360 episodios
- Hoy toca hablar de un cacharrito que me ha cambiado la forma de viajar: el ResMed AirMini. Es un CPAP minúsculo, apenas 300 gramos, cabe en la palma de la mano, y por fin puedo dejar de meter medio hospital en la maleta cada vez que salgo de casa.
Empiezo contando por qué esto era un problema de verdad: mucha gente que usa CPAP acaba dejándoselo en casa cuando viaja, precisamente por el tamaño de los equipos de toda la vida. El AirMini resuelve justo eso.
Lo bueno, en detalle: no lleva depósito de agua para nada. Tiene una pieza que se llama HumidX que aprovecha el calor y la humedad de tu propia respiración para devolvértelos al inhalar, así que te ahorras rellenar y limpiar depósitos cada noche de hotel. Se conecta por Bluetooth a una app donde ves tus datos de uso, mantiene los mismos modos de presión que los equipos grandes, y está aprobado para usarlo en cualquier fase de un vuelo, así que tampoco hay que preocuparse por eso.
En la práctica: pesa nada, apenas hace ruido (se nota sobre todo si compartes habitación), y montarlo y desmontarlo lleva un par de minutos. Nada de cables sueltos ni depósitos que limpiar antes de hacer la maleta.
Y cierro con una reflexión más de fondo: esto encaja con una tendencia que llevamos viendo años en tecnología médica, la de hacer los aparatos cada vez más pequeños sin perder prestaciones — lo hemos visto con los medidores de glucosa, con los electrocardiógrafos de muñeca, y ahora con esto. Cuando un tratamiento diario deja de sentirse como una carga, es mucho más fácil mantenerlo. - Hoy que cualquier pantalla a 120 Hz nos secuestra la atención a base de algoritmos, me ha dado por recordar que mis primeros años transcurrieron en una casa sin televisión. Ojo: no me malinterpretéis. No fui un ermitaño. Naciendo en el 77, me las apañé diplomáticamente para no perderme ni una sola serie de la época, colándome con nocturnidad y alevosía en los salones de amigos y vecinos para compartir sofá frente a cualquier evento importante, desde el fútbol hasta las tardes de toros.
Pero cuando la puerta de casa se cerraba, el salón volvía a la sobriedad. Allí no había tubo de rayos catódicos (llegaría años después, más cerca de mi pre-adolescencia que de mi infancia). Ahí reinaba la radio. Pura dial AM-FM, sin píxeles, sin scroll y sin compasión. Y mira que entretenía y te mantenía informado día y noche.
Aquellos primeros años de mi infancia sintonizando frecuencias a oscuras no solo me libró de la televisión de consumo masivo. Me gusta pensar que moldeó, sin saberlo, mi forma de entender el audio, la tecnología y el valor del tiempo del oyente. Pero lo fascinante no es de dónde vienes, sino a dónde te lleva el virus de las ondas cuando te niegas a curarte con los años.
Lo que empezó como un simple entretenimiento infantil sin pantalla, porque no había otra alternativa, acabó convirtiéndose en el germen de un monstruo mucho mayor. Algo que va bastante más allá del podcasting y que ha terminado recientemente por cambiar mi relación con el espectro radioeléctrico para siempre …
En este nuevo Report de elPiloto para LaYslaDeLosMacníficos, os cuento qué ocurre cuando un niño en sus primeros años de infancia se cría sin televisión en casa y la alternativa es a base de transistores y ruido blanco y … con el tiempo, … decide llevar esa pasión al siguiente nivel. Y no, no tiene nada que ver con comprarse el último iPhone. Es algo más místico y romántico .
… y, seguramente, elPeriodista, elAlmirante y elCódigoFuente, náufragos de YslaMac, sean mucho más culpables de lo que se imaginan …
🎧 Dale al play para descubrir la historia completa.
Por cierto, te dejo enlace a las imágenes de este #podcast que puedes encontrar en el canal de #YouTube de #YslaMac:
https://youtu.be/4K40c0_v-Gk?si=2dg_k1d2CDuSu5sI - ¿Qué ocurriría si mañana despertaras y descubrieras que Internet ha dejado de funcionar?
No hablamos de un problema con tu operador ni de una avería en el router. Imagina un escenario mucho más amplio: un fallo global que dejara sin conexión a millones de personas durante veinticuatro horas.
Ese fue el punto de partida del último Report de la décima temporada de YslaMac. Un episodio planteado como una ficción, pero construido sobre una pregunta muy real: ¿hasta qué punto dependemos de Internet sin ser realmente conscientes de ello?
Todo empieza como un día cualquiera
Son las ocho de la mañana. Suena el despertador. Coges el móvil para comprobar si tienes algún mensaje pendiente. WhatsApp no carga. Pruebas YouTube. Nada. Reinicias el router convencido de que, como tantas otras veces, el problema desaparecerá en unos minutos.
No ocurre.
Sales a la calle y todo parece normal. Los coches circulan, los autobuses pasan y la gente continúa caminando mirando la pantalla del móvil. Todavía nadie sospecha que acaba de comenzar un día completamente diferente.
Lo curioso de una situación así es que nadie pensaría inmediatamente en un fallo mundial de Internet. Lo primero sería culpar a la compañía telefónica, al Wi-Fi de casa o incluso al propio teléfono. Solo cuando pasan las horas empezamos a entender que el problema es mucho mayor.
Cuando Internet desaparece, la rutina también
Vivimos rodeados de servicios que funcionan de forma tan transparente que apenas pensamos en ellos. La banca online, el correo electrónico, las videollamadas, las aplicaciones de mensajería o el almacenamiento en la nube forman parte de nuestra rutina diaria.
Hasta que dejan de estar disponibles.
En cuestión de horas descubriríamos que gran parte de nuestro trabajo depende de servicios alojados en Internet.
Documentos que ya no podemos descargar, reuniones que nunca llegan a celebrarse, fotografías que permanecen guardadas en la nube y aplicaciones que, sencillamente, dejan de funcionar.
Es en ese momento cuando aparece una frase que muchas empresas temerían escuchar:
«¿Alguien tiene una copia en local?»
Y, probablemente, la respuesta sería un incómodo silencio.
El dinero deja de ser invisible
Uno de los momentos más llamativos de esta simulación llega cuando intentamos pagar un simple café.
El datáfono no responde.
Durante años hemos normalizado pagar con el móvil o con el reloj inteligente. Es rápido, cómodo y seguro. Tanto, que muchas personas apenas llevan dinero en efectivo encima.
Pero basta un fallo en las comunicaciones para recordar que el dinero físico sigue teniendo un papel importante.
No se trata de desconfiar de la tecnología. Al contrario. Se trata de comprender que toda infraestructura puede fallar y que disponer de alternativas nunca está de más.
La nube también tiene los pies en la tierra
Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros documentos «están en la nube». La expresión transmite una sensación de ligereza, casi de magia.
Sin embargo, la nube no deja de ser una enorme red de centros de datos repartidos por todo el mundo.
Si no podemos acceder a ellos, nuestros archivos siguen existiendo… pero dejan de estar disponibles para nosotros.
Esta reflexión resulta especialmente interesante porque muchas personas ya no conservan copias locales de sus documentos más importantes. Fotografías familiares, trabajos, proyectos personales o incluso documentos administrativos dependen exclusivamente de una conexión a Internet.
El día en que la Inteligencia Artificial guarda silencio
La IA ha llegado para quedarse y forma parte del día a día de millones de personas.
La utilizamos para trabajar, estudiar, escribir, programar, organizar tareas o resolver dudas.
Pero hay algo que pocas veces pensamos.
La mayoría de estas herramientas necesitan Internet para funcionar.
En nuestra simulación, miles de personas intentan abrir ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. Ninguna responde.
Y entonces aparece una idea muy interesante. No dependíamos realmente de la Inteligencia Artificial. Dependíamos de Internet para llegar hasta ella. Es una diferencia sutil, pero importante.
Los preppers dejan de parecer exagerados
Todos conocemos a alguien que lleva una linterna en el coche, una batería externa cargada, una radio de emergencia o algo de dinero en efectivo «por si acaso».
Muchas veces pensamos que exagera.
Pero una situación como esta demuestra que prepararse para pequeños imprevistos no significa esperar el fin del mundo.
Significa entender que los sistemas pueden fallar.
Y que disponer de un plan B aporta tranquilidad.
No hace falta construir un refugio ni almacenar comida para meses. A veces basta con tener una linterna cargada, una batería externa, algo de efectivo y la costumbre de no depender exclusivamente de un único sistema.
Lo más sorprendente ocurre al caer la tarde
Cuando el día termina sucede algo inesperado. Las terrazas siguen llenas. Las familias continúan reunidas. Los niños juegan en los parques. Los vecinos hablan entre ellos.
Cinco amigos se sientan alrededor de una mesa. Los cinco móviles descansan sobre ella. Ninguno funciona. Así que hacen algo que parecía casi olvidado. Hablar. Sin interrupciones. Sin consultar notificaciones.Sin sacar una fotografía de la comida. Simplemente conversar.
Y quizá esa sea una de las imágenes más potentes de toda la simulación.
Porque no todo lo que ocurre durante esas veinticuatro horas resulta negativo.
También descubrimos cuánto tiempo dedicamos a mirar una pantalla casi por inercia.
Internet ya no es un lujo
Durante muchos años Internet fue visto como un servicio más. Hoy es mucho más que eso.
Es la infraestructura que conecta bancos, empresas, hospitales, administraciones públicas, plataformas de trabajo, sistemas logísticos y buena parte de nuestras comunicaciones personales.
No solemos pensar en ello porque, cuando funciona, permanece completamente invisible. Solo cuando desaparece descubrimos hasta qué punto sostiene nuestra vida cotidiana.
Una simulación que invita a reflexionar
Todo lo que has leído forma parte de un ejercicio de imaginación.
No ocurrió.
Al menos, no exactamente así.
Pero basta mirar atrás y recordar incidentes recientes, como grandes apagones o caídas masivas de servicios digitales, para comprender que nuestra dependencia tecnológica es mucho mayor de lo que solemos reconocer.
La intención de este Report nunca fue generar miedo.
Fue provocar una reflexión.
La próxima vez que desbloquees el móvil y todo funcione como siempre, quizá merezca la pena detenerse un segundo y hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué parte de mi vida dejaría de funcionar si mañana Internet desapareciera durante solo veinticuatro horas
Tal vez la respuesta diga mucho más sobre nosotros que sobre la propia tecnología. - Hace diez años Samsung vivió una pesadilla: su buque insignia, el Note 7, se incendiaba en los bolsillos de algunos usuarios, lo que obligó a la empresa a retirarlo de todo el mercado. Desde entonces, aborda cualquier cambio en la química de sus baterías con extrema cautela y analiza cada detalle.
Este julio, por fin, ha dado el paso. En sus nuevos smartphones plegables (Z Fold8, Z Fold8 Ultra y Z Flip8) estrenó una tecnología que llevaba años rondando el sector: baterías de silicio-carbono. No es solo un cambio de nombre. El ánodo, la pieza donde se aloja la carga eléctrica, deja de ser de grafito puro para incorporar silicio, un material capaz de retener hasta diez veces más energía en el mismo espacio. El resultado es fácil de entender, aunque la química no lo sea tanto: móviles más finos con más batería, o la misma batería en un cuerpo más compacto, y de propina, cargas algo más rápidas.
Eso sí, Samsung no ha sido la primera en subirse a este carro. Fabricantes chinos como Honor o Xiaomi lo llevan haciendo un par de años. La cautela tiene una explicación muy concreta: el fantasma del Note 7 planea en cada decisión que toma la compañía sobre las baterías de sus dispositivos.
En mi Report del mes de agosto cuento esta historia con más calma: ¿por qué el grafito llegó a su límite? ¿cómo consigue el silicio multiplicar la capacidad sin que la batería se hinche? y ¿qué se espera para el año que viene, con la gama S ya en el punto de mira?. Un ratito para intentar entender uno de los cambios más importantes en la tecnología de baterías de los últimos años. - No sé si en alguna ocasión, a lo largo de vuestra vida, os ha ocurrido algo que deseabais. Pero llegó de manera inesperada y después de que sucediera una serie de circunstancias rocambolescas que os hizo pensar que había sido un milagro. Con la felicidad en el cuerpo y la sonrisa en la cara, no parabais de pensar algo así como que…
¡¡Madre mía!!
¡¡Parece mentira que haya pasado todo esto para que al final pudiera conseguir…!!
¡¡No me lo puedo creer!!
¡¡Parece como si alguien hubiera estado moviendo todo porque es difícil pensar que haya sido fruto de la casualidad!!
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, El Periodista de La Ysla De Los Macníficos.
En éste, mi Report de agosto de 2026 vamos a hacer un cosa diferente. Es el último podcast de esta décima temporada de YslaMac, y he querido hacer un “Off-topic”. Hoy no vamos a hablar de tecnología. Va a ser un Off-topic sobre “Las vueltas que da la vida”.
Y lo hago por algo que me ha ocurrido, rocambolesco como hablábamos al principio, que os voy a contar en un momento, y del que he sacado una lección de vida que quiero compartir con vosotros.
Un avance
He contado muchas veces que siempre quise ser periodista. Desde niño. Desde muy niño. Pero la cosa se complicó por cuestiones que no vienen al caso, y sin embargo conseguí plaza en la Facultad de Periodismo de Sevilla porque “se alinearon los astros”. Sí. Pasaron tantas cosas, tan raras, tan complementarias una con otra… que aquello me pareció más que un milagro.
Y…. ¿Sabéis qué? Ha vuelto a pasar. Sí. Otro milagro.
Sin embargo. No creo en los milagros. Sí que hay suerte, podemos y nos merecemos tener buena suerte, pero estoy convencido de que la suerte no llega sola. Hay que echarle una mano. En ocasiones más grande que en otras, pero, como decía alguien que ahora no recuerdo quien era…. “Cuando llegue la suerte, que te pille trabajando”.
De esto es de lo que os quiero hablar. Nunca hay que darse por vencido. Siempre tenemos que tirar para adelante, aunque sea por caminos extraños para nosotros, alejados de la ruta que nos gustaría seguir, pero nunca sabes si esta vía que ahora tomas y se aleja de a donde quieres llegar… digo que quién te asegura que en un momento dado no da un giro brusco y te coloca justo en el destino deseado. Y, por supuesto, manteniendo abiertas opciones y posibilidades que aunque no lo parezca ahora, puede que en un día te salven la vida.
Si queréis saberlo todo… os espero en el podcast.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
https://youtu.be/Z9ltcj0oFcs?si=q6V6HsVRcJKfq1XQ
Más podcasts de Ciencias
Podcasts a la moda de Ciencias
Acerca de YslaMac
Cuatro náufragos tecnológicos y sus cosicas
Sitio web del podcastEscucha YslaMac, Jefillysh: Ciencia Simplificada y muchos más podcasts de todo el mundo con la aplicación de radio.net

Descarga la app gratuita: radio.net
- Añadir radios y podcasts a favoritos
- Transmisión por Wi-Fi y Bluetooth
- Carplay & Android Auto compatible
- Muchas otras funciones de la app
Descarga la app gratuita: radio.net
- Añadir radios y podcasts a favoritos
- Transmisión por Wi-Fi y Bluetooth
- Carplay & Android Auto compatible
- Muchas otras funciones de la app


YslaMac
Escanea el código,
Descarga la app,
Escucha.
Descarga la app,
Escucha.






























