1.118.- Ana María Shua entreteje en los doce relatos de El cuerpo roto la literatura, la enfermedad y el cuidado desde la experiencia propia, la perturbación y el humor
La Biblioteca de Sollo. Episodio 123
(Entrevista de Manuel Sollo). «Si me van a hablar de la muerte, prefiero que sea sin metáforas». Enfermedad y literatura se cobijan en este libro. Como la fragilidad, el horror, el miedo, el placer o la esperanza. La escritora argentina Ana María Shua siente fascinación por las dolencias, las plagas, las curaciones. Aparecen en buena parte de su obra y son protagonistas de los doce relatos que integran El cuerpo roto (Páginas de Espuma), su obra más autobiográfica. La perturbación y el dolor se unen al humor y el optimismo desde el primer texto, en el que la autora narra su propio cáncer y que titula, como una liberación, Un canto a la vida. A Shua le asombra ese cuerpo violentado por intervenciones quirúrgicas, agujas, sondas, respiradores, al tiempo que agradece el trabajo de los que practican el arte de curar. Estos cuentos traslucen las experiencias de la persona enferma, las de quienes la cuidan, las de los médicos y sobre todo las de los supervivientes. Sus personajes afrontan la falta de salud, el paso del tiempo, desde la dignidad, el esfuerzo, la generosidad, la promesa. Al final, ineludible, está la certeza de la muerte, tránsito que alivian la medicina y la escritura con todas sus cicatrices. La preocupación orgánica se extiende a cuestiones como la pérdida de la virginidad o las atrocidades de la dictaduraargentina.