Hay una regla de oro que se escucha en todos los paraderos, desde Monterrey hasta el Puerto de Veracruz: 'Nunca manejes cansado y, por lo que más quieras, jamás te detengas a recoger a un extraño a media noche'.En ocasiones tras una jornada agotadora, el cansancio juega una mala pasada y lo que encontró en una recta solitaria de la carretera a Veracruz lo cambió para siempre.Una pelota amarilla, un niño en cuclillas y una sonrisa. A veces, la carga más pesada no es la que llevas en el remolque... es la que se sienta detrás de ti y te observa por el retrovisor.De haberlo sabido antes, nunca habría abierto esa puerta.