1) Camino: Había una vez en el reino del más allá dos hijos del rey. Ellos le preguntaron a su padre “Su majestad, ¿un caballero nace o se hace?”. El padre replicó preguntándole a ellos qué creían sobre ese tema. Uno de los hijos le dijo que un caballero nace y es algo que se lleva dentro. El otro hijo gritó “No estoy de acuerdo, porque un hombre solo llega a ser caballero con preparación, entrenamiento y disciplina”. Tarde o temprano la disciplina vence a la herencia. Viendo esto, el rey les pide que en una semana se volvieran a ver los tres y que cada hijo le demuestre la teoría que plantea y lleven un ejemplo. Los dos hijos partieron en direcciones opuestas. El hijo que creía que el hombre se hace y no nace encontró su prueba en una taberna, porque pidió una taza de café y quedó asombrado de que el camarero era un gato. El gato estaba entrenado para pararse en sus dos patas traseras y con la delantera el gato llevaba la bandeja. Esto era la prueba de que una criatura puede superar su naturaleza con preparación, entrenamiento y disciplina. Por lo tanto, el primer hijo ya tenía la prueba de su teoría para presentar al rey: si se puede cambiar a un simple gato entonces, con mucha razón, más aún, a un hombre transformarlo en caballero. De modo que el príncipe compró el gato y lo llevó para mostrarle y demostrarle a su padre y a su hermano que se lograba eso. El otro hijo no tuvo tanta suerte, recorrió el reino y no pudo encontrar nada que sustentara su teoría y regresó al palacio con las manos vacías. Lo peor es que llegaron a sus oídos varios comentarios sobre el gato que había descubierto su hermano. La noticia del gato camarero le hizo dudar de su teoría pero, minutos antes de presentarse al rey, el hermano que no sabía qué llevar vio algo y lo compró, lo puso en una caja y lo llevó ante su papá y su hermano sin que nadie lo supiera. Los dos hermanos llevaron una caja cerrada ante el rey y el primer hijo que presentó que cualquier hombre podría superar un obstáculo y llegar a ser un caballero presentó al gato camarero vestido con un traje de la corte y en su bandeja le ofreció café al monarca. Ante esto el rey estaba atónito y la corte saltó con un gran aplauso ante una prueba tan contundente. Cuando le llega el turno al segundo hijo, abrió la caja que había traído y dejó libre un par de ratones… en ese momento el gato tiró la bandeja y salió corriendo en cuatro patas para perseguir a los ratones y hasta incluso ensució al rey. La verdadera naturaleza del gato quedó en evidencia y el punto es que quedó demostrado que un gato que camina en dos patas aún sigue siendo un gato. Se le puede cambiar el vestuario, se le pueden enseñar algunos trucos, se le puede entrenar un poquito y, por un momento, parecerá que habrá cambiado. Pero, preséntale algo que no pueda resistir, y se enfrentará a una realidad innegable… un gato que camina en dos patas aún sigue siendo un gato.
2) Ustedes: Lo mismo del gato podemos aplicarlo a nosotros, porque podemos cambiar de traje, usar corbata o sotana, alargar la falda o cambiar los hábitos. Hasta podemos usar un vocabulario evangélico, incrementar nuestro nivel de lectura e incluso cambiar nuestras actitudes, pero la Palabra de Dios nos recuerda que hay una cosa que no podemos cambiar: nuestro estado pecaminoso. Por eso recuerda tu lucha interna y la confianza en la gracia, pero aprende a saber cuáles son tus límites.
3) Invoquen: Por eso nunca te olvides que Dios obra en ti, pero con tu ayuda. La vida espiritual es una constante lucha y como diría san Pablo “Por qué hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero”. Es importante la oración y la disciplina en tu vida, orar para pedir la gracia y la disciplina para obtener la paz. Algo bueno está por venir.