Para sorprenderlo
1) Herodianos: Sin el dolor nos volveríamos a lastimar una y otra vez. Me animo a decirte que el dolor es un gran profesor de teología. Es el mejor seminario. Muéstrame un cura que pasó por dolor y te mostraré a alguien que no habla desde un escritorio o de un empoderamiento barato, sino que te habla desde el lugar del proceso. El dolor es el mejor entrenador en cualquiera de las disciplinas y es un eficaz docente. Es el faro que nos indica los riesgos y por eso es mirar desde el dolor y no escondernos desde el dolor, si no nunca vamos a resolver lo que nos angustia. Dios, de una u otra manera, utiliza el dolor para hacernos crecer y madurar, porque es a través del dolor que decidimos y decidimos cambiar situaciones. El Dr. Mario Alonso decía: “Cambiamos y crecemos cuando el mantenernos igual duele más que el dolor del cambio”. Porque hay personas que pesan los dos dolores: “Me quedo donde estoy y sigo con el dolor” o “Me aguanto el dolor del cambio que es menor”. Porque vale decirte que hay dolores que son crónicos, pero seguimos llevándolos porque queremos.
2) Permitido: Si no fracasas significa que no lo has intentando o no lo estás intentando. El que no fracasa es porque no lo intenta y para conseguir algo que nunca has tenido debes intentarlo muchísimo y es normal que las primeras veces no salga bien. Por eso en Jesús vemos la actitud de enfrentar las situaciones sabiendo que la gente puede que lo humille o lo ataque. Es entender que mientras uno tenga convicción para seguir, puede seguir siempre adelante.
3) César: Las decisiones son las que nos forman. Lo que digo y lo que pienso, lo que leo, lo que consumo en redes, hasta la música que escucho, los sitios donde voy, con quién estoy, qué hago, cómo trabajo, cuándo y cómo descanso nos forman. Todo ello determina la persona que somos. Sartre decía: “Los bebés que son bonitos dependen de los genes, y hasta los cuarenta años ese bebé puede seguir siendo bonito o bonita dependiendo de los genes, pero después de los cuarenta tiene la cara que se merece”. La cara va revelando lo que hay en nuestra alma. Las decisiones se reflejan en la mirada y todo lo que hicimos queda esculpido en el rostro. Hay cosas que no se disimulan con cirugías. Al atravesar la vida nos encontramos con la persona en que nos convertiremos y por eso las sagradas Escrituras nos presentan así a la persona sabia, que es la persona que tiene la capacidad de tomar buenas decisiones, aunque uno no haya terminado la escuela primaria. Como diría San Ignacio: “La sabiduría es el arte de vivir bien”. Es preguntarte: “¿Esto me suma o me resta?”. Hay cosas o personas que no son pecado, pero que te son un peso. Aprende a ser una persona que sepa dividir y separar, una persona que sepa discernir a quién dar y a quién no dar de tu tiempo, de vos, para vivir en paz con vos desde tu interioridad y desde tu relación con Dios. Algo bueno está por venir.