En 2008, una joven de 17 años llamada Sato Kozue fue encontrada sin vida en una zona montañosa de Iwate, Japón. Poco después, la policía señaló como principal sospechoso a Katsuyuki Obara, un hombre que desapareció tras el crimen y que hasta hoy continúa prófugo.
Pero conforme el caso avanzó, salió a la luz un detalle inquietante: existían dos jóvenes llamadas Sato Kozue. Ambas eran amigas cercanas, tenían la misma edad y estaban relacionadas con Obara.