El divorcio cuando hay hijos con discapacidad implica una reorganización total de la vida familiar. No se trata solo de una separación de pareja, sino de redefinir acuerdos de cuidado, responsabilidades económicas y rutinas que son esenciales para el bienestar del niño o niña. En muchos casos, la carga principal del cuidado recae en la madre, lo que genera mayor desgaste emocional y económico. A esto se suman procesos legales poco adaptados a las necesidades de la discapacidad y redes de apoyo que suelen debilitarse tras la separación. El capítulo junto a Isabel,@isabelgavt enfatiza la necesidad de acompañamiento institucional, corresponsabilidad parental y políticas públicas que reconozcan esta realidad específica