Lo primero que hay que citar es lo que ocurrió ayer en un hospital de Barcelona, y es que Noelia Castillo falleció, se cumplió su deseo de suicidarse, y se suicidó con la colaboración del estado. La realidad aplastante de la muerte de esta joven, aquí caben casi todas las palabras, pero casi todas ya son prescindibles porque está muerta, porque se ha cumplido su voluntad. Peleó durante 2 años por lograr ese suicidio asistido.
Esto no es un triunfo de la ley ni un triunfo del libre albedrío, sino el rostro real, doloroso y triste de una legislación que ignora y desprecia el valor supremo de la vida. Hubo gente que trató de evitarlo hasta el último segundo, pero el estado, ese que falló en la vida de Noelia, le quitó la vida con un ingreso programado, una sedación, una inyección, y adiós.
Es donde este terrible debate se pierde en una niebla insoportable, porque ¿cómo se mide un sufrimiento psicológico efectivamente insoportable? O es más fácil decirle, vamos, te damos ...