En la festividad de Santo Tomás Moro, otro importante político británico perdió la cabeza metafóricamente, a diferencia del mártir humanista que agotó la paciencia de ese rey corrupto que fue Enrique VIII.
Se trata de Starmer, el primer ministro del Reino Unido, que anunció ayer su dimisión. Dijo que ha escuchado el clamor de su partido, el laborista, que no le quiere de cabeza de cartel en las próximas elecciones. Todo esto está sucediendo en Londres, a dos horas de vuelo de Madrid, por las malas encuestas, por las derrotas electorales y porque un embajador nombrado por Starmer tenía relación con el pederasta Epstein.
Sin embargo, en Españita, el más alto tribunal del país condena a 24 años de cárcel a la mano derecha del presidente, portavoz de la moción de censura que lo llevó al poder, y el partido lo que hace es salir en tromba contra los jueces. Esa es la diferencia entre un partido democrático, el británico, y este manicomio o psicodrama terminal que llamamos ...