1.141.- Bibiana Collado da voz en Marcelino a un hombre mayorque rememora la dureza del campo, la relación con las mujeres y sus pasiones amorosas y sexuales
La Biblioteca de Sollo. Episodio 146
(Entrevista de Manuel Sollo). "El ser humano no está hecho para darse cuenta de que es feliz". “El amor era un puente líquido entre los cuerpos”. En la vejez, un hombre de campo rememora su vida, rastrea en sus vivencias para contar lo que calló, lo que no supo decir durante décadas. Sus sentimientos, sus soledades, sus miedos, el aprendizaje del sexo, las dificultades de ser el tipo de hombre que impone un territorio embrutecido, la bondad y la ternura. Su nombre es Marcelino, que así titula su segunda novela Bibiana Collado Cabrera (Pepitas y Los Aciertos), que entronca con su poemario Chispitas de carne y es el envés de la celebrada Yeguas exhaustas. A través de esta voz, desnuda las pasiones amorosas y sexuales hacia Encarna, su mujer, en una época en la que nadie sabía muy bien cómo manejarse en el placer y la sensualidad. Se adentra en el deseo, las maternidades como regalo o maldición, las relaciones prohibidas, los cuidados mutuos. La autora rescata una memoria generacional de hombres y mujeres que vivieron en las montañas, los páramos. Que sobrevivían al son de las cosechas y compartían bodas, entierros, romerías y matanzas, pero que también sufrieron el hambre, la violencia de género o las tragedias de la guerra civil y la posguerra. Unas gentes que bajaron del cerro al pueblo y a la ciudad en busca de una vida mejor. Si ellos huían de la miseria, serán sus descendientes quienes recuperen la memoria, la herencia y el lenguaje de ese imaginario de la tierra, ahora vacío y olvidado.