarse a una rutina de dolor. Hemos normalizado nuestra vida en el dolor, en la soledad y en la escasez. Para eso Dios levanta personas para que sean la luz que alumbre el camino a otros, a familias y naciones enteras. Pero antes de que Dios restaure a una nación, restaurará el corazón de un individuo. Dios no busca perfección, busca un corazón que anhele hacer un cambio para su bien y el de los demás, porque Dios no nos a dado un espíritu de temor, sino de amor y dominio propio.
Aquella persona que se esfuerza y se levanta no solamente cambia el destino de su familia, sino de toda su descendencia. Una mujer con el corazón de Dios, no solamente amamanta bebés, sino procrea y cría almas ajenas.
Una mujer ejemplar necesita a Dios en su corazón. No solamente necesitamos a mujeres valientes, sino también hombres dispuestos a darlo todo por sus hijos, guiando a sus esposas de la mano de Dios. El corazón de una madre es desearle lo mejor a sus hijos, y Cristo debe ser parte importante en su vida. Lo más importante es que Cristo este en el corazón de una persona.