A veces lo más peligroso no es rechazar a Dios, sino reemplazarlo sutilmente. En esta semana vemos algo revelador: el pueblo de Israel solicita un rey, no porque Dios no fuera suficiente, sino porque deseaban parecerse a las demás naciones. Pues en lugar de confiar en el gobierno soberano del Señor, querían un líder visible, humano y estructurado, según los estándares culturales del mundo.