1) Discípulos: Una vez me fui a la zona de montañas y, al visitar una de las casas del cerro, de las montañas más altas, mientras tomaba unos mates, hablaba con un Señor que me decía “¡Vea padre cómo amo a Dios!” Y yo le pregunto: “¿Usted hizo la comunión?”. “No, padre”. “¿Usted sabe en qué año nació Jesús?”. “No, padre”. “¿Sabe las Bienaventuranzas?”. “No, padre”. “¿Sabe los siete sacramentos?”. “Tampoco padre”. Me dice don Federico: “Mire, Padre tiene razón. Ya me da vergüenza porque no sé nada de Jesús, pero le voy a decir es todo lo que sé: yo era un borracho, mi esposa se moría de cáncer, mi familia estaba cayéndose a pedazos. Ahora abandoné la bebida, mi esposa está sana y tenemos un hogar feliz. Eso es lo único que sé de Cristo. Capaz que don Federico no sabía mucho de Jesús, pero sabía mucho del encuentro con Jesucristo. Hay veces que la única respuesta que tenemos es “No sé” y eso nos hace humildes. Capaz que lo único que podemos saber es nuestra relación con Dios. Por eso, ser discípulo de Jesús, no pasa por saber mucho de Jesús, sino por hablar y relacionarte con Jesús.
2) Entristecidos: Un abogado le vendió el pozo a un viejo granjero. Después de comprar el pozo, el viejo granjero escarbó un poco más y descubrió agua potable. La noticia se expandió por todos lados. Entonces, días después, apareció el abogado y le dijo “Señor, le vendí el pozo, pero no el agua. Si quiere usarla me tendrá que pagar el agua por metro cuadrado que use para regar”. El granjero, con una sonrisa, le respondió “Qué bueno que vino, porque justo de eso le quería hablar. Si el agua es suya, tiene hasta mañana para sacarla de mi pozo, de lo contrario me veré obligado a cobrarle un alquiler”. El abogado, avergonzado y sorprendido, le dijo: “Pero yo solo estaba bromeando, amigo”. El granjero sacó un documento, se lo entregó y le dijo “Para que no tenga problemas, firme aquí y se desentiende del tema del agua”. Con esto recordemos que la verdadera inteligencia no está en sacar ventajas, sino en tener la lógica antes de actuar. Porque cuando intentas ganar con astucia, pero sin fundamento, siempre aparece alguien con más claridad y con experiencia, porque la experiencia vale más que cualquier título. Cuídate de la gente que te genera tristeza y que busca aprovecharse de ti.
3) Juicio: No te olvides que el Espíritu Santo nos motiva y nos mueve a actuar con cordura y cordialidad, pero, por sobre todo, con astucia. Algo bueno está por venir.