Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano
Misioneros Digitales Católicos

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- 1) Escuchen: Quiero que tengan en claro que podemos dar sin amar, si no, mira la cantidad de gente que ayuda a ONG para que se le bajen los pagos de impuestos. O gente que colabora con una institución solo para aparecer en el Instagram, pero es muy difícil amar sin dar. Porque quien ama necesita dar de sí para escuchar y comprender y, comprendiendo, acompaña. Porque desde la escucha también se ama y se ama cuando se escucha.
2) Manos: ¿Alguna vez pensaste dónde vas a pasar tus últimos días en esta tierra? ¿En qué lugar físico? Porque nadie sabe ni cómo va a morir ni en dónde, pero, si vamos a la estadística, lo más probable es que sea en una cama de hospital. Así que es posible que tus horas finales las pases rodeado de aparatos en una cama, conectado a un respirador. Lo que me ha pasado estos 14 años de cura es que, cada vez que voy a una terapia, es un mismo patrón: nunca encontré que me dijeran: “Luis, ¿me podés traer el diploma de la universidad?” o “¿me podrías traer dinero del banco?, así muero con el efectivo”. Tampoco nadie me dijo: “¿podés traer mi Ferrari?”. Nadie me dijo eso. En el momento final de la vida se plantean dos cosas: si están bien o mal con sus familias (con sus hijos especialmente) y la otra es si están listos para encontrarse con Dios. Cuando mires el espejo retrovisor de tu vida ¿habrá un legado que dejes? ¿una satisfacción o un legado caótico? Por eso, simplifica tu vida lo más que puedas, te aseguro que la vida pasa por lo más simple. Escoge una vida con propósitos, porque en esta vida no hay ensayos, esta es la única. En el momento final ya tampoco te importará tu familia, porque donde vas ya no te acompañarán. Lo último que uno termina pensando es la relación con Dios.
3) Interrogar: Nuestra vida, cuando no coincide nuestra actividad con nuestras convicciones, termina siendo como un hámster. Corremos en la misma rueda, pero encarcelados. Hacemos mucho caminar, pero en un mismo lugar. Hay gente que hace carrera frenética, pero que no llega a ningún destino. El tema dominante son las prioridades y Jesús nos deja en claro que hay que poner las prioridades en orden y después dejar que las fichas caigan en su lugar. Por eso, reordena las prioridades y simplifica. Te aseguro que así tu vida va a cambiar. Algo bueno está por venir. - 1) Pregunta: Hay momentos en los que la ansiedad nos golpea y muy fuerte. Hay días que uno pasa sin dormir y no le encuentra el punto de lo que le pasa o del por qué le pasa eso, o siente una depresión tremenda. Uno colapsa y solo puede llorar, pero no hay algo que lo acabe. Sumado a que cuando esto lo planteas a la gente de la iglesia incluso no te entienden y hasta te dicen: “Reza un rosario” o “Anda a misa y se te va a pasar”. ¡No! Hay dolores que se deben transitarl, cuestiones que uno debe pasar. La biblia es para animar y no para dar respuesta a todo. La Eucaristía es para acompañar y fortalecer la vida, es un acompañar, es un caminar. No hay nada peor que nos tiren versículos bíblicos cuando estamos heridos. Tenemos hasta la tendencia a dar consejos cuando no nos están pidiendo y a veces lo que necesitamos es un simple abrazo o que nos escuchen. Hay dolores que no merecen soluciones rápidas. Los cristianos tenemos tendencia a querer “arreglar” a los que sufren. Hasta creemos que el sufrimiento es una temporada de venganza o de vergüenza, ¿por qué no podemos estar tristes?, si hasta Jesús pasó tristeza antes de la muerte. Qué difícil es tener amigos honestos sin temor a ser prejuzgados. A veces pensamos que los cristianos y los curas no podemos expresar nuestras emociones y hasta nos hace falta una teología de la adversidad, porque se nos ha educado en que, si rezamos positivamente, nos van a pasar cosas positivas, y si no vamos a misa o no rezamos solamente nos van a pasar cosas malas. Creo que esa no es la identidad del cristiano, porque la vida no siempre es positiva.
2) Respondieron: Nietzsche decía algo como: “No hay hechos, hay interpretaciones”. Sobre esto hay una película muy buena que se llama “Loca de amor”, bastante viejita. En una misma película aparece una situación contada dos veces. Del minuto 0 al minuto 45 uno ve una película y es la versión subjetiva de ella, del 46 al 90 ves la versión subjetiva de él. Todo con los mismos momentos (no quiero ser tan descriptivo para que la veas). Cuando uno la ve se da cuenta de que para ella significaba una cosa lo vivido y, para él, otra. Los actos y las palabras siempre van a generar malos entendidos, todo el tiempo. Cuántas veces decimos “Yo no quise decir eso”. Las emociones realmente profundas nos convocan todo el tiempo a poner sobre la mesa si interpretamos el cómo como lo que ocurrió o lo que el otro quiso hacer ocurrir; el juicio es rápido y “cierra”. En cambio, en la pregunta del por qué lo hizo y lo que puede estar detrás de eso, “abre” y cuando uno abre su mundo y abre la posibilidad de entender por qué hace lo que hace (por qué se mete en ese problema o por qué se enamora de esta persona), empieza a entender un poco más.
3) Sufrir: El dolor es parte de la vida, pero es el gran docente. Yo te confieso que aprendí más de mis tiempos de dolores que de los tiempos de gracia. El dolor es una cosa y el sufrimiento es otro. El dolor es momentáneo, mientras que el sufrimiento es eterno; porque el dolor lo puedo asumir y saberlo llevar, mientras que el sufrimiento es lo que alimento en mi cabeza y en mi andar. Por eso, hoy aprende a sacar enseñanzas del dolor y a saber que el sufrir es parte de una oportunidad, pero no lo podés convertir en eternidad. Algo bueno está por venir. - 1) Desconcertado: Me voló la cabeza cuando leí esta frase de Shakespeare, “Dices amar la lluvia, pero abres el paraguas cuando llueve; dices amar el sol, pero buscas sombra cuando brilla; dices amar el viento, pero cierras la ventana cuando sopla. Por eso, tengo miedo cuando me dices que me quieres”. Es una de las frases que cuantas más vueltas le das más sentido tiene, porque mucha gente dice amar algo hasta que amar ese algo implica incomodidad, hasta que requiere paciencia, requiere presencia, requiere elegir a alguien, incluso en sus peores momentos. Es muy fácil amar lo bonito de una persona, pero lo difícil es amar lo humano: las inseguridades, los días malos, las partes rotas de esas personas. Porque amar de verdad no es solo admirar la luz de alguien, sino que también es aprender a quedarse cuando aparecen sus sombras. Por eso, no te desconciertes con la otra parte que ves de la persona, como le pasó a Herodes. Acepta el todo de esa persona si verdaderamente la quieres y la valoras.
2) Decían: La sociedad siempre hablará y opinará de nosotros. Séneca decía: “Los humanos somos las criaturas más crueles de todas, porque pueden sonreír mientras te destruyen”. Por eso, hablando de lo que la gente dice, recuerda que no siempre podrás evitar que alguien te perjudique, pero sí podés evitar que eso te transforme en quien no querés ser o en quien no eres. Que lo que te hicieron no decida en quien te conviertes.
3) Decapitar: Aceptar no significa que estoy negando lo que estoy viviendo. Yo puedo decirte: “Vení a misa para que se te vaya el dolor que estás sintiendo”, y vos me podrás decir: “Yo recibo la gracia, Padre, pero el dolor sigue estando”, y eso no es falta de fe tuya ni mía. Ni que la oración falló, porque somos Tripartitos: cuerpo, alma y espíritu, y el alma duele y el dolor no se puede negar. Insisto en decirte: “Aceptar las cosas no es negar las cosas”. Cuando aceptamos no significa que reprimimos los sentimientos, no es que ahí tengo que hacer millones de oraciones y repetir versículos bíblicos, no fingimos que todo está bien y está bien que no todo esté bien. En mis años de cura vi gente que actúa como que no está pasando lo que le está pasando y creen que eso es actuar en fe. Eso es no querer ver la realidad. A esos los llamo cristianos “avestruces”. El avestruz pone la cabeza en tierra y cree que nadie lo está viendo. Trabaja por ser un cristiano que acepta y pasa lo que tiene que pasar. Algo bueno está por venir. - 1) Convocó: Creo que todos somos muy buenos, y hasta tenemos un doctorado en encontrar la falla de los demás, las falencias y en lo que el otro no es bueno. Pero se necesita mucha madurez y apertura mental para poder reconocer y valorar las cosas buenas que tienen las otras personas, aunque incluso no las queramos.
2) Proclamar: Una vida dedicada al qué dirán es una vida dedicada al pecado. Aunque algunos lo disfracen de “cuidar el testimonio”. Es lo que conocemos como falso testimonio y en la vida espiritual esto puede ser una prisión eterna, un fingir. En lugar de reconocer debilidades estamos fingiendo un personaje. Pero no podemos poner filtro a nuestros fracasos, porque Dios nos conoce. Pero lo que debemos proclamar es que Dios mira el corazón, que podemos engañar a todo el mundo, pero Dios mira el corazón, a Él no lo podemos engañar. Y cuando nos convertimos en el ser que debimos ser, somos librados del ser que aparentamos ser. Dios no puede bendecir lo que pretendemos ser, porque Dios nunca bendecirá una escenografía. Cuando Dios nos habla de un corazón limpio no habla de un corazón que no tiene pecado, sino de un corazón sincero. Dios siempre va a preferir el quebranto genuino ad la espiritualidad fingida. Este también es hoy el flagelo de las redes sociales en donde nos mostramos felices y hasta nos vamos a buscar la foto y a alimentar las apariencias. Cuando vivimos del “modo avatar” ya no proclamamos a Dios en nuestras vidas, sino una vida de dioses que no existe.
3) Partir: La clave de esto es sanar desde la verdad y saberse sincero con uno para ayudar al otro, porque la vida religiosa no se reduce a cumplir normas, sino a entender al otro y acompañarlo desde sus heridas y no ocultar nuestras heridas para lastimar a otros. Ser evangelizadores no es ser sometedores, ser anunciadores no es ser anormales, ser discípulos no es ser perfectos, ser cristianos es dejar que viva Cristo en uno. Algo bueno está por venir. - 1) Buscando: Con el correr de los años yo tuve que entender que la fe y la duda son parte de nuestra vida como cristianos. Es parte de una ecuación que no se puede separar. La fe y la duda… casi siempre se habla de la fe y se tiende a subestimar la duda, pero las dudas nos ayudan a entender. Te presento tres categorías de duda:
a) la falta de evidencia de Dios: no podemos mostrarle al inconverso “Mira, aquí está Dios”, sería tan fácil. Es difícil, especialmente cuando esa persona a la que tratamos de convencer que existe Dios tuvo una tragedia y se pregunta dónde estuvo Dios.
b) los que necesitan señal para creer: si hasta nosotros le hemos pedido a Dios: “Dame una señal”.
Nosotros podemos sentir el trueno de Dios o ver el humo de Dios. Podemos comer el maná o hasta ver cómo se abre en dos el Mar Rojo para que pasemos, pero pasado unos meses nos quejaremos por vivir en el desierto y querremos regresar a la esclavitud de Egipto porque allí se comía buena cebolla.
c) convencer a la gente que Dios existe: no resolvería el problema básico de la raza humana que es su corazón. Por eso, no es que Dios no aparece, sino que el tema de la duda va más allá, es cuando uno se cierra de corazón.
2) Multitud: Como dice el dicho: “Corre detrás de todo lo que quieras menos de la muerte y del amor, porque tarde o temprano ellos te terminan encontrando”. Pero, en todo lo que te relaciones y con quienes te relaciones, recuerda que si todo lo que ofreciste no fue suficiente, capaz que te convenga ofrecer tu ausencia, porque la sal no está en el menú, pero, cuando falta, se siente. Así que evita la tentación de demostrar lo inteligente que eres, porque es mucho más inteligente ocultar los mecanismos de tu inteligencia. La mayoría de las personas no buscan la verdad, sino más bien consuelo e ilusiones, por eso nosotros sabemos quién es la Verdad.
3) Hermanos: En el camino de tu vida tendrás que enfrentar y cumplir la voluntad de Dios y saber dejar de lado los caprichos de uno mismo. Cuando uno se cierra, se aísla, pero cuando uno se abre a la voluntad de Dios se da cuenta que hay una familia. Capaz que no tu familia de sangre, pero sí familia en el espíritu. Aprende a darte cuenta de que la familia no pasa por quien compartió tu niñez, sino más bien por quien te acompaña en la vejez. Familia no es quien se acerca a la mesa para comer, sino aquel que te ayuda a comer. Familia no es quien te está compartiendo la ropa, sino el que te ayuda cuando te sientes sola o solo. Familia no es por cuestión de sangre o de piel, sino quien te acompaña y te sabe comprender. Algo bueno está por venir.
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La Meditación Diaria es preparada día a día por el Pbro. Luis A. Zazano, quien nos anima con sus meditaciones y amenos audios a adentrarnos más en el Evangelio, conocer más de la vida de nuestro señor Jesús y encontrar la paz interior. Para más info visite: https://misionerosdigitales.com
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