Esta frase nos devuelve al valor fundamental de la Credibilidad.
Vivimos en la era del "postureo" y el marketing personal, donde es muy fácil construir una fachada con palabras bonitas en redes sociales o en el currículum. Decimos "soy honesto", "soy trabajador", "te quiero". Pero el cerebro humano es escéptico por naturaleza: las palabras son baratas y fáciles de falsificar. Los hechos, sin embargo, son irrefutables.
Aquí te explico por qué la demostración siempre vence a la declaración:
La Evidencia vs. La Promesa:
Decir "soy gracioso" no sirve de nada; cuenta un chiste y hazme reír.
Decir "soy un gran líder" es irrelevante; muéstrame a un equipo que te siga con entusiasmo. Cuando "dices", estás pidiendo crédito (fe). Cuando "muestras", estás pagando al contado. La gente no sigue a quien promete el camino, sigue a quien ya está caminando.
La Saturación de Ruido: Estamos bombardeados por personas que nos venden humo. Hemos desarrollado un filtro mental muy grueso. La única forma de atravesar ese filtro de desconfianza no es gritando más fuerte tus virtudes, sino demostrándolas en silencio con resultados tangibles.
El Principio de la Escritura (y de la Vida): En el cine y la literatura, la regla Show, don't tell (Muestra, no cuentes) es lo que separa a los aficionados de los maestros. Si el escritor dice "el personaje estaba triste", es aburrido. Si describe al personaje "mirando la lluvia tras la ventana sin parpadear", tú sientes la tristeza. En la vida pasa lo mismo: no me digas que te importo; llámame cuando estoy enfermo. Eso me hará sentir que te importo.
La regla de oro: "Eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer."
Tu reputación no se construye sobre tus intenciones, sino sobre tu ejecución.
Como dijo Ralph Waldo Emerson con contundencia: "Lo que haces habla tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices."