Selene creció con una mentalidad de independencia, preparación y autosuficiencia, creyendo que podía construir su vida por sí misma y que la fe no era para alguien como ella. Aunque llegó a la iglesia, sentía que no conocía realmente a Dios. Tras separarse de su esposo, vivió una etapa de estabilidad económica, viajes y una vida que parecía plena, pero que no llenaba su corazón ni restauraba su familia. En este episodio comparte cómo Dios la confrontó y la transformó en medio de ese proceso, restauró su matrimonio, sanó su corazón y le mostró que seguirlo no es un acto de ignorancia, sino una decisión que cambió drásticamente su vida.