Almudena crece en una familia católica. Toda su niñez se desarrolló en una burbuja en cuanto a la fe, pero su relación con Dios era de "un Dios de justicia". Durante su juventud, Almudena vivía una cierta doble vida, iba a Misa, pero su vida diaria no era concorde a la fe. El corazón de Almudena era un corazón de piedra con el que le era imposible amar a los demás. Ella buscaba el amor, la felicidad en la superficialidad, en cubos de basura. A través de la adoración y de santa Teresita, Almudena descubrió a un Dios de amor. Descubre cómo Almudena se quita todas las caretas que tenía y pasa de su olvido de amar a la gente a pedirle al Señor que le enseñe a amar con «Cambio de Agujas».